Publicado: noviembre 4, 2026, 3:07 am
Pese al empeño del Rey y del gobierno de Pedro Sánchez, muy poco queda en la XXX Cumbre Iberoamericana de antiguos esplendores, como el vivido en Madrid en 1992 durante el segundo foro con jefes de Estado a ambos lados del Atlántico. En aquel entonces el propio Felipe González acudió a Barajas a recibir a los comandantes revolucionarios Fidel Castro y Daniel Ortega. Era el preludio de la gran fiesta iberoamericana.
Para la pequeña historia de estos cónclaves quedaron entonces las palabras del dictador cubano, quien al comprobar cómo le gritaban los disidentes de la isla, concentrados frente a la Casa de América, aseguró vehemente que en su país esas cosas no pasaban.
Transcurridos 34 años, ni el presidente cubano heredero de los Castro, Miguel Díaz-Canel, ni el propio Ortega, al frente de una dictadura dinástica, han acudido a la cita española. A la postre, sólo siete mandatarios americanos participarán en una cumbre descafeinada: tres presidentes sudamericanos (Argentina, Chile y Bolivia), tres centroamericanos (Costa Rica, Honduras y Guatemala) y un caribeño (República Dominicana). Todos ellos forman parte del llamado Escudo de las Américas, la coalición política y militar propiciada por Washington, la actualización que Donald Trump ha ideado para la famosa Doctrina Monroe.
El giro político en el continente, empujado desde la Casa Blanca, parecía imparable hasta el sorprendente triunfo de Lula da Silva en Brasil, convertido en la actualidad en el gran líder de la llamada Patria Grande, el sueño integrador de Simón Bolívar que cobija a izquierdistas, revolucionarios y populistas. Además del brasileño, el cubano y el nica, ni la mexicana Claudia Sheinbaum ni el uruguayo Yamandú Orsi han acudido a la llamada de Madrid.
En el bloque de azul se echa de menos al ecuatoriano Daniel Noboa, conocido por sus constantes viajes al extranjero pero que esta ocasión se ha visto atrapado por el impacto meteorológico de El Niño, que el domingo inundó Guayaquil con una tormenta que en pocas horas multiplicó por cuatro el agua prevista para todo noviembre. Una situación muy parecida a la que vive la peruana Keiko Fujimori, aunque en ambos casos también las crisis de seguridad y violencia les maniatan en sus países. Las encuestas tampoco ayudan a la hija del dictador: el 68% de los peruanos considera que no hay avances en la lucha contra la delincuencia y el 51% estima que no demuestra capacidad para ser presidenta y sacar al país andino del atolladero en el que vive.
El paraguayo Santiago Peña se bajó de la cumbre cuando ya se le esperaba en varios encuentros y el colombiano Abelardo de la Espriella, inmerso en su campaña contra mafias y guerrillas, prometió durante la campaña electoral que no viajaría al exterior durante sus cuatro años de presidencia. El cónclave de Madrid también ha atrapado al salvadoreño Nayib Bukele en pleno operativo contra las pandillas haitianas, que emboscaron a las fuerzas centroamericanas en un barrio de Puerto Príncipe. Cuatro militares están desaparecidos desde entonces. En cambio, el panameño José Raúl Mulino decidió no viajar para presidir las Fiestas Patrias, que celebran el 123 aniversario de la separación de Colombia.
Quien sí ha llegado a Madrid, directamente desde Washington, es el flamante canciller venezolano, Oliver Blanco, quien estará al frente de la delegación revolucionaria tras confirmarse la ausencia de Delcy Rodríguez.
La presidenta encargada recibió ayer martes a un ministro portugués. «Vamos a recuperar a Venezuela y lo vamos a hacer mejor», prometió la pequeña de los hermanos Rodríguez, empeñada en su lema de precampaña electoral, basado en el nuevo renacer de Venezuela. Blanco, convertido en el hombre de confianza de Washington, se reunió con el secretario de Estado Marco Rubio sólo cuatro días después de ser ascendido desde la vicecancillería.
La estrecha alianza con la Casa Blanca de una revolución que en lo va de siglo encabezó la Patria Grande supone una de las grandes novedades en el mapa geopolítico de las Américas. Venezuela, que tanto dinero aportó para fortalecer la marea rosa izquierdista, todavía no forma parte del Escudo de las Américas. Eso sí, sus fuerzas armadas no han dudado en bombardear la semana pasada a la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en sus cuarteles de Apure, estado venezolano fronterizo con el país cafetero.

