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«El régimen de Irán ha aprovechado la guerra para endurecer la represión»

Afchine Alavi vive exiliado en Francia desde principios de la década de 1980 y es un histórico opositor del régimen en Teherán. Milita desde hace más de cuatro décadas en las filas de los muyahidines y forma parte de la comisión de asuntos internacionales … del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní. Fue una organización considerada «terrorista» por Estados Unidos y la Unión Europea hasta 2013, pero que cuenta, asimismo, con la reputación de ser uno de los primeros grupos de oposición a los ayatolás.
«He dedicado toda mi vida a la resistencia, porque considero que los únicos que pueden acabar con la dictadura de los ayatolás son el pueblo iraní y su resistencia», asegura durante esta entrevista con este medio en un céntrico hotel en París.

Alavi se muestra escéptico con la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra la república islámica y poco entusiasmado respecto a la figura del hijo del sah. Pero confía en que más tarde o más temprano habrá una democratización en su país.

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Mikel Ayestaran

— Más de dos semanas después del inicio de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, ¿en qué situación se encuentra la población persa?
—Los iraníes afrontan una situación muy complicada, ya que sufren tanto las bombas como la represión del régimen. Eso se suma a la carestía y al aumento del coste de la vida, así como a la imposibilidad de salir de sus casas. Están sufriendo muchísimo por esta situación, en que hacen frente a una amenaza constante, incluso de muerte, ya sea por los bombardeos de Israel y Estados Unidos como por las acciones de represalia de los ‘pasdaran’ (milicia paramilitar).
— ¿Aún tiene familiares en Irán? ¿Está en contacto con ellos?
—Sí, pero no les llamo ni les escribo para no ponerlos en peligro. Soy un opositor conocido y me espían desde hace años. A pesar de ello, en el Consejo Nacional de la Resistencia disponemos de nuestra red de contactos por todo el país y estamos bien informados de lo que sucede.
— ¿Qué les dicen los opositores presentes en territorio persa?
—Que el régimen de los ayatolás aprovecha la guerra para endurecer la represión. Ha desplegado tropas por las calles, y los soldados y milicianos circulan en grupo. Han instalado nuevos puestos de control en las carreteras e impiden a la gente que se desplace libremente. El jefe de la Policía iraní, Ahmad-Reza Radan, aseguró el 10 de marzo que había dado a los miembros de ese cuerpo el derecho a disparar a cualquiera que consideren sospechoso de querer manifestarse o expresar la mínima reivindicación. Nadie está a salvo ahora mismo en la calle. Y eso se suma al peligro que supone que los miembros de los Guardianes de la Revolución entren en las escuelas y las casas de la gente para esconderse de las bombas, pero también para vigilar a la ciudadanía e impedir que se rebele.
— ¿Qué piensa del rol del presidente estadounidense, Donald Trump, y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu? ¿La guerra propiciará la caída del régimen?
—Desde el Consejo Nacional de la Resistencia, siempre hemos defendido que la solución al problema iraní no pueden ser las guerras ni las intervenciones externas. Nunca se ha instaurado una democracia con una ofensiva desde el extranjero y no creemos que el régimen caiga por una iniciativa como esta. La única solución es la resistencia desde el interior y que el pueblo derroque la dictadura con sus propios medios.
— Pero las protestas en diciembre y enero sufrieron una durísima represión y hubo miles de muertos…
—Más que armas y dinero, lo que necesita la resistencia iraní es que se reconozca la legitimidad de su causa. También hace falta que los dirigentes occidentales dejen de ceder ante los chantajes de Teherán y de mostrarse complacientes con las autoridades iraníes cuando les conviene. Hasta ahora, ningún país nos ha apoyado realmente.

«La única solución es la resistencia desde el interior y que el pueblo derroque la dictadura con sus propios medios»

