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La guerra de la piel contra la diabetes ya tiene muchas armas para ganar batallas

Publicado: junio 13, 2026, 12:00 am

En España, más de cinco millones de personas conviven con la diabetes, consolidándose como uno de los colectivos más afectados por una patología que, por desgracia, no deja de crecer. La inactividad, el romance excesivo con los azúcares refinados y la predisposición genética han convertido a esta alteración del sistema endocrino en una realidad para un porcentaje abrumador de nuestra población.

La diabetes se define, en esencia, por esa invitada no deseada: la hiperglucemia (una alta concentración de glucosa en sangre). Ya sea por un déficit intrínseco de insulina -cuando el páncreas se rinde (tipo 1)- o por la falta de sensibilidad de las células para captarla, habitualmente de la mano de la obesidad y el sedentarismo (tipo 2). Este déficit no es un daño silencioso; es un desgaste persistente que castiga al sistema nervioso, a los riñones, a la vista y, de manera muy especial, a la piel.

Hablemos de este último órgano, pues es uno de los grandes damnificados. La diabetes lo ataca por dos frentes: sabotea la microcirculación, cortando el suministro de oxígeno y nutrientes, y acelera el envejecimiento de una forma casi impúdica. El exceso de azúcar obliga al cuerpo a ‘robar’ líquido de las propias células para intentar eliminar la glucosa vía urinaria. ¿El resultado? Unas células deshidratadas, una epidermis sedienta y esa sensación de picor y tirantez.

El verdadero villano en esta historia se llama glicación

Este proceso químico ocurre cuando el exceso de azúcar se encapricha de proteínas como el colágeno o la elastina, uniéndose a ellas y formando unas moléculas dañinas llamadas AGEs (productos de glicación avanzada). El efecto es devastador: los tejidos se vuelven rígidos, aparecen las arrugas y la firmeza se despide prematuramente.

Pero no es solo una cuestión de vanidad; la glicación está íntimamente ligada al deterioro cognitivo y a enfermedades cardiovasculares. Es un proceso que comienza a los veinte años y que se ve favorecido si añadimos sol, alcohol, ultraprocesados o estrés.

Un arsenal de antioxidantes

La buena noticia es que, por primera vez, tenemos las herramientas para frenar este fenómeno de hiperoxidación.

Hoy contamos con un arsenal de antioxidantes de una potencia asombrosa. Activos naturales como el licopeno del tomate, el té verde, el ácido ferúlico (extraído del arroz o el trigo) o la exótica sangre de drago. Pero, si hablamos de realeza, debemos mencionar al fullereno, cuyo descubrimiento fue galardonado con el Premio Nobel; este activo no solo detiene la oxidación, sino que es capaz de revertir sus signos.

Si a este despliegue le sumamos los asiaticósidos de la centella asiática —imprescindibles para devolverle a la piel diabética su capacidad de cicatrización—, logramos un tratamiento integral. Estos años nos están regalando nuevas esperanzas y, sobre todo, un enfoque mucho más sofisticado y eficaz para el cuidado de nuestra piel.

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