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Este prometedor fármaco fracasó con estrépito… y no fue culpa del espray nasal

Publicado: junio 16, 2026, 2:30 am

En el diseño estándar de cualquier ensayo clínico moderno, se reúne a un grupo de pacientes con perfiles totalmente distintos, se les administra la misma dosis de un fármaco experimental (o, si es aleatrorizado, un placebo) y, tras meses de seguimiento, se hace una media estadística de los resultados. Si esa media no alcanza los objetivos, el fármaco se desecha . El problema es que las medias matemáticas a veces esconden realidades incómodas. Una nueva investigación publicada en la revista científica ‘ Genomic Psychiatry ‘ acaba de demostrar que, para un prometedor fármaco cerebral, la estadística no contaba la verdad, y este engaño tiene una explicación biológica, un calendario y un sexo. El medicamento en cuestión es el davunetide, un fragmento de proteína diseñado para proteger el cableado neuronal . Durante años, este compuesto concentró las esperanzas de los científicos que luchan contra las tauopatías, la familia de trastornos neurodegenerativos donde se encuadra el alzhéimer. Su función teórica es estabilizar los microtúbulos, las estructuras microscópicas que sirven como autopistas de transporte dentro de las neuronas. Sin embargo, en el mayor ensayo clínico realizado en humanos para una enfermedad neurodegenerativa similar, el davunetide fracasó de forma inapelable . Parecía el final de la historia. Sin embargo, el equipo liderado por la profesora Illana Gozes, directora del Laboratorio Elton de Neuroendocrinología Molecular de la Universidad de Tel Aviv, detectó una anomalía en los datos de aquellos ensayos fallidos: cuando analizaban los resultados separando a los pacientes por sexos, las mujeres parecían responder positivamente al tratamiento, mientras que en los hombres el efecto era nulo. Para comprobar si estaban ante un espejismo estadístico o ante una realidad biológica, los investigadores diseñaron un experimento para monitorizar el viaje exacto del fármaco tras ser administrado por vía nasal. Utilizando marcadores fluorescentes y sistemas de imagen en vivo, el equipo analizó cómo el davunetide penetraba en el organismo de ratones macho y hembra. Los autores introdujeron una variable que la inmensa mayoría de los estudios farmacológicos ignora por completo: el ciclo estral de las hembras, equivalente al ciclo menstrual humano. Los resultados mostraron un patrón extremadamente nítido. Durante las fases de proestro y estro, los días en los que los niveles de estrógeno se encuentran en su punto más alto, las hembras absorbían una cantidad significativamente mayor de fármaco en la región cerebral en comparación con los machos. En cambio, cuando el ciclo avanzaba hacia el metaestro y los estrógenos caían al mínimo, la ventaja desaparecía y los niveles entre sexos se igualaban . La hormona no era un elemento secundario; dictaba el comportamiento del medicamento. Gozes apunta a que este fenómeno obliga a replantear la forma en que testamos los tratamientos. «Estas diferencias específicas de sexo probablemente reflejan una combinación de regulación hormonal, distribución de tejidos, fisiología nasal y la función de la barrera hematoencefálica», detalla la investigadora, describiendo un escenario complejo donde el estrógeno altera la permeabilidad de los vasos sanguíneos de la nariz, facilitando o frenando el paso del fármaco hacia el cerebro. Dado que los ratones no son seres humanos, el equipo de Gozes contrastó estos hallazgos con una base de datos farmacocinéticos de un ensayo clínico previo realizado con adultos sanos. Aunque el grupo de humanos era muy reducido, la tendencia replicó lo observado en el laboratorio. Las mujeres alcanzaron concentraciones máximas del fármaco en sangre que duplicaban las de los hombres, mientras que ellos retenían el compuesto en su organismo durante más tiempo. El estudio también desveló dinámicas profundas . Los estrógenos modelan la integridad de la barrera hematoencefálica, la muralla celular que protege al cerebro de sustancias tóxicas, y los microtúbulos que el davunetide intenta proteger están íntimamente ligados a este proceso regulatorio. No se trata de una correlación casual, sino de una red donde el sexo, las hormonas y el fármaco están entrelazados. Las implicaciones de este hallazgo van mucho más allá de este compuesto concreto. El alzhéimer, la principal tauopatía del planeta, golpea al doble de mujeres que de hombres . Diseñar ensayos clínicos y establecer dosificaciones universales sin tener en cuenta el sexo biológico o el estado hormonal de la paciente puede estar provocando que la medicina descarte fármacos que realmente funcionan, pero que solo lo hacen en una mitad de la población. «La optimización de las estrategias neuroprotectoras requerirá una contabilidad deliberada del sexo biológico como una variable central», concluyen los autores en el artículo, lanzando una advertencia para la industria farmacéutica. Durante décadas se ha asumido el cuerpo humano masculino como el estándar de la medicina. Este trabajo evidencia que un mismo fármaco puede ser correcto o incorrecto dependiendo, simplemente, de la semana del mes.

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