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El plan Trump busca doblegar totalmente a Cuba

La nueva realidad de Cuba bajo Donald Trump es un embargo endurecido que ‘de facto’ funciona como un bloqueo, con la combinación de presión sostenida, carestía visible y un cerrojo energético que condiciona cada decisión económica. Washington ha decidido acelerar los tiempos para presionar a … la dictadura. La isla, con apagones prolongados, combustible racionado y servicios básicos deteriorados, se enfrenta a una estrategia que no solo niega barriles, sino que eleva el coste de cualquier operación que intente sustituirlos: Trump ha amenazado con aranceles a los países que intervengan para suministrar crudo al castrismo. La presión no se limita a gobiernos; alcanza a navieras, aseguradoras, intermediarios financieros y puertos que faciliten un cargamento.
La secuencia de esta nueva estrategia, de la que informan a ABC fuentes en Washington, arranca fuera de Cuba. El 3 de enero, Estados Unidos ejecutó en Venezuela la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro. Ese movimiento alteró el equilibrio energético y de seguridad que durante años sostuvo el vínculo Caracas-La Habana. Venezuela era el principal proveedor de crudo subsidiado para la isla y, además, el socio político que permitía a Cuba proyectar influencia en la región a través de inteligencia y asesoramiento en seguridad. Con Maduro fuera de juego y Delcy Rodríguez al frente de un gobierno interino bajo presión, el flujo se estrechó hasta prácticamente desaparecer.

A diferencia de lo ocurrido en Venezuela, la prioridad en Cuba no es detener a Miguel Díaz-Canel, que no está imputado en ninguna causa en Estados Unidos, sino explorar soluciones de compromiso que permitan una salida pactada. El propio Díaz-Canel ha admitido en intervenciones recientes la necesidad de introducir cambios y ajustes económicos ante la gravedad de la crisis, aunque insiste en que cualquier diálogo debe producirse sin «presiones ni injerencias» externas.

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Encargado de negocios en la Embajada de EE.UU. en La Habana

Susana Gaviña

Las consecuencias han sido inmediatas. Según esas fuentes, asesores de seguridad y personal médico cubano han comenzado a salir de Venezuela en las últimas semanas. Al menos treinta y dos cubanos murieron durante la operación del 3 de enero, de acuerdo con el Gobierno cubano —Washington eleva esa cifra a varios centenares— y formaban parte del esquema de seguridad que incluía presencia en la contrainteligencia venezolana y en la guardia presidencial. Delcy Rodríguez ha confiado su protección a escoltas venezolanos, a diferencia de Hugo Chávez y del propio Maduro, que dependían de fuerzas de élite cubanas. El cambio es simbólico y operativo, pues Caracas ya no descansa en La Habana para blindar el poder.
Parte de los asesores cubanos han sido apartados de puestos sensibles o han regresado a la isla en vuelos recientes, los últimos esta misma semana, según ha podido saber ABC. La alianza estratégica se ha reconfigurado bajo presión directa de Washington. La pérdida del anclaje venezolano no es solo energética; es también de inteligencia y de influencia regional. Cuba pierde profundidad estratégica mientras su economía se contrae.

Contacto con el nieto de Raúl Castro

En paralelo al estrangulamiento energético, Washington ha abierto un canal discreto con figuras del entorno del poder real en Cuba. El primer contacto relevante, según fuentes conocedoras, se ha producido con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y hombre de confianza de Raúl Castro. En la capital estadounidense se le describe como un acceso a los intereses vinculados a GAESA, el conglomerado militar que controla buena parte de la economía y de la entrada de divisas, desde el turismo hasta el comercio exterior. La estrategia es identificar dentro del sistema a alguien con capacidad de decisión y ejecución en un eventual periodo transicional, alguien que pueda garantizar disciplina interna y continuidad administrativa en caso de cambios.

Rodríguez Castro, con su abuelo Raúl.

(efe)

Paralelamente, los contactos se han extendido a México. Allí, con bajo perfil, se han producido conversaciones indirectas y verificaciones técnicas, en un formato que combina diplomacia formal y equipos de seguridad. México ha reconocido que hay «pláticas» y que ha detenido por ahora los envíos de combustible a Cuba, en un movimiento interpretado como resultado directo de la presión estadounidense y de la amenaza de aranceles a países que suministren crudo a la isla. Washington busca un interlocutor eficaz, pero la dictadura en La Habana evita reconocer una negociación estructurada que pueda interpretarse como cesión.
Según ha podido saber ABC, la Casa Blanca mantiene además contactos muy discretos con figuras destacadas de la oposición cubana, dentro y fuera de la isla. Se trata de dirigentes y activistas que han pedido expresamente confidencialidad por temor a represalias del régimen. El objetivo de esos contactos es doble: calibrar la situación interna y explorar escenarios de transición ordenada. La cautela es máxima. En Cuba, cualquier señal pública de interlocución con Washington puede acarrear consecuencias penales, administrativas o represalias indirectas sobre familiares.

