Publicado: octubre 24, 2026, 10:07 pm
El estado de la precampaña es el que sigue; y todavía quedan cinco excitables y guionizadas semanas hasta el 29 de noviembre: Pedro Sánchez se relajó a sus anchas en su sauna televisiva y Alberto Núñez Feijóo acudió a la Ser para su primer debate electoral que por momentos pareció una entrevista. El periodista se mostró incisivo, como es su deber, y repreguntó al líder de la oposición cuando quedó insatisfecho [fue casi siempre, como es preceptivo para subrayar una dubitación aunque no la haya o afirmación sospechosa de incorrección del entrevistado]; todo con comedimiento y cortesía.
Sin embargo, todas las preguntas versaron sobre los ítems o reclamos elegidos por Sánchez para su reelección. O sea, el periodista preguntó a Feijóo sobre sus intenciones en relación con asuntos y dogmas que considera que Sánchez supera a Feijóo. Aparte de la escamante insistencia en su relación con Vox -delimitación del terreno de juego-, salió a relucir el aborto, la eutanasia, las pensiones…; no la vivienda sino la construcción de vivienda pública -término fetiche y distorsionador- y mucho, mucho, mucho salario mínimo. El periodista también citó a Milei y al responsable de redes del PP: ¡Uy! Un gamberro en Génova, 13.
Total, que la noche anterior Sánchez hacía propaganda de sus supuestos logros al respecto -nos convence de que los logros son los temas, no los resultados de sus políticas-, era aclamado por la concurrencia, que lo consoló por su decepción con Ábalos, y desafiaba a Feijóo a igualar sus «conquistas sociales». Eso sí, todo al son del cachondeo, los juegos de palabras y provocadores mensajes chulescos y muy cortos; sin entrar en detalles, donde habita el diablo. A la mañana siguiente, en la radio, con Feijóo, la cosa fue más convencional. El telespectador que sintonizó el transistor creyó poder comparar, pero realmente no podía: el contexto, clima y planos de la noche y de la mañana no eran simétricos pero azarosamente se complementaron.
Sánchez no busca ensanchar su base electoral sino afianzar la que tiene y liderar el Frente Amplio. Feijóo, en cambio, persigue llegar donde no alcanza. Salió airoso. Todo lo airoso que puede salir un líder del PP ante una audiencia que es y considera a priori recelosa cuando no hostil y unos asuntos que asume como incómodos y sobre los que se pronuncia pensando en el qué dirán. Hubiera podido salir reforzado si el PP no se desenvolviese en términos tradicionales sino rompedores: plantándose ante don cicutas y expresándose en los términos que espera su base social; entonces sí, la ensancharía. De hecho, Feijóo se creció cuando habló de ese su responsable de redes. Entonces planteó lo esencial en esta campaña: ¿quién pone las reglas? Y si valen para todos.
Feijóo no fue interrogado en la Ser sobre su proyecto de regeneración institucional, medidas anticorrupción o financiación de los partidos, ni sobre cómo encarar la elección del fiscal general del Estado…, sobre la designación de altos cargos o la renovación del Tribunal Constitucional; ni siquiera, ¡hummm! sobre Cataluña -con la amnistía de nuevo de actualidad-; tampoco sobre el gasto en Defensa, Presupuestos, Educación, relación con Europa o Marruecos… El periodista no preguntó a Feijóo ni por la inmigración ni por Ceuta. Tampoco por la ley de nietos… ¡hummm! O por el papel que reservaría a su esposa -verdadera profesional de éxito- en La Moncloa… Aunque tuvo tiempo de cursilear con La bola negra, la película, no las otras. Esto va de temas, no de enfoques; de claridad, no de medias tintas. Quien quiere medias tintas para Feijóo quiere a Vox para lucir palmito y tener razón y que siga Sánchez.

