Publicado: octubre 31, 2026, 1:07 am
«El cargo de un ministro está siempre a disposición del presidente». La reflexión la hace un buen conocedor de la maquinaria gubernamental. Aunque esta regla siempre está vigente, tras la tragedia ferroviaria de Urda (Toledo), que se ha cobrado la vida de al menos 69 personas, el titular de Transportes, Óscar Puente, puso su cartera a disposición de Pedro Sánchez. El jefe del Ejecutivo le trasladó que no debía dimitir porque sería «injusto». En una crisis que zarandea no sólo a un miembro del Gobierno, sino a todo el gabinete, Sánchez apela a la doctrina Marlaska como cortafuegos para evitar que todo escale hacia su persona: pese a la presión no entrega, al menos a día de hoy, la cabeza, bajo la máxima de que eso supondría reconocer culpabilidad en los hechos.
Marlaska es uno de los ministros supervivientes desde 2018 junto a Margarita Robles y Luis Planas. Ha protagonizado numerosas crisis, muchas de ellas delicadas y de impacto para el Gobierno, y siempre ha contado con el «respaldo absoluto» de Sánchez, como ahora Puente. Como ha hecho en ocasiones anteriores el titular de Interior, el de Transportes ejercer ahora de «escudo protector», esto es, hace de rodela en un tema muy delicado, recepcionando los golpes y evitando o, al menos, retardando que estos lleguen al presidente del Gobierno.
«Lo fácil para mí es salir. Pero ni es eso lo que va con mi carácter ni tampoco es lo que el presidente del Gobierno me ha pedido», sentenció Puente en su larga comparecencia ante la prensa, este viernes, respondiendo a todas las preguntas que se le plantearon. «Porque esa es la otra posibilidad: que quien me pone al frente de esto considere que soy un problema o que es mejor para el proyecto de país que yo esté fuera del proyecto. Yo nunca voy a ser un problema».
Aquí está una de las claves: Sánchez, en estos momentos, no cree que sea un problema. Más bien es la solución para él: la persona que debe dar la cara, las explicaciones, permitiéndole a él estar más a resguardo. Como ha hecho Marlaska con asuntos, como éste, muy delicados para el Ejecutivo y que verdaderamente zarandean sus cimientos. Ambos ministros protagonizaron este jueves un sentido abrazo.
Sánchez y Puente llevan en contacto permanente desde el miércoles a primera hora, cuando se produjo el choque de los trenes en Urda. Este jueves, ambos estuvieron juntos dos horas y media en la reunión que hubo en el centro de control H24 de Adif, en la estación Madrid Puerta de Atocha, para evaluar lo sucedido y preparar las explicaciones.
El jefe del Ejecutivo, que lleva desplazándose desde el miércoles a Toledo, con comparecencias sin preguntas, insistió ayer: «No es asumible para un país como España, con un sistema de alta velocidad tan potente como el que tenemos, sufrir dos accidentes de estas características y de esta magnitud en un año». Pero si el miércoles apuntó que «se tomarán todas las medidas que se consideren oportuno y con total contundencia», este viernes moduló el mensaje: «Lo que vamos a hacer no es solamente investigar cuáles son las causas de lo sucedido, sino aportar soluciones».
Fuentes socialistas consultadas sobre la situación de Puente, remiten a José Luis Rodríguez Zapatero. Reflexionan que tanto el ex presidente como el ministro son -o eran- dos de los activos que más movilizaban a la militancia, de los que más sintonía y adeptos tenían entre las bases. Y perder a dos «pilares» en menos de seis meses supone un duro varapalo para Sánchez, sobre todo en un contexto como el actual de precampaña, con elecciones en un mes. Uno queda tocado por su investigación judicial; el otro por las dos tragedias ferroviarias.
Está por ver qué papel juega Puente en la campaña, si juega alguno.

