Publicado: febrero 22, 2026, 5:45 pm
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Washington amaneció con un déjà vu de los noventa, pero en versión telefónica. En pleno terremoto político por el varapalo del Tribunal Supremo a los aranceles de Donald Trump, un tal «John Barron» llamó a C-SPAN para desahogarse. El nombre no era nuevo. … La voz, tampoco. Es el seudónimo que Trump usaba en aquella década para llamar a medios de todo tipo defendiéndose a sí mismo. La voz es idéntica a la suya.
El supuesto votante republicano de Virginia entró en antena con una energía conocida y una tesis clara: el Supremo acababa de cometer «la peor decisión de su vida». En pocos segundos, el repertorio se amplió. Hakeem Jeffries pasó a ser «un dope». Chuck Schumer, alguien que «no sabe cocinar una hamburguesa». Todo muy específico. Todo muy familiar. La presentadora cortó la llamada con gesto pétreo.
El detalle es que «John Barron» no es un ciudadano cualquiera. Es el seudónimo que Trump utilizó durante años para llamarse a sí mismo en conversaciones con periodistas y elogiar su propia fortuna, su agenda o su atractivo, y a su hijo menor le llamó de hecho Barron. Las grabaciones de entonces ya mostraban que Barron y Trump compartían algo más que opiniones. Compartían cuerdas vocales y cadencia.
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Javier Ansorena
La escena se produjo el mismo día en que el Supremo, por 6-3, le cerró la puerta a usar la ley de emergencias económicas para imponer aranceles globales. Trump, que ha disfrutado de numerosas victorias en el alto tribunal, compareció poco después en la Casa Blanca para cargar contra los magistrados. «Bobos», «perritos falderos», «desleales».
En Washington nadie confirmó que fuera él. Tampoco nadie pareció sorprendido. Trump estaba muy molesto por la decisión y es un ávido consumidor de programas políticos en televisión, aunque tiene también abundantes imitadores.
C-SPAN zanjó la polémica con un mensaje poco habitual en su tono institucional. La cadena explicó que, ante las especulaciones sobre el oyente que llamó el viernes identificándose como «John Barron», quería “dejarlo claro”: no era el presidente.
Una peculiar imitación
Aportó dos datos concretos. Primero, que la llamada procedía de un número del centro de Virginia. Segundo, que se produjo mientras el presidente participaba en una reunión presencial en la Casa Blanca con los gobernadores, un acto cubierto ampliamente por la prensa, lo que haría materialmente imposible que estuviera al teléfono en ese momento.
La cadena evitó cualquier valoración política sobre el contenido de la intervención o sobre el uso histórico del alias «John Barron», vinculado a Trump en los años noventa. Se limitó a desmentir la autoría y a ofrecer elementos verificables de agenda y localización.
El mensaje concluye con una nota irónica y promocional a la vez: invita a sintonizar C-SPAN para ver al «presidente real» durante el discurso del Estado de la Unión del martes por la noche. Con ello, la cadena busca cerrar el ruido en redes y proteger su credibilidad como plataforma neutral de llamadas abiertas al público.
