Publicado: octubre 2, 2026, 6:08 am

La producción de alimentos en España no tiene nada que envidiar en dificultad a la escalada del Tourmalet en el Tour de Francia: un gasóleo por las nubes junto al encarecimiento de otros insumos como los fertilizantes y la alimentación animal. A lo que se añade el poco margen de agricultores y ganaderos para repercutir estos sobrecostes. Productos tan diversos como la sandía, los cereales, la aceituna de mesa y la leche están generando polémicas recurrentes entre los productores, la industria o la distribución. Todos estos factores impactan sobre la rentabilidad de los agricultores, así como en la producción de muchos de estos alimentos. Lo que no augura nada bueno para una cesta de la compra amenazada por la inflación.
«No estamos pensando en producir», reconoce Pedro José Gómez quien posee unas 900 cabezas de oveja en una explotación situada en Pétrola (Albacete). Además tiene varias hectáreas de olivares, así como de almendros y, este año, también ha plantado azafrán. Gómez explica que ha tenido que prescindir de una parte de su personal y ha optado por realizar cercas en las que mantener guardado su ganado. «Lo que pueda hacer yo», desliza sobre unos costes laborales que han crecido en los últimos años.
«Estamos aguantando lo que podemos gastando lo menos posible», señala sobre un ‘modus vivendi’ que también le está obligando «a ajustarse a la cartera» en cultivos como el olivar donde en lugar de realizar 10 pasadas con el tractor hace 5. En las hectáreas, que tiene plantadas con almendros y azafrán, admite que abonan menos por el coste elevado de este insumo. «Tirarse un día con el tractor, por ejemplo, me costaba hace un año 200 euros ahora más de 500″, recalca este productor albaceteño.
Cereal, arroz, aceituna de mesa …
Fuentes de Asaja Sevilla señalan hacia cultivos como el arroz, la aceituna de mesa y los cereales de invierno que tendrían en común que los precios recibidos por los agricultores estarían por debajo de los costes de producción de las explotaciones agrícolas. «En el caso del cereal ha habido una alternativa: el girasol«, apuntan unas fuentes que estiman que la superficie dedicada al cereal cayó un 30% en esta provincia. El mismo porcentaje en el que aumentó la alternativa al aceite de oliva.
Los interlocutores consultados señalan al arroz como el que tiene «la situación más dramática: los productores están asumiendo los costes, aunque en la última campaña dejaron el 60% de la producción en el campo». A lo que no es ajena la entrada de arroz de terceros países a precios más bajos por unos costes laborales inferiores y menores requisitos medioambientales. Desde Asaja Sevilla acusan a la industria arrocera de adquirir materia prima de países como Myanmanr y Camboya.
Las crisis de precios a pie de campo también sacuden al lácteo, que a una merma continua en el número de explotaciones, se suma que insumos como el forraje haya casi doblado su precio: «Ha pasado de entre 90 y 110 euros por tonelada en 2025 a los entre 160 y 180 euros la tonelada de ahora», apunta el responsable del sector lácteo en Unión de Uniones David Alonso. Este ganadero de Flores (Ávila) estima «un encarecimiento de entre 10 y 12 céntimos por litro de leche en Castilla y León» que atribuye al gasóleo, la alimentación animal y el mantenimiento de la maquinaria.
¿Efectos sobre la cesta de la compra?
El profesor de Economía Aplicada en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Manuel Hidalgo, advierte que «los problemas del campo español son los mismos que el danés o el eslovaco» y recuerda que el precio de insumos como el gasóleo, los abonos o los fertilizantes se deciden en los mercados internacionales. Hidalgo no duda en describir la situación actual como «una crisis de precio motivada por una crisis energética». Este experto no cree que haya mermas en la producción, pero sí admite que los precios de los alimentos han subido mucho en los últimos años.
Para el docente de la Universidad Pablo de Olavide «el mercado funciona» y sostiene que, cuando en España hay un alza de precios en la alimentación, «los márgenes empresariales se estrechan y amortiguan«. En su opinión, considera que el mayor peligro de «transmisión» está en la logística y defiende que «las empresas del sector agroalimentario sacrifican parte de sus ingresos» porque no se pueden permitir perder clientes.
Entonces, ¿cabe descartar nuevas subidas? Hidalgo advierte que «los precios de la alimentación todavía no han notado las consecuencias del ‘shock’ energético actual» y augura que, aunque no lleguemos a los niveles de 2022 cuando el precio del gas se multiplicó por 5, «se terminará trasladando». Con una inflación que escaló en septiembre un 4,9%, esto son seis décimas más que en el mes anterior empujada por los carburantes que vuelven a desbocarse por el conflicto en Oriente Próximo, el peor escenario parece muy plausible.
El futuro del tejido productor español
El profesor de la Universidad Pablo de Olavide cree que el campo español está en plena transformación de su tejido empresarial y habla de «industrialización». A su juicio, habrá explotaciones que sufran en estas condiciones y augura una mayor concentración de las explotaciones «desplazando determinados tipos de producción». También recuerda que el sector agroalimentario exportó en 2025 por un montante de 78.044 millones de euros. Un 2,9% más que el año anterior y un nuevo récord.
Alonso, de Unión de Uniones, cree que el Gobierno presiona al resto de actores de la cadena alimentaria – industria transformadora y distribución – para que contenga las subidas lo más posible y lamenta que sean los productores quienes no puedan trasladar los sobrecostes en que incurren. «Conozco 6 explotaciones, solo en la provincia de Ávila, que están cerrando porque no hay relevo generacional . Es un trabajo de 24 horas, los 7 días de la semana y los jóvenes no lo quieren», apunta.
Para Gómez, agricultor y ganadero en Pétrola (Albacete), «hay un peligro inminente para la seguridad alimentaria de este país, ya que cuando se depende de otros vienen los problemas». Este productor primario constata la falta de relevo generacional, y comenta que «los más mayores están buscando quien les alquile, compre las tierras o les ponga placas solares. Otros que se les pague por las ayudas al arranque».
