«Calificar a Khashoggi de controvertido no justifica asesinarlo ni descuartizarlo» - Colombia
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«Calificar a Khashoggi de controvertido no justifica asesinarlo ni descuartizarlo»

Han pasado siete años desde que Jamal Khashoggi entró en el consulado saudí de Estambul y nunca volvió a salir. Siete años en los que su viuda, Hanan Elatr Khashoggi, ha vivido, como ella misma dice, un infierno. Durante la reciente visita del heredero saudí Mohamed bin Salman a Washington … , mientras el Príncipe heredero recibía honores en la Casa Blanca y Donald Trump descartaba en público las conclusiones de la Inteligencia estadounidense sobre la autoría del asesinato, ella decidió plantarse frente al Capitolio para exigir algo tan básico como la verdad.
Nacida en Egipto, residente durante décadas en Dubái y hoy asilada en Estados Unidos, ha pasado por detenciones, vigilancia, arresto domiciliario y una campaña transnacional de persecución. Es la mujer que compartió con Khashoggi su exilio, su defensa de los derechos humanos en su Arabia Saudí natal y su enfrentamiento silencioso con los aparatos de seguridad de su país. Y es también quien, en estos días, ha pedido la publicación íntegra de una llamada que Trump mantuvo con Bin Salman justo tras el asesinato, una conversación que un diputado que la ha leído califica de «perturbadora».
Hanan Elatr relata a ABC qué le duele del discurso oficial de Trump, qué espera de Estados Unidos y por qué insiste en que revelar el contenido de esa llamada es indispensable para que, al fin, haya una mínima forma de justicia.

-¿Hay procesos abiertos o cualquier iniciativa relacionada con el asesinato de su marido, tanto en Estados Unidos como en el extranjero?
-No existe ninguna investigación activa. No hay ningún proceso en marcha que muestre al mundo que se está haciendo justicia por Jamal Khashoggi o por mí. Estoy intentando mover mi propio caso, con ayuda de mi familia, en varios países. En Estados Unidos tengo muchos registros y elementos documentales, y confío en la Justicia americana, pero por coincidencias legales no ha funcionado en mi caso. Por eso estoy centrada ahora en Europa y Canadá. Estuve 22 años como tripulante de cabina en Emirates y Etihad, y durante ese tiempo aterricé en muchos países en los que ya estaba siendo vigilada. Eso me da derecho a presentar casos en esas jurisdicciones, que es exactamente lo que estoy haciendo. Ahora mismo estoy preparando acciones legales en Francia y el Reino Unido, y buscando abogados en Turquía y Canadá, donde también quiero presentar denuncias. Turquía bloqueó mi vía legal en su momento. Intimidaron a cualquier abogado que quisiera representar a Jamal. Yo sigo intentándolo.