— En el caso de que la república islámica perdure más allá de este conflicto, ¿teme que salga reforzada como ya sucedió tras la devastadora guerra entre Irán e Irak (1980-88)?
—No, no lo creo. Las autoridades han sobrepasado tantas líneas rojas respecto a su población, especialmente durante las masacres de enero, que la mayoría de los iraníes están convencidos de la necesidad de acabar con la dictadura. Han entendido que es imposible disponer de una mínima libertad bajo este poder. Los entierros de los manifestantes ejecutados a principios de año no eran ceremonias de duelo, sino protestas en que los familiares pedían venganza. Hay una gran determinación y lo vemos reflejado con los jóvenes que se suman a las unidades de los muyahidines.
— ¿Cómo ha recibido la ciudadanía la elección de Mojtaba Jamenei, hijo de Alí Jamenei —asesinado con los primeros bombardeos el 28 de febrero—, como nuevo líder supremo?
—Como un síntoma de un sistema cada vez más frágil. Esa decisión debilita la lógica colectiva establecida por el ayatolá Jomeini en los inicios de la república islámica. No han elegido a Mojtaba Jamenei por ser un erudito en materia de integrismo religioso, sino por ser el ‘hijo de’. Por ese motivo, varios sectores del régimen, sobre todo religiosos, estaban en contra de esa elección, que fragiliza aún más al sistema.
— Su designación refleja el peso preponderante de los sectores más duros…
—Sí, exacto. El aparato nunca podría haberlo elegido en circunstancias normales. Sabíamos desde hacía años que Jamenei padre quería nombrarlo sucesor, pero el sistema en Teherán solo ha podido hacerlo ahora gracias a la presión de los Guardianes de la Revolución y a la eliminación de varios miembros del consejo de expertos que se oponían.
— Antes de su elección como líder supremo, ¿qué imagen tenía Mojtaba Jamenei?
—Como un dirigente en la sombra. Aunque casi no había aparecido en público, los iraníes lo conocían, porque sabían desde hacía años que su padre quería que se convirtiera en su sucesor. Resultaban habituales en las protestas los eslóganes que pedían la muerte de Alí Jamenei, pero también de su hijo. Ya era una figura detestada, sobre todo porque ejercía como intermediario entre su padre y el aparato represor de los Guardianes de la Revolución. Mantenía estrechos vínculos con los servicios de espionaje de la dictadura y había estado muy implicado en la represión de las manifestaciones, incluidas las más recientes.
— ¿Qué le parece la figura del hijo del sah, Reza Pahlevi, como alternativa al poder actual?
—No creo que sea una alternativa real a un modelo dictatorial. En primer lugar, ha estado prácticamente ausente durante los 44 años de resistencia en contra de la república islámica. Además, basa su legitimidad en ser el hijo y el nieto de dos dictadores y nunca ha renegado de los crímenes que cometieron, sobre todo contra las distintas minorías que componen la nación persa. El programa de transición que presentó comporta la instauración de una autocracia y eso tampoco nos gusta. No queremos salir de la dictadura de los ayatolás para caer en la dictadura del hijo del sah.
— ¿Cuáles son los principales apoyos de Reza Pahlevi entre la población persa?
—Los ayatolás, y no lo digo en broma. El mismo régimen es el más interesado en promover esta falsa alternativa, que básicamente divide a la población y frena una verdadera revolución. Miembros de los servicios de Inteligencia se han infiltrado en manifestaciones para sustituir los eslóganes en contra de la república islámica por proclamas en favor del sah.

«No queremos salir de la dictadura de los ayatolás para caer en la dictadura del hijo del sah»

— Teniendo en cuenta que os enfrentáis a un poder sangriento y resiliente, ¿no hace falta una mayor cohesión entre los opositores, tanto los republicanos como los monárquicos?
—Estoy de acuerdo con que necesitamos la mayor unidad posible. Por este motivo, hemos impulsado una iniciativa para agruparnos con todas las organizaciones que compartan tres principios fundamentales: el derrocamiento del régimen en su totalidad, la fundación de una república pluralista y la separación entre la región y el Estado. Numerosas fuerzas de oposición están de acuerdo con esas ideas.
— ¿En qué consiste exactamente vuestro plan para democratizar Irán?
—Proponemos la formación de un gobierno de transición encabezado por Maryam Radjavi, presidenta del Consejo Nacional de la Resistencia. Ese ejecutivo tendría como objetivo aplicar un plan en diez puntos: la creación de una democracia pluralista, abolición de la pena de muerte, autonomía para las minorías regionales (kurdos, baluches…), creación de un sistema judicial digno de ese nombre, respeto de los derechos humanos, final del programa nuclear o la paz con todos nuestros vecinos. Son algunos de los objetivos de nuestro plan.
— ¿Y cómo quieren hacerlos realidad?
—No pretendemos ser la única fuerza gubernamental, ya que ese gobierno transitorio solo duraría seis meses. Nuestros objetivos más inmediatos serían disolver a los Guardianes de la Revolución y el resto de las fuerzas represivas y organizar unas elecciones para elegir a una asamblea constituyente, que elaboraría una nueva carta magna. En definitiva, queremos tomar el poder para devolverlo a la soberanía popular.

