Publicado: diciembre 25, 2025, 9:45 pm
La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/tito-asfura-nombre-papi-orden-20251226041248-nt.html
El apodo nació casi por accidente, en 2005, durante una primera campaña a la alcaldía de Tegucigalpa que acabaría perdiendo. En un anuncio de radio, sin guion cerrado, improvisando como tantas veces, a Tito Asfura se le escapó la frase «papi, a la orden», … un cierre espontáneo, coloquial, sin pretensiones. Perdió aquellas elecciones, pero la consigna se quedó. Veinte años después, cuando se regresa a Tegucigalpa está en carteles en todas las calles ya no hace falta explicarla: en las calles, en los mítines, en los mercados, todo ha sido «papi a la orden, papi a la orden». La frase había sobrevivido a la derrota y había acabado convirtiéndose en identidad política.
Asfura (Tegucigalpa, 1958) llega a la presidencia de Honduras como una figura conocida hasta la saciedad en la política nacional, pero también como un producto muy específico del momento que vive el país.
Empresario de origen palestino, gestor público de larga trayectoria y superviviente de varias derrotas, su victoria cierra un ciclo marcado por la caída del Partido Nacional y abre otro lleno de interrogantes sobre gobernabilidad y legitimidad. Ha sido alcalde de Tegucigalpa durante dos mandatos consecutivos, diputado, director del Fondo Hondureño de Inversión Social y dos veces candidato presidencial, hasta lograr la presidencia tras una victoria mínima en 2025.
A sus 67 años, se convertirá en el presidente de mayor edad de la era democrática hondureña cuando asuma el cargo el 27 de enero de 2026. El gran salto llegó en 2014, cuando ganó la alcaldía de Tegucigalpa. Permaneció en el cargo doce años, hasta 2022, y construyó su reputación sobre una política de obras visibles: rotondas, puentes a desnivel, pasos elevados e infraestructuras que transformaron la fisonomía de la capital. Para sus seguidores, fue el alcalde que «hizo cosas». Para sus críticos, el símbolo de una gestión agresiva, marcada por la tala de árboles y por decisiones urbanísticas controvertidas. En cualquier caso, fue allí donde consolidó su marca política y su lema: «solo trabajo y más trabajo».
Presunto desvío de fondos
Su trayectoria, sin embargo, no está libre de sombras. Se ha enfrentado a investigaciones por presunto desvío de fondos de la alcaldía de Tegucigalpa. En 2020 se solicitó un juicio por el uso de cheques municipales para gastos personales y transferencias a cuentas privadas. Él siempre sostuvo que se trataba de mecanismos administrativos para agilizar pagos y que el dinero era reembolsado. En 2023 afrontó restricciones judiciales y una fianza millonaria, que recuperó tras una serie de fallos técnicos a su favor. Para sus seguidores, salió reforzado; para sus detractores, el caso nunca quedó del todo despejado.
Asfura aspiró por primera vez a la presidencia en 2021, en el peor momento posible para su formación. El Partido Nacional estaba hundido por los escándalos de corrupción y por la imputación y posterior condena en EE.UU. del expresidente Juan Orlando Hernández por narcotráfico. Aquella elección la ganó la izquierdista Xiomara Castro, apoyada por una alianza que incluía a Salvador Nasralla. Asfura quedó derrotado y se retiró temporalmente de la primera línea, marcando distancias con Hernández y con la vieja guardia nacionalista.
Su regreso en 2025 fue más calculado. Evitó el tono ideológico, se presentó como gestor y prometió estabilidad. Su plan de gobierno, titulado «Juntos vamos a estar bien 2026-2030», articula prioridades clásicas: empleo, salud, educación e infraestructuras. Habla de atraer inversión, crear puestos de trabajo para jóvenes y mujeres, modernizar hospitales. En seguridad, propone prevención comunitaria y atención a las causas estructurales de la violencia, un discurso moderado para un país golpeado por el crimen.
Posición delicada
La victoria presidencial, con 1.479.822 votos y apenas 27.026 de diferencia sobre Salvador Nasralla, lo sitúa en una posición delicada. Es el candidato más votado en la historia del Partido Nacional, pero también uno de los presidentes electos con menor margen. A ese dato se suma un factor externo clave: el respaldo explícito de Donald Trump, que pidió el voto para Asfura y advirtió de graves consecuencias si ganaba otro candidato. Ese apoyo fue decisivo y marcará su política exterior desde el primer día.
Casado desde hace cuatro décadas con Lissette del Cid y padre de tres hijas, Asfura ha cuidado siempre la imagen de familia estable y discreta. Ahora llega a la presidencia con un país dividido, una oposición que no reconoce su victoria y un pasado que vuelve a proyectar viejas sombras. Gobernar Honduras será, para «Papi a la orden», su encargo más difícil.
