Publicado: mayo 16, 2026, 6:07 am

Pedro Sánchez ha disparado este viernes su último cartucho para evitar el desastre socialista en las elecciones andaluzas apelando a la «coherencia» del votante de izquierdas y tratando de convencerle de elegir la papeleta del PSOE en vez de las de las otras candidaturas del mismo espectro ideológico, esto es, Por Andalucía y Adelante Andalucía.
Sánchez, que ha protagonizado el mitin de cierre de campaña en Sevilla junto a la candidata, María Jesús Montero, ha hecho un llamamiento desesperado a la movilización identificando el voto al PSOE con los avances (frente a los retrocesos con el PP), los derechos (frente a los recortes) o la sanidad pública (frente a las privatizaciones).
Lo ha hecho tras defender su gestión en los casi 3.000 días que lleva como presidente y felicitándose por haber hecho de su gobierno «la voz clara de la razón, el compromiso y el no a la guerra». También ha sacado pecho por los avances conseguidos: «Menudo cambio que le hemos dado a este país», ha apuntado, y ha defendido que con un gobierno del PSOE en Andalucía «podemos avanzas más y más rápido».
La propia Montero se ha centrado, igualmente, en pedir el voto de izquierdas dirigiéndose, directamente, a las mujeres, a los trabajadores, a los jóvenes y a la «clase media», instando a la movilización, como ha hecho durante toda la campaña, y repitiendo, una vez más, que «somos la mayoría y si votamos, ganamos».
Con este mitin, celebrado en el Palacio de Congresos de Sevilla, Montero cierra una campaña (y una precampaña) que se ha convertido en un auténtico calvario plagados de obstáculos que ella misma ha propiciado con sus errores de estrategia y deslices verbales. El objetivo, a 48 horas de las elecciones, ya no es romper la mayoría absoluta del PP, sino contener el fracaso histórico al que apuntan las encuestas.
Ese calvario empezó el 24 de marzo, cuando María Jesús Montero se sentó, por última vez, en la sala Tàpies del Palacio de la Moncloa. Fue su último consejo de ministros y su despedida, oficial, como vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda. Ese mismo día, el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) publicaba el decreto, firmado por el presidente andaluz, Juanma Moreno, por el que quedaba disuelto el Parlamento autonómico y se convocaban las elecciones para el 17 de mayo.
Durante casi un año -fue proclamada candidata a la Junta el 26 de junio de 2025- tuvo un pie en Madrid, a la derecha de Pedro Sánchez, y otro (sobre todo los fines de semana) en Andalucía, alternando sus roles institucional y orgánico según el día y el lugar en el que se encontraba.
Pero el anuncio, el día 23 de marzo, de la convocatoria algo anticipada de los comicios la obligó a dejar su cargo de vicepresidenta y ministra para centrarse, 24/7, en Andalucía y en la misión que le había encomendado Sánchez cuando la designó: levantar a un PSOE andaluz noqueado tras los peores resultados de su historia en las elecciones de 2022 y que no encontraba el camino hacia la recuperación.
Desde aquel 24 de marzo han pasado 54 días, una precampaña y una campaña electorales, en los que Montero ha ido encadenando errores que han ido acumulándose en la mochila que ya traía de Madrid por su identificación plena con el sanchismo y su defensa a ultranza de la gestión del gobierno socialista, incluidos los pactos con los independentistas catalanes, en los que ella misma tuvo un papel protagonista. Hasta el punto de que, casi dos meses después, no solo no parece que vaya a tener éxito en aquella tarea, sino que todo apunta a que se encamina a un desastre sin paliativos el próximo domingo, con la encuestas, todas, coincidiendo en un descenso de escaños respecto a 2022 que supondría agravar, todavía más, la crisis en la que el partido lleva desde entonces.
El día 1 de la agonía electoral que para Montero han supuestos estos 54 días puede fijarse el mismo 24 de marzo. Si por la mañana se despidió de sus compañeros ministros en La Moncloa, por la tarde abrió las puertas la sede regional en Sevilla, en la calle San Vicente, para oficializar su llegada (definitiva) a Andalucía. Lo hizo con una intervención que tuvo un enorme impacto, pero no el que ella y su equipo hubiesen deseado, sino todo lo contrario.
Montero aprovechó su puesta de largo como candidata socialista para autoproclamarse como «la mujer más poderosa de la democracia» en España, al tiempo que hacía énfasis en cómo había dejado esa posición para venir a Andalucía a disputar la Presidencia de la Junta a Juanma Moreno.
