Las tres educadoras atrapadas en la 'estafa Montessori' en Albacete: "Guerrero se cree Bill Gates, te convence de que una pared blanca es negra" - España
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Las tres educadoras atrapadas en la 'estafa Montessori' en Albacete: «Guerrero se cree Bill Gates, te convence de que una pared blanca es negra»

Publicado: mayo 15, 2026, 4:07 am

Laura García, Marta Pérez y Natalia Alfaro son tres educadoras que acusan al empresarioDiego J. Guerrero, 58 años, de haberles estafado al ofrecerles ser socias de la escuela privada Montessori Village de Albacete y quedarse con su dinero. «Han sido los peores años de nuestra vida, hemos tenido que recibir atención psicológica y psiquiátrica», lamentan. «Es un embaucador, se cree Bill Gates y es capaz de convencerte de que una pared blanca es negra. Se aprovechó de nuestro amor por la escuela, de la vocación y la entrega de mujeres que quisimos construir un proyecto educativo diferente y valioso para los niños».

Guerrero está vinculado a la quiebra de al menos ocho centros privados de metodologías alternativas en Madrid, Cataluña, el País Vasco y Castilla-La Mancha. Ocultándose tras testaferros, amparándose en cerca de 60 empresas y actuando bajo marcas como Montessori Village o Seed Education, aprovecha los agujeros del sistema para llevar las escuelas al cierre después de haberse quedado con la inversión de las trabajadoras de los centros, según la investigación realizada por EL MUNDO. Además, dejó sin abrir al menos seis centros tras engañar supuestamente a más maestras y madres emprendedoras. Tiene ya varias denuncias y se están ultimando otra decena de demandas en su contra. Su hermano Francisco Guerrero también está acusado de estafas similiares tras engañar supuestamente a numerosos profesores y socios de los colegios Scentia.

En los últimos años han quebrado varios centros vinculados a ambos grupos, como Scientia San Sebastián, Scentia en Getafe (Madrid) y Scientia Karmelo y Scientia Bilbao, en el País Vasco; además de escuelas Montessori en La Moraleja y Alcalá (Madrid), Barcelona y Albacete.

«Diego Guerrero elige al mismo tipo de personas: casi siempre mujeres muy comprometidas con la educación, especialmente con la educación alternativa», explica Laura. Ella y Natalia pusieron 17.000 euros cada una a cambio de tener un 10% de participación en el negocio, mientras que Marta tuvo que desembolsar 25.000 euros por incorporarse más tarde.

Diego J. Guerrero.

Diego J. Guerrero.E. M.

Montessori Village Albacete cerró en julio del año pasado dejando a deber 60.600 euros del alquiler y más de 10.000 euros en nóminas de los últimos tres meses, así como una deuda con la Seguridad Social de más de 20.000 euros. A estas tres educadoras se les adeuda al menos 70.000 euros. «Tampoco pagaban la luz, ni el agua», apuntan.

«Son captadores profesionales. Nos vendieron que íbamos a llevar nosotras la escuela y nos lo creíamos», recuerda Laura.

«Parecía que sabían de todo y hablaban con mucha prepotencia. Me sentía tan pequeña ante ellos… Se han aprovechado de nuestra vocación y jugaban con nuestro miedo», admite Natalia.

«Yo quería dedicarme a Montessori porque me enamoró el método. Diego me vendió que la mejor inversión que podía hacer en mi vida era esa. Me pudo la ilusión por trabajar en una escuela así y sólo quise ver las cosas positivas. Yo estaba en el paro con un hijo y mis padres me dieron los 25.000 euros, que eran sus ahorros de mucho tiempo», añade Marta, que descubrió después que nunca llegó a figurar como socia en la empresa y que su supuesto 10% en la sociedad se lo quedó A. M., la presunta testaferro de Guerrero.

Zapatos de los alumnos de Montessori Minds.

Zapatos de los alumnos de Montessori Minds.ABEL F. ROSARABA PRESS

Montessori Village, la única escuela Montessori de Albacete, abrió en septiembre de 2023 con Diego Guerrero al frente. Al principio las cosas funcionaban. Los padres de la veintena de alumnos, que pagaban alrededor de 500 euros al mes, estaban contentos. El centro venía a facturar en torno a 10.000 euros mensuales. Laura era la directora y Marta, la coordinadora pedagógica. Había tantas trabajadoras como socias, cinco en total: ellas tres; su compañera Paula Álvarez, que también puso 17.000 euros; otra educadora que «lo dejó por los problemas de salud» que le ocasionó la tensión que vivieron y la testaferro de Guerrero.

«En diciembre de 2024 nos cortaron la electricidad, cuando estábamos a siete grados bajo cero. No nos daban dinero para pagar a los proveedores, así que empezamos a poner nosotras el dinero», indican.

Los menús de las escuelas Montessori siempre son diseñados con cuidado, pues ofrecen platos saludables y nutritivos, con productos 100% naturales, de temporada y cercanía. «Los nuestros incluían comidas muy buenas, con salmón y ternera, que al final teníamos comprar nosotras en el Mercadona porque abríamos el frigorífico y sólo había una lechuga», dice Laura.

En enero de 2025 dejaron de cobrar. Y se dieron cuenta de que no las habían dado de alta en la Seguridad Social. Ellas tenían que hacer como si no pasara nada: «Diego nos decía que, si avisábamos a las familias, nos denunciaría por difamación».

Detalle del mobiliario del centro educativo.

Detalle del mobiliario del centro educativo.ABEL F. ROSARABA PRESS

No fue hasta marzo de 2025 cuando decidieron contárselo todo a los padres, que, al enterarse, lloraban y les preguntaban: «¿Cómo habéis podido aguantar tanto?». «Hemos tenido el 100% de su apoyo», reconocen como algo bueno. Cuando vieron que Guerrero vaciaba sistemáticamente el dinero de la cuenta del colegio, las socias solicitaron un concurso de acreedores.

Acabó ese curso y las trabajadoras no podían más. Pero lograron hacerse con el arriendo del local a cambio de pagarle 10.000 euros a la presunta testaferro: «Fue una auténtica extorsión». Se constituyeron en cooperativa, además de cambiar el nombre de la escuela, de Montessori Village a Montessori Minds, y rediseñar de arriba abajo todo el proyecto, desvinculándose completamente del anterior negocio. «Ahora funciona fenomenal, pero detrás de ese buen funcionamiento hay muchísimo dolor», concluyen.

La moraleja, según Paula Álvarez, una de las cinco socias de Montessori Village, es que «la Educación Infantil está llena de profesionales increíbles que trabajan por amor a su profesión. «Y precisamente por eso», añade, «somos especialmente vulnerables ante personas que saben detectar esa entrega y utilizarla en su beneficio. Esto no va sólo de dinero ni de una mala gestión. Guerrero se aprovechó del compromiso que teníamos con las familias, porque sabía que nunca íbamos a abandonarlas».

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