Publicado: junio 13, 2026, 9:00 am
Lucio Anneo Séneca decía que el deseo de ser curado formaba parte de la curación. Así a simple vista, esta frase puede ser lógica, así como nadie quiere enfermar, si lo hace, tiene el deseo de curarse. Sin embargo, detrás de ella existe una profunda filosofía ligada precisamente a la corriente de pensamiento que seguía y divulgaba: el estoicismo. Esta filosofía tiene como base la búsqueda de la felicidad a través de la virtud y la razón, pero también, con el foco puesto en aquello que se puede controlar y aceptar serenamente aquello que no se puede cambiar.
El poder de la voluntad en la enfermedad
La enfermedad y en el peor de los casos la muerte son eventos que no se pueden controlar. Aparecen y suceden. Cuando una afección interrumpe tu vida, a menudo, se siente como si todo el peso del mundo cayera sobre tus hombros y tiene un impacto emocional muy importante. Si algo enseñó la medicina moderna es que la mente es más poderosa de lo que se cree y juega también un papel primordial en la sanación junto a la ciencia.
Hace más de 2.000 años, Séneca ya se dio cuenta de ello, por eso esta frase también admite otra versión que es aquella que dice que «el deseo de ser curado es la mitad de la cura». Esto no significa que el hecho de tener ese deseo te libre del destino que tenga que acontecer. Sin embargo, el poder de la voluntad y el deseo, son pilares fundamentales para que el enfermo afronte las recomendaciones médicas de forma mucho más consciente y con mayor disciplina.
«El profesional debe alentar en el paciente el deseo y la esperanza en la recuperación, confiando en la capacidad del paciente para orientar su propia vida», dice la psiquiatra Pilar Lusilla en uno de sus blogs sobre esta idea de Séneca. Para la especialista «el paciente que se siente escuchado y respetado el deseo de seguir esforzándose en su curación se mantiene. ¿Quién no se ha visto motivado para hacer un esfuerzo más allá cuando recibe una valoración de apoyo, un reconocimiento del esfuerzo?».
Entra en conjunción por tanto la escucha y el apoyo médico con la voluntad del enfermo, que afronta la enfermedad con una postura de combate, con el control que tiene uno mismo de responder ante ella. El deseo de ser curado es aceptar el esfuerzo de lo que puede ser controlado, no la cura en sí, es aceptar también los límites humanos lo que el destino tenga que decidir, pero sabiendo que la voluntad es ese motor inicial para encontrar la calma incluso cuando la realidad física ya no lo permite, para no perder lo que uno es y puede controlar.