Elatr reclama la desclasificación de una llamada entre Trump y Bin Salman

ABC

-Si estos países confirman que usted fue espiada ilegalmente, ¿qué podrían aportar sus sistemas judiciales?
-Tenemos pruebas concluyentes. Citizen Lab confirmó que estaba bajo vigilancia desde 2017, mucho antes del asesinato de Jamal, porque yo era la persona más cercana a él. En cuanto a los países, sus leyes son distintas a las estadounidenses: algunos permiten investigar y juzgar hechos ocurridos hace más de diez años. En Turquía, al tratarse del lugar del asesinato, debería haber margen legal, pero depende de encontrar un abogado que se atreva a asumir el caso. Estoy estudiando también Canadá y Noruega.
-Para dejarlo claro: ¿ya ha iniciado procesos en Francia y el Reino Unido?
-Sí. En Francia y el Reino Unido ya estoy en marcha. En Turquía, Canadá y Noruega sigo buscando abogados dispuestos a llevar el caso.
-Citizen Lab confirmó que usted fue vigilada…
-Absolutamente. Es definitivo. Dijeron que yo estaba siendo espiada desde 2017, y que esa vigilancia se utilizó para seguir a Jamal. Yo era la vía de acceso a él.
-¿Cómo vivió personalmente la visita de Mohamed bin Salman a Donald Trump la semana pasada?
-Primero, me dolió no tener a Jamal aquí. Él no tenía nada contra el Príncipe heredero ni contra el Reino. Pero decidieron arrebatarle la vida. Me decepcionó cómo describieron a mi marido en el Despacho Oval. Lo calificaron de «controvertido» o «no querido». Eso no refleja quién era Jamal, y tampoco justifica secuestrarlo, torturarlo, matarlo y descuartizarlo. Es un acto terrorista. También sentí alivio al ver que su nombre volvía a aparecer en todo el mundo. Han intentado enterrar su caso, pero no lo han conseguido. Su legado sigue vivo, y yo estoy aquí para mantenerlo. Me emocionó ver a periodistas como usted, como Mary Bruce [de la cadena de televisión estadounidense ABC News] y otros, intentando que su nombre no desaparezca. Les estoy agradecida.
-A pesar de la confusión de ese día, ¿tiene la sensación de que el foco mundial volvió a situarse sobre Jamal?
-Sí. Completamente. Aunque lo ocurrido en la Casa Blanca fue doloroso, lo que quedó al final fue su nombre. Lo vi en todo el mundo. Intentaron silenciarle, pero salió al revés. La gente recordó quién era y se indignó por cómo lo describieron. Fue un error grave del presidente. Ningún periodista independiente ha dicho jamás que Jamal fuera «controvertido» o «no querido».
-¿Cree que los medios siguen haciendo su trabajo en este caso?
-Sí. En la última semana he visto un respaldo enorme a Jamal, y me ha hecho sentir orgullosa. Es lo que yo temía perder: que se olvidara su sacrificio. Para mí ha sido muy importante ver que periodistas de muchos países siguen hablando de él.
-¿Cree que aún quedan cosas por conocer? ¿Hay elementos que la prensa debería seguir investigando?
-Sí. Y pido apoyo para el diputado Eugene Vindman. Él conoce el contenido de la llamada entre el presidente Trump y el Príncipe heredero en 2019. Necesitamos que se haga pública. La transcripción es esencial, también para mis casos en el extranjero. Como ocurrió con los documentos del caso Epstein, la presión periodística puede obligar a una desclasificación. Esa conversación debe conocerse.
-¿Vindman ha podido compartir algún detalle con usted?
-No. Es información clasificada. No podía hacerlo. En la rueda de prensa tampoco reveló el contenido. Por eso pedimos que la Casa Blanca desclasifique y publique la transcripción. No vemos qué puede haber en ella que requiera secreto por razones de seguridad nacional.
-¿Ha notado usted una ofensiva mediática para frenar o silenciar el caso de Jamal?
-Por supuesto. Le pondré un ejemplo: en las negociaciones del Acuerdo de Abraham impulsado por Kushner, una de las primeras exigencias saudíes fue que Estados Unidos dejara de hablar de Jamal Khashoggi. Que su caso no se mencionara. Arabia Saudí ha intentado enterrarlo usando herramientas muy poderosas: dinero, medios afines, patrocinio cultural, deportes, figuras públicas. Pero no han tomado ninguna medida real para rectificar el crimen. El Príncipe heredero dijo en televisión que asumía la responsabilidad, pero no ha hecho nada. No me ha pedido perdón. No me ha compensado por la destrucción de mi vida. No ha liberado a los presos de conciencia, salvo un caso reciente porque tenía pasaporte estadounidense. Mi propio abogado en Arabia Saudí está desaparecido desde hace tres años por representarme. Nada de esto es una rectificación.
-¿Qué sería suficiente para usted?
-Una disculpa oficial. Una compensación justa. La liberación de presos de opinión. Y algo más: tolerancia. Escuchar otras voces. Y dejar de perseguir a quienes intentan ayudarme. Eso demostraría un cambio real. Nada de eso ha ocurrido.
-Muchos siguen preguntándose por qué hicieron esto a su marido. ¿Por qué cree usted que lo eligieron a él?
-No lo sé. Me lo pregunto cada día. Jamal estaba dispuesto a volver al país si le garantizaban seguridad. Lo habló muchas veces conmigo. Creo que el entorno del Príncipe heredero -no necesariamente él- le transmitió información falsa. Intereses, celos, intolerancia. Estoy convencida de que el Príncipe nunca leyó realmente los artículos de Jamal. En una entrevista hace dos años dijo que no había leído nunca una columna suya. Y le creo. Si hubiera leído lo que escribía, si hubiera entendido su visión, le habría invitado a hablar. Jamal quería un futuro mejor para su país. Fue eliminado por personas que no toleraban una opinión distinta.

