Publicado: mayo 1, 2026, 4:07 am

Las cifran mejoran, pero muy lentamente y, según los últimos datos, solo el 28,9% personas con discapacidad en edad de trabajar tiene un empleo, 40 puntos por debajo de la población general. Y lo mismo ocurre con la tasa de paro, siete puntos más alta que entre la población sin discapacidad, 18,5% , frente al 11,2%.
El derecho al trabajo, y todo lo que conlleva es, por tanto, uno de los derechos más vulnerados entre las personas con discapacidad, teniendo en cuenta que la mayoría de ellas quiere trabajar, pero encuentra multitud de obstáculos para ejercer su derecho, un derecho que les permite acceder a otros, como una vivienda, una vida digna o incluso el ocio. El trabajo es, por tanto, la mejor forma de inclusión.
De luchar por ese derecho saben mucho Víctor Sánchez y Marta Galán, trabajadores del Achira, un Centro Especial de Empleo de Down Madrid, que da trabajo a 23 personas con discapacidad en sus distintas áreas: hostelería, donde dan servicios de catering; limpieza y conserjería y el taller de reprografía y artesanía, donde elaboran regalos personalizados para empresas y particulares.
Víctor, que ahora tiene 38 años, lleva casi tres en este centro, en el que es un experto en personalizar chapas y tazas y en imprimir camisetas: «Hacemos tazas, camisetas, tenemos pedidos tanto de empresas como de particulares y personalizamos productos de merchandising y regalos: Ropa, bisutería, tazas… y también vamos a mercadillos», nos cuenta.
A él en concreto, como tiene mucha fuerza, se le da muy bien el textil y manejar la plancha de presión.
Marta, de 27, en cambio, solo lleva un mes en Achira, pero ya destaca en varias cosas. Hace muy bien el etiquetado y el embolsado para que el productos llegue al cliente muy bien presentado, y es una crack en los eventos, que además le encantan. «Como no tengo tanta fuerza como Víctor, yo me ocupo más de los detalles, tanto en los en los productos como en los eventos».
Esta es, de hecho, una de las claves del éxito de la inserción laboral de las personas con discapacidad intelectual, tanto en el empleo ordinario como en el protegido, que cada trabajador tenga un área de especialización y la personalización. «Antes de ponerlos en un puesto u otro, se analizan sus fortalezas y sus talentos, pero también sus gustos y preferencias personales», explica María Jesús, encargada.
Aconsejo a todas las personas con discapacidad que sigan formándose y que no renuncien a su sueño de trabajar
También es importante tener alguien de apoyo y que se atiendan sus necesidades, algo que es más complicado en la empresa ordinaria. En Achira, tanto Víctor como Marta tienen una jornada reducida. De este modo, ambos pueden compaginar el trabajo con otras actividades, tanto obligaciones como otras que contribuyen a mejorar su calidad de vida, como terapias, formación o deporte. Marta trabaja de cuatro horas, además de dar clases de canto y prepararse una oposición; y Víctor trabaja dos, pues compagina el trabajo con la asistencia a un centro ocupacional. «Estoy deseando que me suban las horas, ya se lo he pedido muchas veces», insiste.
Ambos tuvieron experiencias previas. Víctor en el centro especial de empleo de otra entidad y Marta en una clínica dental. «Tuvo que dejarlo porque era muy exigente laboralmente para ella, porque, además tener síndrome de Down, tiene discapacidad visual, por eso necesita un entorno como este, más protegido», cuenta María Jesús.
Sin embargo, ambos quieren dejar claro que trabajar en un centro especial de empleo o tener discapacidad no es ni mucho menos sinónimo de trabajar menos o peor. «Aquí tenemos un lema», cuenta Víctor orgulloso, «las chapuzas no valen para nada. Tenemos que buscar siempre la calidad y la excelencia. Somos profesionales».
Aquí tenemos un lema: las chapuzas no valen para nada. Tenemos que buscar la calidad y la excelencia. Somos profesionales
Fuente de felicidad, inclusión, independencia y derechos
Tanto para Marta como para Víctor trabajar es mucho más que un sueldo: es dignidad, es autonomía, es autoestima, además de una fuente de inclusión, e incluso de bienestar emocional. «El trabajo me hace muy feliz, tengo una buena jefa, que me trata muy bien y me hace sentirme como en mi casa. Además, hago lo que me gusta y así puedo ir ahorrando, porque algún día me gustaría independizarme«, asegura Marta sonriendo.
Víctor, que está deseando trabajar más, reivindica, además, su derecho a hacerlo, como cualquier otra persona. «Como todos los demás, lo que queremos es una oportunidad, tanto de trabajar como de demostrar que tenemos talento. Si nos dan oportunidades, demostraremos que podemos trabajar. Como todo el mundo, nosotros queremos poder formarnos, trabajar, tener una nómina, un sueldo, una jubilación… una vida digna».
Ambos han luchado tanto para estar aquí que no están dispuestos a renunciar a sus sueños. Ella se formó como técnico auxiliar del entorno educativo, y, aunque, hasta ahora, no ha conseguido trabajar en ello todavía, pues los entornos educativos son complicados para ella, tiene claro que es su vocación. «No ha podido ser, pero sigo preparándome y estoy estudiando una oposición», nos cuenta.
Pero este no es su único sueño, pues, durante años ha anhelado convertirse en cantante. «Ahora lo tengo como hobby, pero estudié cinco años, y me encanta cantar, por eso aconsejo a todas las personas con discapacidad que sigan formándose y que no renuncien a su sueño de trabajar», insiste.
Víctor, mientras espera que le suban las horas para trabajar más, da rienda suelta a su gran afición: la meteorología. «Todos los días nos da el parte, nos cuenta si va a llover, si va a haber una dana… nos lo pasamos muy bien», cuenta María Jesús riendo.