La Casa Blanca mantiene además contactos muy discretos con figuras destacadas -dirigentes y activistas- de la oposición cubana, dentro y fuera de la isla

Por lo demás, Marco Rubio, hijo de padres cubanos y con una carrera política forjada en Miami, ha construido buena parte de su perfil público sobre la exigencia de democratización en la isla y la denuncia constante de que el flujo de crudo —primero desde Venezuela y luego a través de otros proveedores— era el sostén material que permitía a la dictadura mantenerse a flote pese al deterioro económico y social. Su influencia en el diseño de esta política es leída en Washington como coherente con una línea que defiende desde hace años.

Bloqueo energético

El componente operativo del cerrojo se ha hecho visible en alta mar. La semana pasada, la Guardia Costera de Estados Unidos interceptó un petrolero con fueloil colombiano cuando se encontraba a unas 70 millas de Cuba, según datos de rastreo marítimo. El buque, el Ocean Mariner, había cargado 84.579 barriles en Colombia. Tras cambiar rumbo hacia la isla, fue escoltado por unidades estadounidenses, desviado hacia aguas dominicanas y posteriormente hacia las Bahamas. El mensaje fue concreto: el bloqueo energético no es retórico, se ejecuta.
Trump firmó una orden ejecutiva que amenaza con imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba. México suspendió así una línea también vital, pese a las resistencias iniciales de la presidenta Claudia Sheinbaum. El diseño no es solo prohibitivo; es disuasorio. Aumenta el riesgo regulatorio y financiero de cualquier operación. Si el seguro se encarece, si el banco duda, si la naviera teme sanciones secundarias, el barco no llega. El resultado se mide en colas, apagones y racionamientos.
Cuba atraviesa una crisis estructural profunda que precede a este endurecimiento, pero que ahora se acelera. Escasez generalizada de combustible y alimentos, apagones frecuentes, hospitales con recursos limitados y servicios básicos deteriorados. Según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, 89% de la población se considera en «extrema pobreza» y 70% afirma no comer tres veces al día. Solo una minoría declara tener acceso constante a agua corriente. Más de un millón de cubanos han emigrado en esta década, en un país con menos de 11 millones de habitantes. El vaciamiento demográfico agrava la contracción económica y reduce la base contributiva del Estado.

El buque cisterna Ocean Mariner, que actualmente navega bajo pabellón de Liberia, llega al puerto de La Habana.

(afp)

El consumo energético de la isla ronda los 100.000 barriles diarios entre crudo y derivados. La producción interna, de baja calidad y alto contenido de azufre, se destina sobre todo a generación eléctrica y no cubre la demanda de diésel y gasolina necesarios para transporte y actividad económica. Sin importaciones sostenidas, el sistema entra en modo de emergencia. Las reservas, según estimaciones que circulan en medios especializados, pueden sostener semanas, no meses.

«Amenaza extraordinaria»

La declaración de Cuba por parte de Trump como «amenaza inusual y extraordinaria» habilita jurídicamente un embargo petrolero más estricto bajo legislación estadounidense. La Casa Blanca defiende que la presión busca inducir cambios sin provocar un colapso humanitario, pero en organismos internacionales crece la preocupación. La ONU ha expresado inquietud por el deterioro y por el riesgo de agravamiento social. Rusia ha calificado de «inaceptable» el bloqueo de combustible y promete estudiar ayuda concreta. China observa con cautela y evalúa costes geopolíticos y financieros.
En la calle en Cuba, según informan periodistas en la isla, la crisis se traduce en medidas de contingencia que recuerdan a otros periodos críticos. Gasolina vendida en divisa con límites por turno, transporte público reducido, recogida de basura afectada por falta de combustible, suspensión de cirugías no urgentes y actividad turística a la baja. En algunas zonas, la movilidad se ha detenido casi por completo, con ciudades y barrios aislados. El Estado raciona electricidad y prioriza instalaciones estratégicas. El impacto no es uniforme, pero se extiende.