Publicado: noviembre 29, 2025, 7:45 pm

La fuente de la noticia es https://www.abc.es/internacional/calificar-khashoggi-controvertido-justifica-asesinarlo-descuartizarlo-20251130200136-nt.html

Han pasado siete años desde que Jamal Khashoggi entró en el consulado saudí de Estambul y nunca volvió a salir. Siete años en los que su viuda, Hanan Elatr Khashoggi, ha vivido, como ella misma dice, un infierno. Durante la reciente visita del heredero saudí Mohamed bin Salman a Washington, mientras el Príncipe heredero recibía honores en la Casa Blanca y Donald Trump descartaba en público las conclusiones de la Inteligencia estadounidense sobre la autoría del asesinato, ella decidió plantarse frente al Capitolio para exigir algo tan básico como la verdad.

Nacida en Egipto, residente durante décadas en Dubái y hoy asilada en Estados Unidos, ha pasado por detenciones, vigilancia, arresto domiciliario y una campaña transnacional de persecución. Es la mujer que compartió con Khashoggi su exilio, su defensa de los derechos humanos en su Arabia Saudí natal y su enfrentamiento silencioso con los aparatos de seguridad de su país. Y es también quien, en estos días, ha pedido la publicación íntegra de una llamada que Trump mantuvo con Bin Salman justo tras el asesinato, una conversación que un diputado que la ha leído califica de «perturbadora».

Hanan Elatr relata a ABC qué le duele del discurso oficial de Trump, qué espera de Estados Unidos y por qué insiste en que revelar el contenido de esa llamada es indispensable para que, al fin, haya una mínima forma de justicia.

-¿Hay procesos abiertos o cualquier iniciativa relacionada con el asesinato de su marido, tanto en Estados Unidos como en el extranjero?

-No existe ninguna investigación activa. No hay ningún proceso en marcha que muestre al mundo que se está haciendo justicia por Jamal Khashoggi o por mí. Estoy intentando mover mi propio caso, con ayuda de mi familia, en varios países. En Estados Unidos tengo muchos registros y elementos documentales, y confío en la Justicia americana, pero por coincidencias legales no ha funcionado en mi caso. Por eso estoy centrada ahora en Europa y Canadá. Estuve 22 años como tripulante de cabina en Emirates y Etihad, y durante ese tiempo aterricé en muchos países en los que ya estaba siendo vigilada. Eso me da derecho a presentar casos en esas jurisdicciones, que es exactamente lo que estoy haciendo. Ahora mismo estoy preparando acciones legales en Francia y el Reino Unido, y buscando abogados en Turquía y Canadá, donde también quiero presentar denuncias. Turquía bloqueó mi vía legal en su momento. Intimidaron a cualquier abogado que quisiera representar a Jamal. Yo sigo intentándolo.


Elatr reclama la desclasificación de una llamada entre Trump y Bin Salman


ABC

-Si estos países confirman que usted fue espiada ilegalmente, ¿qué podrían aportar sus sistemas judiciales?

-Tenemos pruebas concluyentes. Citizen Lab confirmó que estaba bajo vigilancia desde 2017, mucho antes del asesinato de Jamal, porque yo era la persona más cercana a él. En cuanto a los países, sus leyes son distintas a las estadounidenses: algunos permiten investigar y juzgar hechos ocurridos hace más de diez años. En Turquía, al tratarse del lugar del asesinato, debería haber margen legal, pero depende de encontrar un abogado que se atreva a asumir el caso. Estoy estudiando también Canadá y Noruega.

-Para dejarlo claro: ¿ya ha iniciado procesos en Francia y el Reino Unido?

-Sí. En Francia y el Reino Unido ya estoy en marcha. En Turquía, Canadá y Noruega sigo buscando abogados dispuestos a llevar el caso.

-Citizen Lab confirmó que usted fue vigilada…

-Absolutamente. Es definitivo. Dijeron que yo estaba siendo espiada desde 2017, y que esa vigilancia se utilizó para seguir a Jamal. Yo era la vía de acceso a él.

-¿Cómo vivió personalmente la visita de Mohamed bin Salman a Donald Trump la semana pasada?

