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El fiasco (corrupto) del puente del Centenario y la maldición que persigue a Sevilla desde el 92

Publicado: mayo 15, 2026, 2:07 am

El 15 de noviembre de 2018 sitúa la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil la primera referencia de la trama de corrupción de Cerdán, Ábalos, Koldo y cía. al puente del Centenario de Sevilla. Santos Cerdán le pregunta a Koldo García por el proyecto de ampliación que en esos momentos se estaba tramitando en el Ministerio de Fomento y el hombre para todo del ex ministro responde: «Todo va bien». Los investigadores encuentran otro rastro el 2 de abril de 2019. Ese día Cerdán le insiste a Koldo: «Hay que cerrar Sevilla».

Lo que había que cerrar, según la UCO, es el presunto amaño de la adjudicación del contrato para sustituir los 88 tirantes del puente y aumentar de cinco a seis sus carriles. Y se cerró, con una comisión de algo más de medio millón de euros que supuestamente se embolsaron los protagonistas del mayor escándalo de corrupción de la historia reciente del país anidado en el corazón del PSOE.

Por el puente de las mordidas de Ábalos, Koldo y Cerdán pasan, cada día, cerca de 100.000 vehículos y no es exagerado afirmar que provoca otros 100.000 enfados, uno por cada coche que lo cruza y que queda atrapado en el atasco interminable en el que se ha convertido uno de los principales nudos de comunicación de la capital hispalense.

Los cinco carriles -dos por cada sentido más uno reversible- se quedaron pequeños el mismo día en el que se inauguró el viaducto, pensado y construido para un tráfico mucho menor. De hecho, el proyecto promovido con motivo de la Expo de 1992 contemplaba una frecuencia de paso de 65.000 vehículos los meses que duró la muestra universal y luego, de 30.000. Es decir, menos de la tercera parte de lo que hoy soporta.

Por eso, el Gobierno decidió modernizarlo y, sobre todo, ampliarlo añadiéndole un sexto carril y en 2021 empezaron las obras, adjudicadas a una unión temporal de empresas formada por Acciones, Tecade y Freyssinet. El valor del contrato, de la obra, se estimó en algo más de 88 millones de euros (teóricamente ganó la oferta más económica) y se estableció un plazo de ejecución de 27 meses. Es decir, que debía estar terminado justo a tiempo para las elecciones municipales de 2023 en las que el PSOE se jugaba su ayuntamiento más valioso, el de Sevilla, entonces con Juan Espadas de alcalde.

Tres años después, la reforma del puente del Centenario no solo no está terminada, sino que apenas ha llegado a la mitad. Tras sucesivos cambios de fecha, la última que se dio para su finalización fue el último trimestre de 2026, pero eso ya es papel mojado porque la obra está literalmente parada después de que la UTE que se adjudicó el proyecto haya anulado unilateralmente el contrato, dejando en la estacada al Ministerio de Transportes y a los 100.000 conductores (sevillanos la mayoría, pero no solo) que lo usan, y sufren, cada día.

El argumento esgrimido es la complejidad de una obra que ha tenido que afrontar no pocas vicisitudes en estos años y la reclamación, por parte de las constructoras, de una modificación del contrato para sumarle 17 millones de euros a la factura. Eso supondría elevar el coste a cerca de 120 millones de euros, puesto que ya en 2023, apenas iniciados los trabajos, se aprobó una primera modificación por 16,4 millones de euros que disparó el presupuesto hasta los 102,8 millones.

Aquella vez se aceptó la reclamación, pero en esta ocasión el departamento que dirige Óscar Puente se ha negado en redondo y ahora, tras la espantada de Acciona y sus socios, tendrá que volver a licitar y adjudicar lo que queda pendiente del proyecto. En definitiva, otro retraso. El Gobierno, por su parte, insiste en que la obra no está parada y que está tramitando ya el nuevo proceso administrativo para que las obras puedan seguir cuanto antes.

Los atascos del puente del Centenario, el de todos los días y el de su reforma, se ha colado de lleno en la campaña electoral de las autonómicas andaluzas y no a favor, precisamente, de la candidata socialista, la ex vicepresidenta María Jesús Montero, que encabeza la lista por Sevilla.

Por su pertenencia, hasta hace semanas, al Gobierno cuya gestión sigue defendiendo a capa y espada y por su cercanía a Ábalos y a Cerdán, quiene supuestamente se enriquecieron con una obra que ha resultado ser un fiasco y, encima, corrupto.

Pero lo del puente del Centenario no es, para los sevillanos, sino el enésimo agravio que recibe la provincia en materia de infraestructuras. La queja de en esta ciudad, en esta provincia, no se invierte lo necesario es generalizada y se escucha desde hace años, décadas en realidad. Hasta el punto de que hay quien habla de la maldición que persigue a Sevilla desde el maná de la Expo 92. Con motivo de aquel acontecimiento, llegó el AVE, se construyeron puentes y la inversión fue histórica, pero desde aquello todo se volvieron vacas flacas.

María Jesús Montero, en el arranque de las obras de la línea 3 del metro de Sevilla, en junio de 2025, cuando era vicepresidenta.

María Jesús Montero, en el arranque de las obras de la línea 3 del metro de Sevilla, en junio de 2025, cuando era vicepresidenta.EUROPA PRESS

Los pocos proyectos que sí se han acometido -el puente del Centenario es uno de ellos pero no el único- sufren retrasos constantes que eternizan las obras y dilatan, de forma indefinida, la solución a los problemas de movilidad y a eso se suman las reivindicaciones que ni siquiera se han abordado.

Sevilla estrenó en 2009 su primera línea de metro y hasta 2023 (cuando el puente del Centenario debía haberse reinaugurado) no se comenzaron las obras de la segunda línea, la 3, que se han dividido en tramos y subtramos y que financian, a partes iguales, la Junta de Andalucía y el Gobierno central. El tramo norte, el que está en ejecución, no estará hasta 2030 y el sur, hasta 2040.

De la línea 2 no hay ni recorrido y no es espera que haya obras hasta 2030. De la línea 4 no hay nada.

Muy conectada al puente del Centenario está la construcción de la ronda de circunvalación SE-40, que debía aliviar el tráfico que soporta el viaducto. Pero el retraso se mide por décadas desde que se iniciaron los primeros estudios informativos, en 2000 y comenzaron las obras, en 2007. Casi veinte años después, solo se han construido 39 de sus 79 kilómetros.

Uno de sus hitos era la construcción de túneles para salvar el río Guadalquivir, pero ahí el proyecto se empantanó, surgieron problemas técnicos, sobrecostes y, finalmente, el Ministerio de Transportes cambió los túneles por un polémico viaducto, lo que ha obligado a indemnizaciones a las constructoras y a tirar a la chatarra una tuneladora fabricada expresamente y que apenas llegó a usarse.

Hay más ejemplo. Como otras dos rondas, la SE-20 y la SE-35, en el aire, el cierre del anillo ferroviario de Cercanías, el tercer carril de la autopista a Cádiz, que desde que se liberó del peaje es una trampa por sus embotellamientos continuos, o la conexión por tren entre el aeropuerto de Sevilla y la estación de Santa Justa.

Precisamente, pocos meses antes de la convocatoria electoral, la entonces vicepresidenta y ministra de Hacienda anunció el desbloqueo de esta obra, con una inversión de 300 millones de euros, aunque no dio pìsta alguna sobre el inicio de las obras ni, por lo tanto, de su final, sumando argumentos a los que creen en la maldición que sufre Sevilla desde el 92.

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