«Me permiten que ponga en valor lo que me parece que tiene más valor (…). Que una persona con ese recorrido, con ese número de funciones que tiene asignadas, decida venir a Andalucía a disputar unas elecciones autonómicas para rescatar a los ciudadanos andaluces del desgaste y el deterioro de los servicios públicos (…) Eso no se ve habitualmente», dijo. Y, al minuto, fue pasto de los memes, que no han dejado de acompañarla.
Que la candidata del PSOE-A no despierta entusiasmo en las calles es algo que reconocen abiertamente en su partido, y aquellas palabras, a modo de tarjeta de presentación, no hicieron sino acentuar la antipatía por la ex vicepresidenta en una parte del electorado andaluz.
No han sido pocas las ocasiones, de hecho, en las que ha sido recibida con abucheos en eventos públicos. Le ocurrió en la Feria de Abril de Sevilla y, más recientemente, en la capilla ardiente de los dos guardias civiles que murieron mientras perseguían a una narcolancha en Huelva. «Fuera de aquí, no os queremos», fue alguna de las lindezas que tuvo que escuchar tras dejarla el Gobierno prácticamente sola en el funeral del agente Germán Pérez y el capitán Jerónimo Jiménez, al que no acudió ni un solo ministro.
Precisamente, aquel trágico suceso, que fue un torpedo más en su campaña, propició el que podría ser considerado el mayor error de María Jesús Montero o, al menos, el que mayor trascendencia ha tenido.
Sucedió durante el segundo debate televisivo, el celebrado este lunes pasado en Canal Sur Televisión, cuando la también secretaria general del PSOE andaluz calificó el fallecimiento de los dos guardias como «accidente laboral».
Las críticas cayeron sobre ella como un tren de borrascas encadenadas, sin interrupción y con fuerza. Las primeras desde la propia Guardia Civil y sus asociaciones profesionales, que clamaron contra la candidata, y el PP aprovechó la oportunidad para hurgar en la herida por la que, cada vez más, sangraba la cabeza de lista socialista.
Y la última polémica le ha venido por la campaña masiva de llamadas telefónicas en las que se hacía alusión a una «próxima cita médica» con lenguaje y tonos que emulaban los de una operadora del Servicio Andaluz de Salud y que no solo le ha granjeado críticas, sino también el reproche de la Junta Electoral de Andalucía, que incluso obligó al PSOE a modificar el mensaje por «inducir a confusión».
La agonía de Montero la han ido reflejando, casi en tiempo real, las encuestas que se han publicado en estas semanas. En las tres que ha publicado EL MUNDO desde la precampaña, el PSOE nunca ha tenido garantizado siquiera conservar los 30 escaños que logró su anterior candidato, Juan Espadas, hace cuatro años y su respaldo electoral se ha situado entre el 23% y el 24%.
Ni siquiera la presencia de Pedro Sánchez en la campaña -ha venido en seis ocasiones- ha servido para levantar el ánimo y las expectativas electorales del socialismo andaluz. Este mismo viernes, el presidente del Gobierno ha sido el gran protagonista del acto de cierre de campaña de Montero, un evento cerrado y de aforo limitado, como todos los actos de su agenda de campaña.
Allí, Sánchez ha defendido a Montero como «la mejor candidata» y se ha deshecho en elogios hacia «una mujer tenaz, comprometida, trabajadora, alegre…».
Pero ni la implicación del presidente ni una campaña centrada en la defensa de los servicios públicos, en especial de la sanidad, que es el gran talón de Aquiles del ejecutivo de Juanma Moreno, han tenido el efecto esperado y el PSOE andaluz llega al 17 de mayo entre la resignación y la esperanza de que, al menos, se puedan salvar los muebles y el desastre no sea total. Esto es, que la mayor aspiración ahora mismo es conservar los 30 escaños de 2022.
En los restos, los votos que deciden los últimos escaños en las circunscripciones provinciales, están las últimas esperanzas del equipo de Montero, que aún confía en que en un puñado de provincias puedan arañar votos y escaños a modo de tabla de salvación que evite el hundimiento del proyecto socialista.
Fuentes de la ejecutiva del PSOE-A señalan que esos últimos escaños se van a decidir «por muy pocos votos», no más de un millar, apuntan, y ahí esperan en que en esta ocasión salgan ellos beneficiados después de que en 2022 el PP se los llevase prácticamente todos.