-Primero, me dolió no tener a Jamal aquí. Él no tenía nada contra el Príncipe heredero ni contra el Reino. Pero decidieron arrebatarle la vida. Me decepcionó cómo describieron a mi marido en el Despacho Oval. Lo calificaron de «controvertido» o «no querido». Eso no refleja quién era Jamal, y tampoco justifica secuestrarlo, torturarlo, matarlo y descuartizarlo. Es un acto terrorista. También sentí alivio al ver que su nombre volvía a aparecer en todo el mundo. Han intentado enterrar su caso, pero no lo han conseguido. Su legado sigue vivo, y yo estoy aquí para mantenerlo. Me emocionó ver a periodistas como usted, como Mary Bruce [de la cadena de televisión estadounidense ABC News] y otros, intentando que su nombre no desaparezca. Les estoy agradecida.

-A pesar de la confusión de ese día, ¿tiene la sensación de que el foco mundial volvió a situarse sobre Jamal?

-Sí. Completamente. Aunque lo ocurrido en la Casa Blanca fue doloroso, lo que quedó al final fue su nombre. Lo vi en todo el mundo. Intentaron silenciarle, pero salió al revés. La gente recordó quién era y se indignó por cómo lo describieron. Fue un error grave del presidente. Ningún periodista independiente ha dicho jamás que Jamal fuera «controvertido» o «no querido».

-¿Cree que los medios siguen haciendo su trabajo en este caso?

-Sí. En la última semana he visto un respaldo enorme a Jamal, y me ha hecho sentir orgullosa. Es lo que yo temía perder: que se olvidara su sacrificio. Para mí ha sido muy importante ver que periodistas de muchos países siguen hablando de él.

-¿Cree que aún quedan cosas por conocer? ¿Hay elementos que la prensa debería seguir investigando?

-Sí. Y pido apoyo para el diputado Eugene Vindman. Él conoce el contenido de la llamada entre el presidente Trump y el Príncipe heredero en 2019. Necesitamos que se haga pública. La transcripción es esencial, también para mis casos en el extranjero. Como ocurrió con los documentos del caso Epstein, la presión periodística puede obligar a una desclasificación. Esa conversación debe conocerse.

-¿Vindman ha podido compartir algún detalle con usted?

-No. Es información clasificada. No podía hacerlo. En la rueda de prensa tampoco reveló el contenido. Por eso pedimos que la Casa Blanca desclasifique y publique la transcripción. No vemos qué puede haber en ella que requiera secreto por razones de seguridad nacional.

-¿Ha notado usted una ofensiva mediática para frenar o silenciar el caso de Jamal?

-Por supuesto. Le pondré un ejemplo: en las negociaciones del Acuerdo de Abraham impulsado por Kushner, una de las primeras exigencias saudíes fue que Estados Unidos dejara de hablar de Jamal Khashoggi. Que su caso no se mencionara. Arabia Saudí ha intentado enterrarlo usando herramientas muy poderosas: dinero, medios afines, patrocinio cultural, deportes, figuras públicas. Pero no han tomado ninguna medida real para rectificar el crimen. El Príncipe heredero dijo en televisión que asumía la responsabilidad, pero no ha hecho nada. No me ha pedido perdón. No me ha compensado por la destrucción de mi vida. No ha liberado a los presos de conciencia, salvo un caso reciente porque tenía pasaporte estadounidense. Mi propio abogado en Arabia Saudí está desaparecido desde hace tres años por representarme. Nada de esto es una rectificación.

-¿Qué sería suficiente para usted?

-Una disculpa oficial. Una compensación justa. La liberación de presos de opinión. Y algo más: tolerancia. Escuchar otras voces. Y dejar de perseguir a quienes intentan ayudarme. Eso demostraría un cambio real. Nada de eso ha ocurrido.

-Muchos siguen preguntándose por qué hicieron esto a su marido. ¿Por qué cree usted que lo eligieron a él?

-No lo sé. Me lo pregunto cada día. Jamal estaba dispuesto a volver al país si le garantizaban seguridad. Lo habló muchas veces conmigo. Creo que el entorno del Príncipe heredero -no necesariamente él- le transmitió información falsa. Intereses, celos, intolerancia. Estoy convencida de que el Príncipe nunca leyó realmente los artículos de Jamal. En una entrevista hace dos años dijo que no había leído nunca una columna suya. Y le creo. Si hubiera leído lo que escribía, si hubiera entendido su visión, le habría invitado a hablar. Jamal quería un futuro mejor para su país. Fue eliminado por personas que no toleraban una opinión distinta.

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