Publicado: mayo 19, 2026, 2:07 am

Después de dos años en los que el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha estado gobernando en minoría con los presupuestos de su predecesor republicano Pere Aragonés, sin que el complaciente relato oficial haya cuestionado la debilidad de su Ejecutivo, el acuerdo con Oriol Junqueras es mucho más que un seguro de continuidad para el Govern:supone el inicio de una nueva etapa política en Cataluña y en España con el fin del post procés y el advenimiento del tripartito 3.0.
Una alianza presupuestaria entre el PSC, ERC y los Comunes que reedita y actualiza de facto los tripartitos del período 2003-2010, aquellos gobiernos de Pasqual Maragall y José Montilla que normalizaron el maridaje entre la izquierda y el nacionalismo -la filosofía y práctica del Pacte del Tinell para aislar al PP en todas las instituciones con la inestimable ayuda de Zapatero-, y que propiciaron la crisis estatutaria que tanto radicalizó a las clases medias catalanas.
El tripartito 3.0 irá cogiendo forma y articulándose a medida que la confrontación política catalana se vaya desplazando del eje estrictamente identitario Cataluña-España -cada vez hay menos independentistas por el fracaso/timo de 2017 y por el rápido aumento de la población extranjera, que está transformando el paisaje social- y el choque se centre en el eje izquierda-derecha, debido a la ascensión de la Aliança de Sílvia Orriols como fuerza hegemónica del nacionalismo conservador y también a la consolidación de Vox en el Parlament. Todos los sondeos indican que con la entrada de Aliança la única alternativa viable de gobierno sin Orriols será el pacto PSC-ERC-Comunes.
Después de las elecciones autonómicas de 2024, ni al PSC, que presentó a Illa ante la oligarquía catalana como la garantía de estabilidad institucional y de vuelta de página del procés, ni a Esquerra, que acababa de desaprovechar por torpeza menestral e ignorancia histórica su regreso al gobierno de la Generalitat desde 1939, les convenía que el pacto entre ellos fuera demasiado evidente.
Illa y Junqueras firmaron entonces un tratado de no beligerancia que permitía al PSC gobernar la Generalitat en minoría, sin miedo a una moción de censura, y a ERC centrarse en su relación con Pedro Sánchez en Madrid, sin que el PSC tuviera en cuenta sus abrazos y desavenencias con La Moncloa. De esta forma, aislaban la Generalitat de las turbulencias de los tratos de Sánchez con el independentismo.
Con todo, el desgaste acumulado por Illa debido a la crisis de cercanías, las huelgas de profesores y médicos, y el aumento de la inseguridad en las calles, por un lado, y el fracaso del pacto de Junqueras con el incumplidor Sánchez, por otro lado, acabaron empujado a los dos dirigentes catalanes a cambiar el tablero con los presupuestos.
Otro factor que explica el movimiento actual de Illa y Junqueras son las elecciones generales. El tripartito 3.0 está programado para ejercer de vanguardia del «frente amplio» de la izquierda y el nacionalismo -su eje es el proyecto de reforma confederal de la Constitución-, con el que Sánchez pretende para aglutinar una nueva mayoría parlamentaria. Pero en el caso de fracasar, y que se materialice un gobierno de PP y Vox, el tripartito catalán será la principal oposición institucional y social de Madrid. La función que históricamente ha unido a PSC y ERC. El retorno del Pacto del Tinell.
