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La estrella alimentaria

Publicado: julio 24, 2026, 2:08 pm

El verano ha venido cargado de acontecimientos que nos han unido más de lo que cabía esperar. Primero Bad Bunny congregando a millones de personas, después el Papa León con su mensaje de concordia y más tarde la explosión de alegría colectiva que nos ha dado la Selección. El triunfo de la Roja aporta también influencia internacional y un empujón a la Marca España que suma ahora el prestigio de un futbol elegante a los activos existentes de la alimentación, la gastronomía y el turismo.

Pero el fútbol por sí solo es una ilusión, un resorte que enciende nuestro potencial identitario y nos ayuda a superar por unas semanas la polarización. Una explosión de orgullo y alegría colectiva. España tiene otros equipos que llevan años compitiendo al máximo nivel. El sector agroalimentario español, nuestra cultura gastronómica, son tesoros para preservar con la misma visión estratégica que hemos tenido para construir un equipo casi imbatible.

Por dimensión económica, empleo, capilaridad territorial, exportaciones y capacidad de abastecimiento, la industria alimentaria se ha consolidado como un sector estratégico para España. Primer sector industrial, más de 137.000 millones de euros de producción, más de 52.000 millones en exportaciones, 487.000 empleos directos y millones de empleos indirectos. El sector no solo produce alimentos, sino que genera valor económico, social, territorial y reputacional. Por otro lado, hemos afrontado crisis financieras, COVID, inflación, guerra de Ucrania, tensiones energéticas, problemas logísticos, sequía y conflictos geopolíticos. En esos momentos hemos demostrado una resiliencia extraordinaria.

Los retos que tenemos son enormes, como afrontar varias Copas del Mundo al mismo tiempo. La presión climática, la volatilidad geopolítica, los costes energéticos, la regulación, la sensibilidad del consumidor al precio y la transformación del consumo obligan a jugar con mucha más precisión. Pero quizá el gran desafío esté en mantener el equilibrio entre todos los eslabones de la cadena: el campo, la industria, la distribución, la hostelería y el consumidor. Si uno se rompe, se tensiona todo el sistema. No se puede pedir más sostenibilidad sin garantizar rentabilidad. No se puede exigir precio bajo sin cuidar la calidad. No se puede hablar de seguridad alimentaria sin proteger a quienes producen, transforman, transportan y venden.

La fortaleza del sector dependerá de que sepamos competir mejor, sí, pero también de que entendamos la alimentación como una cadena de valor compartida, no como una suma de intereses enfrentados. Nuestro deber es cuidarlo y defenderlo como si fuera una estrella más en la camiseta.

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