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El incendio que cambió la lucha contra el fuego y creó la UME: «Hemos tocado techo en extinción pero falta cultura de riesgo»

Publicado: julio 11, 2026, 8:07 am

Hace exactamente 21 años, el fuego de una barbacoa mal apagada desencadenó en cuestión de horas el que hasta ayer era el incendio más mortífero en lo que llevamos de siglo en España. El devastador incendio de Los Gallardos (Almería) evoca el fantasma de la tragedia en La Riba de Saelices (Guadalajara), donde las llamas se llevaron por delante la vida de 11 miembros de un retén que luchaban contra el fuego. Aunque la imagen de su vehículo en medio de un páramo de ceniza quedó fijada aquel 17 de julio de 2025, muchas cosas han cambiado desde entonces.

La tragedia de Guadalajara, que arrasó 13.000 hectáreas y afectó a 11 pueblos, fue un punto de inflexión en la lucha contra el fuego en España. De hecho, introdujo cambios normativos de calado y, sobre todo, dio origen a la Unidad Militar de Emergencias (UME).

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó en octubre de 2005 la creación de la UME para intervenir «en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas». El acuerdo del Consejo de Ministros ya hacía referencia a que había quedado en evidencia «la magnitud de los riesgos de accidentes, calamidades o desgracias públicas que se ciernen sobre las llamadas sociedades del riesgo». A ello se sumó la reforma de la Ley de Montes, que endureció la protección de los terrenos forestales incendiados para evitar la especulación y reforzó la coordinación entre las distintas administraciones.

Los cambios se vieron, además, sobre el terreno. Como explica Víctor Resco, catedrático de Ingeniería Forestal en la Universidad de Lleida, tras el incendio de Guadalajara «quedó clara la necesidad de incorporar la inteligencia a la operativa contra el fuego». «Desde entonces, ya no vale ir con mangueras, sino que hay que saber anticiparse al incendio», resume. Se entendió, sobre todo en Castilla-La Mancha, que las unidades de análisis y planificación debían integrarse en la cadena de mando.

La realidad, sin embargo, es que nos enfrentamos a un «problema de protección civil importante». «En Europa muere más gente por incendios que por ataques terroristas», subraya Resco. Este experto destaca la gran inversión que se ha hecho en extinción de incendios, sobre todo en lo que tiene que ver con el aumento de medios, la formación de profesionales y la inteligencia. «Hemos tocado techo en extinción, pero falta cultura de riesgo», advierte.

Coincide con él Eduardo Rojas, profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural de la Universidad Politécnica de Valencia. Para este experto en gestión forestal, «hemos de tener instrucciones más claras para la población». De hecho, las víctimas en Los Gallardos encontraron la muerte al tratar de escapar por sus propios medios por una ruta distinta a la señalada para la evacuación. «Lo vimos con la dana. Las autoridades no siempre se atreven a dar instrucciones porque no hay ninguna base de cómo comportarse», recuerda Rojas.

«No tenemos cultura de la emergencia ni conciencia del riesgo, sobre todo cuando se vive en la interfaz urbano-forestal», afirma también Rafael Delgado, doctor ingeniero de Montes por la Politécnica de Valencia. De ahí que Resco proponga mejorar todo lo relacionado con la protección ciudadana, con la elaboración de «mapas de zonas inflamables», por ejemplo, para que la gente sea consciente del riesgo. Porque no va a desaparecer. Según este experto, «desde 2018 estamos viendo un repunte del área quemada y estamos volviendo a niveles que no se veían desde los 90».

«Hay que aprender a convivir con los grandes incendios», sentencia Ramon Maria Bosch, responsable del Comité Sectorial de Incendios Forestales de Tecnifuego, la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios. «La no gestión del territorio está generando continuidad del combustible como consecuencia del abandono rural», señala. «La continuidad de bosque en el monte provoca que un incendio sea cada vez más voraz y más difícil de apagar».

De ahí que Resco inste a actuar sobre el combustible, esto es, sobre la vegetación a ras de suelo, más allá de centrar esfuerzos en la extinción. De lo contrario, apunta Delgado, «podremos tener los mejores equipos de extinción, pero el incendio no se apaga cuando queremos, sino cuando cambian las condiciones que propician los grandes fuegos».

Maria Bosch insiste en que «la carga energética de la atmósfera es cada vez más alta por el cambio climático», lo que hace que los incendios creen «su propia climatología». Hace 20 años, el comportamiento del fuego podía ser predecible en función del parte meteorológico. «Hoy ya no vale, porque el comportamiento del fuego es más errático y caótico», dice. Si antes los bomberos podían anticiparse en función del viento, por ejemplo, hoy pueden verse atrapados y sorprendidos por el avance del fuego.

Todos los expertos coinciden en la necesidad de gestionar y vertebrar el territorio como «la única manera de influir a corto plazo en los incendios», en palabras de Maria Bosch. «El día que una pareja joven pueda iniciar un proyecto de vida en el medio rural y tenga las mismas oportunidades que en el medio urbano, ese día se habrá acabado la desvertebración territorial», asegura Delgado, para quien «la única forma de fijar población es generar actividad económica». «A lo que antes era territorio rural, hoy los urbanitas le ponen la etiqueta de territorio natural y de protección. Eso es lo contrario de lo que tenemos que hacer contra los incendios», advierte.

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