La Administración Trump es consciente de que un colapso abrupto podría desencadenar una nueva ola migratoria hacia Florida

En Washington, el cálculo combina presión económica y lectura política. La tesis es que, sin combustible, el aparato estatal pierde capacidad de control territorial y de distribución selectiva de recursos, algo que ya se mide en días y no en meses. Al mismo tiempo, la Administración es consciente de que un colapso abrupto podría desencadenar una nueva ola migratoria hacia Florida. El equilibrio es delicado: asfixiar sin desbordar.
La pregunta que recorre despachos en Washington y en capitales aliadas no es solo cuánto tiempo puede sostenerse el bloqueo de facto, sino quién puede activar una salida interna cuando el combustible se agote y la economía entre en parálisis prolongada. La Administración Trump ha decidido que el expediente Cuba avance rápido. Presión en el mar, contactos discretos en tierra y una ofensiva política que ya no admite aplazamientos.

Publicado: febrero 22, 2026, 9:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/plan-trump-busca-doblegar-totalmente-cuba-20260222040240-nt.html

La nueva realidad de Cuba bajo Donald Trump es un embargo endurecido que ‘de facto’ funciona como un bloqueo, con la combinación de presión sostenida, carestía visible y un cerrojo energético que condiciona cada decisión económica. Washington ha decidido acelerar los tiempos para presionar a la dictadura. La isla, con apagones prolongados, combustible racionado y servicios básicos deteriorados, se enfrenta a una estrategia que no solo niega barriles, sino que eleva el coste de cualquier operación que intente sustituirlos: Trump ha amenazado con aranceles a los países que intervengan para suministrar crudo al castrismo. La presión no se limita a gobiernos; alcanza a navieras, aseguradoras, intermediarios financieros y puertos que faciliten un cargamento.

La secuencia de esta nueva estrategia, de la que informan a ABC fuentes en Washington, arranca fuera de Cuba. El 3 de enero, Estados Unidos ejecutó en Venezuela la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro. Ese movimiento alteró el equilibrio energético y de seguridad que durante años sostuvo el vínculo Caracas-La Habana. Venezuela era el principal proveedor de crudo subsidiado para la isla y, además, el socio político que permitía a Cuba proyectar influencia en la región a través de inteligencia y asesoramiento en seguridad. Con Maduro fuera de juego y Delcy Rodríguez al frente de un gobierno interino bajo presión, el flujo se estrechó hasta prácticamente desaparecer.

A diferencia de lo ocurrido en Venezuela, la prioridad en Cuba no es detener a Miguel Díaz-Canel, que no está imputado en ninguna causa en Estados Unidos, sino explorar soluciones de compromiso que permitan una salida pactada. El propio Díaz-Canel ha admitido en intervenciones recientes la necesidad de introducir cambios y ajustes económicos ante la gravedad de la crisis, aunque insiste en que cualquier diálogo debe producirse sin «presiones ni injerencias» externas.

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Las consecuencias han sido inmediatas. Según esas fuentes, asesores de seguridad y personal médico cubano han comenzado a salir de Venezuela en las últimas semanas. Al menos treinta y dos cubanos murieron durante la operación del 3 de enero, de acuerdo con el Gobierno cubano —Washington eleva esa cifra a varios centenares— y formaban parte del esquema de seguridad que incluía presencia en la contrainteligencia venezolana y en la guardia presidencial. Delcy Rodríguez ha confiado su protección a escoltas venezolanos, a diferencia de Hugo Chávez y del propio Maduro, que dependían de fuerzas de élite cubanas. El cambio es simbólico y operativo, pues Caracas ya no descansa en La Habana para blindar el poder.

Parte de los asesores cubanos han sido apartados de puestos sensibles o han regresado a la isla en vuelos recientes, los últimos esta misma semana, según ha podido saber ABC. La alianza estratégica se ha reconfigurado bajo presión directa de Washington. La pérdida del anclaje venezolano no es solo energética; es también de inteligencia y de influencia regional. Cuba pierde profundidad estratégica mientras su economía se contrae.

Contacto con el nieto de Raúl Castro

En paralelo al estrangulamiento energético, Washington ha abierto un canal discreto con figuras del entorno del poder real en Cuba. El primer contacto relevante, según fuentes conocedoras, se ha producido con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y hombre de confianza de Raúl Castro. En la capital estadounidense se le describe como un acceso a los intereses vinculados a GAESA, el conglomerado militar que controla buena parte de la economía y de la entrada de divisas, desde el turismo hasta el comercio exterior. La estrategia es identificar dentro del sistema a alguien con capacidad de decisión y ejecución en un eventual periodo transicional, alguien que pueda garantizar disciplina interna y continuidad administrativa en caso de cambios.


Rodríguez Castro, con su abuelo Raúl.