Publicado: marzo 18, 2026, 2:45 am

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/regimen-iran-aprovechado-guerra-endurecer-represion-20260317040523-nt.html

Afchine Alavi vive exiliado en Francia desde principios de la década de 1980 y es un histórico opositor del régimen en Teherán. Milita desde hace más de cuatro décadas en las filas de los muyahidines y forma parte de la comisión de asuntos internacionales del Consejo Nacional de la Resistencia Iraní. Fue una organización considerada «terrorista» por Estados Unidos y la Unión Europea hasta 2013, pero que cuenta, asimismo, con la reputación de ser uno de los primeros grupos de oposición a los ayatolás.

«He dedicado toda mi vida a la resistencia, porque considero que los únicos que pueden acabar con la dictadura de los ayatolás son el pueblo iraní y su resistencia», asegura durante esta entrevista con este medio en un céntrico hotel en París.

Alavi se muestra escéptico con la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra la república islámica y poco entusiasmado respecto a la figura del hijo del sah. Pero confía en que más tarde o más temprano habrá una democratización en su país.

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  • Mikel Ayestaran

— Más de dos semanas después del inicio de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, ¿en qué situación se encuentra la población persa?

—Los iraníes afrontan una situación muy complicada, ya que sufren tanto las bombas como la represión del régimen. Eso se suma a la carestía y al aumento del coste de la vida, así como a la imposibilidad de salir de sus casas. Están sufriendo muchísimo por esta situación, en que hacen frente a una amenaza constante, incluso de muerte, ya sea por los bombardeos de Israel y Estados Unidos como por las acciones de represalia de los ‘pasdaran’ (milicia paramilitar).

— ¿Aún tiene familiares en Irán? ¿Está en contacto con ellos?

—Sí, pero no les llamo ni les escribo para no ponerlos en peligro. Soy un opositor conocido y me espían desde hace años. A pesar de ello, en el Consejo Nacional de la Resistencia disponemos de nuestra red de contactos por todo el país y estamos bien informados de lo que sucede.

— ¿Qué les dicen los opositores presentes en territorio persa?

—Que el régimen de los ayatolás aprovecha la guerra para endurecer la represión. Ha desplegado tropas por las calles, y los soldados y milicianos circulan en grupo. Han instalado nuevos puestos de control en las carreteras e impiden a la gente que se desplace libremente. El jefe de la Policía iraní, Ahmad-Reza Radan, aseguró el 10 de marzo que había dado a los miembros de ese cuerpo el derecho a disparar a cualquiera que consideren sospechoso de querer manifestarse o expresar la mínima reivindicación. Nadie está a salvo ahora mismo en la calle. Y eso se suma al peligro que supone que los miembros de los Guardianes de la Revolución entren en las escuelas y las casas de la gente para esconderse de las bombas, pero también para vigilar a la ciudadanía e impedir que se rebele.

— ¿Qué piensa del rol del presidente estadounidense, Donald Trump, y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu? ¿La guerra propiciará la caída del régimen?

—Desde el Consejo Nacional de la Resistencia, siempre hemos defendido que la solución al problema iraní no pueden ser las guerras ni las intervenciones externas. Nunca se ha instaurado una democracia con una ofensiva desde el extranjero y no creemos que el régimen caiga por una iniciativa como esta. La única solución es la resistencia desde el interior y que el pueblo derroque la dictadura con sus propios medios.

— Pero las protestas en diciembre y enero sufrieron una durísima represión y hubo miles de muertos…

—Más que armas y dinero, lo que necesita la resistencia iraní es que se reconozca la legitimidad de su causa. También hace falta que los dirigentes occidentales dejen de ceder ante los chantajes de Teherán y de mostrarse complacientes con las autoridades iraníes cuando les conviene. Hasta ahora, ningún país nos ha apoyado realmente.

«La única solución es la resistencia desde el interior y que el pueblo derroque la dictadura con sus propios medios»

— En el caso de que la república islámica perdure más allá de este conflicto, ¿teme que salga reforzada como ya sucedió tras la devastadora guerra entre Irán e Irak (1980-88)?

—No, no lo creo. Las autoridades han sobrepasado tantas líneas rojas respecto a su población, especialmente durante las masacres de enero, que la mayoría de los iraníes están convencidos de la necesidad de acabar con la dictadura. Han entendido que es imposible disponer de una mínima libertad bajo este poder. Los entierros de los manifestantes ejecutados a principios de año no eran ceremonias de duelo, sino protestas en que los familiares pedían venganza. Hay una gran determinación y lo vemos reflejado con los jóvenes que se suman a las unidades de los muyahidines.

