Publicado: junio 15, 2026, 10:30 am
El boom de los fármacos basados en el receptor GLP-1, orientados a la diabetes y, sobre todo, a la obesidad, ha transformado por completo el panorama de la medicina. Cada semana, diversos hallazgos apuntan a nuevas aplicaciones posibles de este tipo de productos. Sin embargo, su éxito venía acompañado de una sombra de incertidumbre, particularmente en las consultas de endocrinología e urología : ¿podrían estas inyecciones pasar factura a la salud reproductiva masculina? Una nueva investigación presentada en Chicago (EE. UU.) durante el congreso anual de la Sociedad de Endocrinología (ENDO 2026) acaba de despejar las dudas: el uso prolongado de estos compuestos no solo es seguro para las hormonas masculinas, sino que puede convertirse en un aliado para mejorar la calidad del semen o elevar la testosterona. El hallazgo, liderado por un equipo de científicos de la Escuela de Medicina de Warwick y los Hospitales Universitarios de Coventry y Warwickshire (Reino Unido), se ha basado en un rastreo de ensayos clínicos controlados y aleatorizados. Los investigadores aislaron aquellos estudios enfocados a hombres de entre 18 y 65 años donde se comparaba el efecto de los GLP-1 frente a otros tratamientos convencionales o placebos. El objetivo no era medir únicamente los kilos perdidos, sino poner bajo la lupa los niveles de testosterona, el funcionamiento de los testículos, la morfología de los espermatozoides y la salud metabólica generalizada. Tras un riguroso cribado llevado a cabo por revisores independientes para eliminar cualquier sesgo de interpretación, cinco ensayos clínicos cumplieron con las estrictas condiciones requeridas. Los resultados de estos informes científicos han sido tajantes: no existe ningún impacto negativo en la función sexual ni en los parámetros hormonales por el uso continuado de moléculas como la semaglutida o la liraglutida. En uno de los estudios analizados, centrado en la administración de semaglutida durante un periodo de 24 semanas, se constató una notable mejoría en la forma de los espermatozoides y en los niveles de colesterol, mientras que las hormonas encargadas de la reproducción se mantuvieron en rangos estables. En otro de los ensayos, que evaluaba la liraglutida durante 16 semanas en pacientes con obesidad y con la testosterona desplomada a causa del sobrepeso, los hombres experimentaron un incremento significativo de sus hormonas masculinas. La evolución biológica y el bienestar general de estos pacientes resultaron ser muy superiores a los de aquellos que se sometieron únicamente a la clásica terapia de reemplazo de testosterona. La endocrinóloga Pratibha Natesh, investigadora de la Escuela de Medicina de Warwick, defiende que estas conclusiones obligan a replantear la práctica clínica diaria en las consultas. «Este trabajo respalda un cambio de estrategia: debemos dejar de prescribir terapia sustitutiva con testosterona en hombres con obesidad y niveles bajos de esta hormona», afirma de forma contundente. Para la experta británica, la clave médica reside en dirigir los esfuerzos terapéuticos hacia el origen real de la disfunción. «Hay que tratar la causa subyacente, que es el exceso de peso y la mala salud metabólica ; al corregir esto, logramos restaurar los niveles hormonales de forma natural y, al mismo tiempo, preservamos la fertilidad del varón», detalla la investigadora. A pesar de los buenos augurios que proyectan estos datos sobre la salud reproductiva, el equipo médico prefiere mantener los pies en el suelo y aboga por la cautela antes de lanzar las campanas al vuelo de forma generalizada. Natesh insiste en que el número de ensayos analizados es todavía modesto y que las metodologías entre ellos muestran ligeras variaciones, lo que hace imprescindible el diseño de estudios a mayor escala , con muestras de población más amplias, para comprender al milímetro el alcance exacto de estos fármacos sobre la fertilidad humana. Desde el equipo de endocrinos recuerdan a la comunidad médica que estos medicamentos no han sido aprobados ni testados formalmente como tratamientos específicos contra la infertilidad masculina o el hipogonadismo, por lo que los beneficios observados en los espermatozoides responden con toda probabilidad a un efecto indirecto provocado por la drástica mejora del metabolismo y la pérdida de grasa visceral. Con todo, poner sobre la mesa datos claros y basados en la evidencia científica es, para los autores del estudio, un paso fundamental para que los pacientes y los profesionales tomen decisiones médicas bien informadas en un momento de altísima demanda social de estas terapias contra la obesidad. El exceso de tejido adiposo altera el eje hormonal al transformar la testosterona en estrógenos, saboteando de manera silenciosa la producción de esperma. Por eso, revertir ese proceso abre una ventana de esperanza que trasciende la estética. «Mejorar la salud metabólica tiene efectos positivos que van muchísimo más allá de lo que marca la báscula», concluye la doctora Natesh.