(efe)

Paralelamente, los contactos se han extendido a México. Allí, con bajo perfil, se han producido conversaciones indirectas y verificaciones técnicas, en un formato que combina diplomacia formal y equipos de seguridad. México ha reconocido que hay «pláticas» y que ha detenido por ahora los envíos de combustible a Cuba, en un movimiento interpretado como resultado directo de la presión estadounidense y de la amenaza de aranceles a países que suministren crudo a la isla. Washington busca un interlocutor eficaz, pero la dictadura en La Habana evita reconocer una negociación estructurada que pueda interpretarse como cesión.

Según ha podido saber ABC, la Casa Blanca mantiene además contactos muy discretos con figuras destacadas de la oposición cubana, dentro y fuera de la isla. Se trata de dirigentes y activistas que han pedido expresamente confidencialidad por temor a represalias del régimen. El objetivo de esos contactos es doble: calibrar la situación interna y explorar escenarios de transición ordenada. La cautela es máxima. En Cuba, cualquier señal pública de interlocución con Washington puede acarrear consecuencias penales, administrativas o represalias indirectas sobre familiares.

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Trump firmó una orden ejecutiva que amenaza con imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba. México suspendió así una línea también vital, pese a las resistencias iniciales de la presidenta Claudia Sheinbaum. El diseño no es solo prohibitivo; es disuasorio. Aumenta el riesgo regulatorio y financiero de cualquier operación. Si el seguro se encarece, si el banco duda, si la naviera teme sanciones secundarias, el barco no llega. El resultado se mide en colas, apagones y racionamientos.

Cuba atraviesa una crisis estructural profunda que precede a este endurecimiento, pero que ahora se acelera. Escasez generalizada de combustible y alimentos, apagones frecuentes, hospitales con recursos limitados y servicios básicos deteriorados. Según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, 89% de la población se considera en «extrema pobreza» y 70% afirma no comer tres veces al día. Solo una minoría declara tener acceso constante a agua corriente. Más de un millón de cubanos han emigrado en esta década, en un país con menos de 11 millones de habitantes. El vaciamiento demográfico agrava la contracción económica y reduce la base contributiva del Estado.


El buque cisterna Ocean Mariner, que actualmente navega bajo pabellón de Liberia, llega al puerto de La Habana.


(afp)

El consumo energético de la isla ronda los 100.000 barriles diarios entre crudo y derivados. La producción interna, de baja calidad y alto contenido de azufre, se destina sobre todo a generación eléctrica y no cubre la demanda de diésel y gasolina necesarios para transporte y actividad económica. Sin importaciones sostenidas, el sistema entra en modo de emergencia. Las reservas, según estimaciones que circulan en medios especializados, pueden sostener semanas, no meses.

«Amenaza extraordinaria»

La declaración de Cuba por parte de Trump como «amenaza inusual y extraordinaria» habilita jurídicamente un embargo petrolero más estricto bajo legislación estadounidense. La Casa Blanca defiende que la presión busca inducir cambios sin provocar un colapso humanitario, pero en organismos internacionales crece la preocupación. La ONU ha expresado inquietud por el deterioro y por el riesgo de agravamiento social. Rusia ha calificado de «inaceptable» el bloqueo de combustible y promete estudiar ayuda concreta. China observa con cautela y evalúa costes geopolíticos y financieros.

En la calle en Cuba, según informan periodistas en la isla, la crisis se traduce en medidas de contingencia que recuerdan a otros periodos críticos. Gasolina vendida en divisa con límites por turno, transporte público reducido, recogida de basura afectada por falta de combustible, suspensión de cirugías no urgentes y actividad turística a la baja. En algunas zonas, la movilidad se ha detenido casi por completo, con ciudades y barrios aislados. El Estado raciona electricidad y prioriza instalaciones estratégicas. El impacto no es uniforme, pero se extiende.

La Administración Trump es consciente de que un colapso abrupto podría desencadenar una nueva ola migratoria hacia Florida

En Washington, el cálculo combina presión económica y lectura política. La tesis es que, sin combustible, el aparato estatal pierde capacidad de control territorial y de distribución selectiva de recursos, algo que ya se mide en días y no en meses. Al mismo tiempo, la Administración es consciente de que un colapso abrupto podría desencadenar una nueva ola migratoria hacia Florida. El equilibrio es delicado: asfixiar sin desbordar.

La pregunta que recorre despachos en Washington y en capitales aliadas no es solo cuánto tiempo puede sostenerse el bloqueo de facto, sino quién puede activar una salida interna cuando el combustible se agote y la economía entre en parálisis prolongada. La Administración Trump ha decidido que el expediente Cuba avance rápido. Presión en el mar, contactos discretos en tierra y una ofensiva política que ya no admite aplazamientos.

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