— ¿Cómo ha recibido la ciudadanía la elección de Mojtaba Jamenei, hijo de Alí Jamenei —asesinado con los primeros bombardeos el 28 de febrero—, como nuevo líder supremo?

—Como un síntoma de un sistema cada vez más frágil. Esa decisión debilita la lógica colectiva establecida por el ayatolá Jomeini en los inicios de la república islámica. No han elegido a Mojtaba Jamenei por ser un erudito en materia de integrismo religioso, sino por ser el ‘hijo de’. Por ese motivo, varios sectores del régimen, sobre todo religiosos, estaban en contra de esa elección, que fragiliza aún más al sistema.

— Su designación refleja el peso preponderante de los sectores más duros…

—Sí, exacto. El aparato nunca podría haberlo elegido en circunstancias normales. Sabíamos desde hacía años que Jamenei padre quería nombrarlo sucesor, pero el sistema en Teherán solo ha podido hacerlo ahora gracias a la presión de los Guardianes de la Revolución y a la eliminación de varios miembros del consejo de expertos que se oponían.

— Antes de su elección como líder supremo, ¿qué imagen tenía Mojtaba Jamenei?

—Como un dirigente en la sombra. Aunque casi no había aparecido en público, los iraníes lo conocían, porque sabían desde hacía años que su padre quería que se convirtiera en su sucesor. Resultaban habituales en las protestas los eslóganes que pedían la muerte de Alí Jamenei, pero también de su hijo. Ya era una figura detestada, sobre todo porque ejercía como intermediario entre su padre y el aparato represor de los Guardianes de la Revolución. Mantenía estrechos vínculos con los servicios de espionaje de la dictadura y había estado muy implicado en la represión de las manifestaciones, incluidas las más recientes.

— ¿Qué le parece la figura del hijo del sah, Reza Pahlevi, como alternativa al poder actual?

—No creo que sea una alternativa real a un modelo dictatorial. En primer lugar, ha estado prácticamente ausente durante los 44 años de resistencia en contra de la república islámica. Además, basa su legitimidad en ser el hijo y el nieto de dos dictadores y nunca ha renegado de los crímenes que cometieron, sobre todo contra las distintas minorías que componen la nación persa. El programa de transición que presentó comporta la instauración de una autocracia y eso tampoco nos gusta. No queremos salir de la dictadura de los ayatolás para caer en la dictadura del hijo del sah.

— ¿Cuáles son los principales apoyos de Reza Pahlevi entre la población persa?

—Los ayatolás, y no lo digo en broma. El mismo régimen es el más interesado en promover esta falsa alternativa, que básicamente divide a la población y frena una verdadera revolución. Miembros de los servicios de Inteligencia se han infiltrado en manifestaciones para sustituir los eslóganes en contra de la república islámica por proclamas en favor del sah.

«No queremos salir de la dictadura de los ayatolás para caer en la dictadura del hijo del sah»

— Teniendo en cuenta que os enfrentáis a un poder sangriento y resiliente, ¿no hace falta una mayor cohesión entre los opositores, tanto los republicanos como los monárquicos?

—Estoy de acuerdo con que necesitamos la mayor unidad posible. Por este motivo, hemos impulsado una iniciativa para agruparnos con todas las organizaciones que compartan tres principios fundamentales: el derrocamiento del régimen en su totalidad, la fundación de una república pluralista y la separación entre la región y el Estado. Numerosas fuerzas de oposición están de acuerdo con esas ideas.

— ¿En qué consiste exactamente vuestro plan para democratizar Irán?

—Proponemos la formación de un gobierno de transición encabezado por Maryam Radjavi, presidenta del Consejo Nacional de la Resistencia. Ese ejecutivo tendría como objetivo aplicar un plan en diez puntos: la creación de una democracia pluralista, abolición de la pena de muerte, autonomía para las minorías regionales (kurdos, baluches…), creación de un sistema judicial digno de ese nombre, respeto de los derechos humanos, final del programa nuclear o la paz con todos nuestros vecinos. Son algunos de los objetivos de nuestro plan.

— ¿Y cómo quieren hacerlos realidad?

—No pretendemos ser la única fuerza gubernamental, ya que ese gobierno transitorio solo duraría seis meses. Nuestros objetivos más inmediatos serían disolver a los Guardianes de la Revolución y el resto de las fuerzas represivas y organizar unas elecciones para elegir a una asamblea constituyente, que elaboraría una nueva carta magna. En definitiva, queremos tomar el poder para devolverlo a la soberanía popular.

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