Publicado: enero 11, 2026, 5:45 am
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/lorent-saleh-tumba-dia-noche-limbo-desconectan-20260110042817-nt.html
Lorent Saleh, activista y defensor de derechos humanos, sobrevivió a cuatro años en las entrañas del sistema represivo venezolano. Su cautiverio coincidió con la etapa en la que el general Miguel Rodríguez Torres comandaba el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Fue … encarcelado y sometido a torturas, tiempo durante el cual intentó quitarse la vida. En 2017, aún privado de libertad, el Parlamento Europeo le otorgó el Premio Sájarov. Un año después, en octubre de 2018, fue desterrado a España.
Saleh es incapaz de recrear la rutina de un día cualquiera en ‘La tumba’, situada cinco pisos bajo tierra, en la sede del Sebin, porque allí «no hay día, no hay noche, no hay número», relata. Sin ventanas y bajo la tiranía de una luz artificial blanca encendida las 24 horas, «estás como en un limbo y justamente eso es el aislamiento celular; llevarte a un punto en el que te desconectan. No sabes si dormiste una hora, un minuto o diez horas. No tienes comunicación con nada, simplemente estás en un limbo».
Para él, la única referencia temporal era la llegada de la comida. Sin embargo, esta tampoco ofrecía variaciones que permitieran distinguir un lunes de un domingo: «Siempre es lo mismo, un arroz con pollo». En ese aislamiento se perfecciona la ‘tortura blanca’, un mecanismo diseñado meticulosamente para «herir sin sangre» y no dejar rastros forenses que sirvan de denuncia. Saleh describe la agresión sensorial como «una luz intensa prolongada que no importa si cierras los ojos, está ahí y te presiona». A esto se suma el sonido constante, como el de «un taladro que te aturde», y «el simple hecho de no saber qué van a hacer contigo representa una amenaza constante», que no permite encontrar tranquilidad.
La manipulación de la temperatura en las celdas de tres por dos metros era otra arma habitual. Los custodios alteraban el termostato buscando quebrar la resistencia física. «Con la temperatura juegan contigo», explica. «Si la suben, te empiezas a mover porque no puedes respirar. Si la bajan, terminas acurrucado en una esquina, doblado, tratando de mantener algo de calor mientras el frío te aprieta los huesos».
Su traslado posterior al fatídico Helicoide reveló la otra cara del sistema. Saleh establece una comparación arquitectónica y social entre ambos centros: «’La tumba’ y el Helicoide eran completamente distintos, como un minimalismo absoluto y un barroco caribeño». Si ‘La tumba’ es la tecnología aséptica del silencio, el Helicoide es el caos, la suciedad y el hacinamiento. «En una estás solo, aislado; en la otra encerrado en una celda, pero podías escuchar a centenares que gritaban por los pasillos; ahí lo peor es escuchar la tortura a otras personas».
«En ‘La tumba’ estás aislado; en el Helicoide podías escuchar a centenares que gritaban por los pasillos; ahí lo peor es escuchar la tortura a otras personas»
Lorent Saleh
Activista y ex preso político venezolano
Saleh introduce un matiz fundamental sobre la naturaleza del encierro: los detenidos no son presos, son «rehenes a merced de los custodios». «No hay normas, no hay reglas», asegura. El trato depende de una clasificación perversa basada en la importancia política o la capacidad económica. «Es un sistema completamente corrupto, sin decencia ni ética». Los custodios, a quienes describe como parte de una «tribu» atrapada en esa realidad, tienen licencia para torturar, pero su motivación a menudo es el lucro. «Tienen la necesidad de sacarle dinero y exprimir al detenido y a su familia. Su principal objetivo no es ideológico, sino económico».
Intento de suicidio
Fue en ese contexto de indefensión donde el suicidio apareció como una herramienta política. «Lo único que tienes para arrojar es tu propia vida». Así podía utilizar su existencia para medir la disposición del régimen: «Si no están dispuestos a matarte porque hay presión afuera, ya tienes cómo presionar ahí adentro. Si me mato aquí, tú terminas aquí encerrado», recuerda, pensando en los guardias a los que castigarían si el joven al que debían custodiar dejaba de respirar.
Desde el exilio, Saleh observa con escepticismo y rabia los movimientos geopolíticos actuales. Su crítica a la figura del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero no da lugar a dudas. «Todos sabemos que es un operador político a favor de los hermanos Rodríguez», afirma, refiriéndose a la cúpula del poder en Venezuela. «Él solo ayuda a los chavistas corruptos, a esos generales millonarios, a la oligarquía. No atiende al venezolano humilde».
«Todos sabemos que [Rodríguez Zapatero] es un operador político a favor de los hermanos Rodríguez»
Lorent Saleh
Activista y ex preso político venezolano
Esta conexión le lleva a hablar de Miguel Rodríguez Torres, el antiguo jefe de Inteligencia que hoy algunos sectores presentan como un factor de cambio. Saleh no olvida quién diseñó el infierno que habitó. «Rodríguez Torres es el creador de todo el aparato represivo, el ingeniero de ello. El creador de ‘La tumba’, del Sebin; le puso rostro, forma y método». Para el activista, la reaparición mediática del exgeneral no es casualidad: «Son ellos mismos tratando de meterse de nuevo en el juego, pagando publireportajes».
La preocupación de Saleh es que la comunidad internacional, impulsada por intereses energéticos, termine validando a los verdugos. Teme que se normalice la relación con el nuevo régimen bajo la excusa de la estabilidad de los mercados. «Si los gringos se hacen amigos de los matones del Sebin, estamos jodidos», advierte sin rodeos. «A ellos lo que les interesa es hacer billete, no los derechos humanos». La ruta de la transición, insiste «empieza por «la liberación de todos los presos políticos y el cierre de los centros de tortura».
