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Ábalos, en su derecho a la última palabra: «¿Creen que yo ignoro las gestiones de otros ministros?»

Publicado: mayo 7, 2026, 2:07 am

El turno de última palabra de Koldo García y José Luis Ábalos se convirtió ayer en una segunda ronda de declaraciones. Víctor de Aldama declinó añadir nada a lo que su letrado había expuesto en la sesión de la mañana, pero el ex asesor en Transportes empleó 25 minutos y el ex ministro llegó a los 40.

«Me juego la poca vida que me queda, que tampoco es demasiada», arrancó el ex secretario de Organización del PSOE, dando trascendencia a lo que quería comunicar. Para comenzar, fueron dos quejas conjugadas: era víctima de «una causa predeterminada» y de una presión mediática «orquestada, financiada, guiada y nutrida de filtraciones de la propia investigación». Criticó «los juicios paralelos que intoxican los procesos judiciales» y consideró «imposible» defenderse de ellos cuando la causa es «de esta magnitud». «Se me juzga más como persona que por hechos. Tras la denuncia por las mascarillas, se provocó una causa general. Yo veo un repaso, no solo a los años de ministro, sino sobre 10 años de mi vida».

Ábalos reconoció que, tras prestar declaración como acusado el pasado lunes, salió «un poco desesperanzado». Y que tras escuchar ayer el informe final del fiscal jefe de Anticorrupción, confirmó que su intervención no había valido «para nada».

Criticó la actuación del acusado Víctor de Aldama y cuestionó las supuestas aportaciones a la causa a las que horas antes se había referido el fiscal jefe de Anticorrupción en su informe final. «En su declaración, dijo que Sánchez es el número uno de la organización criminal. Yo no creo que se complete su declaración con eso», dijo Ábalos, sobre una frase de Aldama que el propio fiscal jefe había desechado. También calificó de «fábula» la explicación de Aldama, a través de su defensa, de que la organización que le «captó como una secta» existía desde 2015. «Yo el año 15 no conocía a estos señores». «Qué mal le he podido hacer», se preguntó en voz alta sobre el coacusado cuya confesión sustenta parte de la acusación.

En otra línea de defensa, Ábalos minimizó la relevancia de los contratos en empresas públicas de su ex novia Jésica Rodríguez y de su amiga -no está claro en qué grado- Claudia Montes. «Dos contratos temporales de dos plazas masivas. ¿Eso es colonizar la administración?», dijo, de nuevo en referencia a la expresión usada por Anticorrupción en su informe. «Dos contratos temporales. Esto es hacerles perder a sus señorías el tiempo», concluyó.

El ex ministro no solo minimizó esos dos contratos a dedo, traducidos por las acusaciones en dos delitos de tráficos de influencias. También estimó ridículas las cantidades por las que supuestamente se habría corrompido. «¡Diez mil euros! ¡Qué barato soy!», exclamó, en referencia a la mensualidad que Aldama asegura que estuvo pasando a Koldo para disfrute de ambos. En realidad, eso era solo para el gasto corriente. Las presuntas comisiones y dádivas llegaban por otros lados.

En este punto, lanzó lo más parecido a un aviso que se escuchó en su intervención de ayer. «¿Creen que yo ignoro las gestiones de otros ministros, actuales y pasados?», afirmó.

Las extensas últimas palabras tuvieron su propio apartado de últimas palabras. Ábalos puso voz a Alonso Martínez, autor de la decimonónica Exposición de Motivos de la aún vigente Ley de Enjuiciamiento Criminal. Fueron las líneas que mencionan «dos cosas a cual más funestas» ara el ciudadano en su trance: «una, que al compás que adelanta el sumario se va fabricando inadvertidamente una verdad de artificio que más tarde se convierte en verdad legal, pero que es contraria a la realidad de los hechos y subleva la conciencia del procesado; y otra, que cuando éste, llegado al plenario, quiere defenderse, no hace más que forcejear inútilmente, porque entra en el palenque ya vencido o por lo menos desarmado».

Antes que Ábalos había intervenido Koldo García que insistió en una línea de defensa también empleada por el ex ministro y que mira más a un recurso ante el Constitucional que a la sentencia que dicte el Supremo: la indefensión que aseguran haber sufrido al no haber podido acceder a los dispositivos electrónicos que se les incautaron. Pocos en el caso del ex ministro; multitud en el del ex asesor. «Tantas y tantas cosas que podría demostrar si tuviera los móviles. Si yo tuviera los móviles les podía explicar la verdad y la verdad es que a mí me han ofrecido mentir y que no entrara en la cárcel».

Con la última palabra, y ya de noche, el presidente del tribunal pronunció el «visto para sentencia, el juicio ha terminado». La Ley que citaba Ábalos da «tres días» de plazo para dictar sentencia, pero el Supremo, como el resto de tribunales, se tomará el tiempo que le parezca.

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