Publicado: noviembre 3, 2026, 9:07 pm

Óscar Puente ha dimitido, ¿y qué? Dimitir con nueve meses de retraso, los que van desde Adamuz a Urda, no es la salida digna a la crisis que cree Pedro Sánchez, atrapado en su propia ratonera. El desgobierno del Gobierno ha costado al menos 115 vidas en las vías de la Alta Velocidad. Ha sido tan eficaz en la gestión a la inversa de todos los problemas desde hace ocho años que será poco fiable el propósito de enmienda que va a plantear en los próximos veinte días, de aquí a las elecciones. Para poner en perspectiva un poco la catadura moral del proyecto sanchista, en la construcción de un lugar seguro para que el número uno pudiera mantener el puesto de presidente, Puente acudió hace poco al programa de Marc Giró, donde bromeó con la inestabilidad del sistema que dirigía. Los problemas en el tren, hasta el accidente de Toledo, hacían reír al ministro de Transportes, eran motivo de chanza, servían para contagiar de amor a los votantes. Los muertos de Adamuz sufren el agravio comparativo de no haber sido suficientes. España ya es ese país en el que una tragedia se queda corta, son necesarias dos, o al menos una de ellas debe ocurrir cerca de las elecciones. Han tomado la dignidad como rehén.
Puente ha deshojado la dimisión como si fuese una margarita. Recuerda a los cinco días de asueto que Pedro Sánchez utilizó para preguntarle al país si estaba dispuesto a estar a su altura. En las últimas horas, algunas informaciones daban por hecha la continuidad de Puente, transmitían la seguridad del hombre que se tuiteaba encima, como si estuviera resolviendo un jaque mate. No hacía falta darse tanta importancia. Tampoco puede considerarse una dimisión al uso esta dimisión en el prime time, con todos los focos apuntando a la diva que daba explicaciones en la Diputación Permanente del Congreso. La autoconciencia de este Gobierno es el veneno que acabará con él: nadie puede gobernar un país estando más preocupado por sí mismo que por los ciudadanos. Ahora puede respirar. Ya puede ser otro soberbio de los que pululan por la vida, es razonable aguantar algunos comportamientos en privado, pero resultaba raro en alguien que debía administrar las vidas de los demás. Ni siquiera ha estado a la altura de sus muertes.
En cuanto ha terminado su intervención en el Congreso, Rufián se ha acercado al oído de Puente. «Has sido un gran ministro», le ha susurrado. Rufián es el canario en la mina: la dimisión airea el tufo a descomposición socialista. La caída de Óscar Puente es la primera esquela del sanchismo.
