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La operación más peligrosa del mercado vuelve a estar de moda

Publicado: julio 20, 2026, 6:08 am

Los inversores en divisas vuelven a lanzarse sobre una estrategia que hace menos de dos años provocó una de las mayores situaciones de pánico en las bolsas en la última década. Goldman Sachs sostiene que el carry trade ofrece ahora una de sus mejores oportunidades desde el año 2000, gracias a que las diferencias entre los tipos de interés siguen siendo amplias y las monedas se mueven menos de lo habitual.

El mecanismo consiste en pedir dinero prestado en un país donde los tipos son bajos y colocarlo en otro donde se paga más. El inversor se queda con esa diferencia mientras la moneda utilizada para financiar la operación no se encarezca demasiado. La estrategia se mueve dentro de un mercado que negocia 9,6 billones de dólares al día, un 28% más que en 2022, y puede extenderse mediante derivados y deuda hacia bonos, acciones o materias primas.

Una ganancia anual del 4% puede borrarse en pocos días cuando la moneda en la que se pidió prestado sube con fuerza. Las pérdidas obligan entonces a recomprarla, esa demanda empuja todavía más su precio y los inversores terminan vendiendo otros activos para devolver el dinero. Una estrategia pensada para cobrar poco a poco se convierte así en una salida de emergencia.

Tipos distantes

Goldman Sachs calcula que el peso de los intereses en la rentabilidad de las divisas del G10 se encuentra cerca de sus niveles más altos desde el año 2000. Los tipos siguen muy separados entre unos países y otros, mientras los movimientos de las monedas permanecen lo bastante contenidos para que la ganancia compense el riesgo. Esa combinación ha vuelto más atractivas las estrategias de inversión con grandes divisas desarrolladas frente a algunos mercados emergentes. Estos últimos pagan intereses mayores, pero también pueden sufrir movimientos más bruscos y resulta más difícil salir cuando las operaciones empiezan a torcerse.

Una cartera que compraba las cinco monedas del G10 con mayor rentabilidad y vendía las cinco que menos pagaban acumulaba algo más de un 4% durante las primeras semanas de 2026, según cálculos de Citi. La estrategia resistió incluso durante varios episodios de tensión geopolítica, ayudada por el hecho de que algunas monedas con tipos altos también subieron y añadieron una segunda fuente de beneficio.

El yen japonés y el franco suizo vuelven a ser dos de las monedas favoritas para pedir prestado, junto al euro y el dólar canadiense en algunas operaciones. Goldman destaca las apuestas en el dólar estadounidense frente al canadiense, el euro y la libra frente al franco, y el dólar australiano frente al neozelandés. La entidad no mira únicamente cuánto paga cada operación. También calcula cuánto puede moverse la moneda mientras el inversor espera cobrar, una relación que en algunos de esos cruces se encuentra cerca de máximos de varias décadas.

El dólar permite además comprar monedas que ofrecen intereses todavía más altos, aunque Goldman también ve valor en mantenerlo frente a varias divisas utilizadas como financiación. Esa estrategia genera una rentabilidad anual aproximada de entre el 3% y el 4%, apoyada en unos tipos estadounidenses que todavía superan con claridad a los de Japón o Suiza.

El precedente peligroso

El Banco de Japón elevó en julio de 2024 su tipo de referencia hasta el 0,25%, justo cuando los inversores comenzaban a esperar bajadas de tipos por parte de la Reserva Federal (Fed). El yen subió cerca de un 13% en apenas un mes y dejó sin margen a quienes habían pedido dinero prestado en Japón para invertirlo fuera, obligándoles a cerrar operaciones construidas durante años.

El resultado fue un desplome del Nikkei de más del 12% el 5 de agosto, su mayor caída diaria desde 1987. El pánico se trasladó también a las grandes tecnológicas estadounidenses y a otros activos comprados con dinero barato japonés, mientras el yen acumulaba un rebote superior al 11% desde los mínimos del mes anterior.

Goldman Sachs explicó entonces que el problema había ido mucho más allá de una simple operación entre dos monedas. Los fondos habían utilizado yenes baratos para comprar acciones, deuda empresarial y otros activos de riesgo, de modo que la subida de la divisa japonesa terminó provocando ventas en mercados aparentemente alejados de Tokio porque los inversores necesitaban liquidez para compensar las pérdidas.

¿Se repetirá la misma historia?

La diferencia en 2026 está en que algunas de estas operaciones dependen menos de que Wall Street continúe subiendo. Goldman cree que varios cruces han conservado sus ganancias incluso durante episodios de mayor nerviosismo, lo que permite utilizarlos como una fuente adicional de rentabilidad dentro de las carteras. Mientras tanto, la debilidad del yen mantiene vivo el incentivo para seguir pidiendo dinero prestado en Japón. La moneda continúa cerca de mínimos de cuatro décadas frente al dólar y el mercado duda de que las subidas de tipos del Banco de Japón (BoJ) puedan recortar pronto la enorme distancia que todavía existe con Estados Unidos.

Una intervención de las autoridades japonesas podría hacer subir el yen de golpe, aunque su efecto sería limitado si los tipos permanecen muy separados. El riesgo aumentaría de verdad si el BoJ sube los tipos, la Fed baja los suyos o los grandes inversores japoneses venden activos extranjeros para llevar el dinero de vuelta al país.

Cualquiera de esos movimientos obligaría a recomprar yenes a quienes llevan meses vendiéndolos para financiar sus apuestas. El mercado vuelve a ganar dinero con la misma tranquilidad que precedió al desplome de agosto de 2024, mientras una de las monedas más utilizadas del mundo permanece otra vez cerca de los niveles que provocaron el último sell-off en los mercados.

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