Publicado: octubre 15, 2026, 6:07 am
Sin acusaciones explícitas, pero con rotundidad, Felipe VI ha llevado a cabo en Melilla una declaración de respaldo a una ciudad que conoce el precio de su posición geográfica. En el Hotel Melilla, ante una población marcada por la «inquietud» y la incertidumbre de vivir en una frontera expuesta a las tensiones con Marruecos, el Rey ha querido trasladar un mensaje de cercanía y firmeza. «Que nadie confunda nuestras convicciones con debilidad. Estamos preparados para defender nuestros valores y nuestras libertades», ha sentenciado en el discurso que ha puesto el broche a su histórica visita a Ceuta y Melilla.
El monarca ha reconocido el desasosiego que atraviesan las dos ciudades autónomas, especialmente después de la crisis migratoria vivida en Ceuta este verano. «Nos emociona escucharos y sentirnos próximos a vuestros problemas, animándoos también ante el futuro», ha comenzado su intervención. Sin señalar responsables ni entrar en la confrontación diplomática, ha admitido que los acontecimientos recientes de inmigración masiva justifican la preocupación de sus habitantes. «La convivencia es un reto diario que durante siglos habéis gestionado con sabiduría», ha elogiado. «Los hechos de estas últimas semanas en Ceuta y, en cierta medida, aquí en Melilla, nos recuerdan la importancia de seguir trabajando unidos», ha afirmado el Rey. Una unidad que, ha precisado, no exige renunciar a las discrepancias políticas, legítimas e incluso «necesarias en una democracia avanzada«, pero sí anteponer «el entendimiento» y la «unidad institucional» con la estabilidad de ambas ciudades en juego.
El mensaje más contundente, sin embargo, llega cuando Felipe VI ha situado a Melilla más allá de su condición de territorio español. «Melilla es España y Melilla es Europa». La frase, pronunciada ante una ciudad que mira al continente europeo desde la orilla africana, trasciende la reafirmación identitaria. El Rey ha querido recordar que la frontera melillense no es una cuestión que España deba afrontar en solitario, sino también el límite exterior de una UE cuyos principios y responsabilidades son compartidos. «Una frontera única, que no distingue flancos ni puntos cardinales, pues se basa en un acervo compartido de derechos, libertades y responsabilidades ciudadanas», advierte, «cualquier amenaza a la frontera de un Estado miembro lo es, por tanto, al conjunto de la UE«.
Sin nombrar a Marruecos ni a Mohamed VI, la intervención ha adquirido una dimensión geopolítica inevitable. Las relaciones entre ambos países están atravesadas por la singularidad territorial de Ceuta y Melilla y por las tensiones que periódicamente se proyectan sobre sus fronteras. La visita de los Reyes a estas ciudades, «pendiente desde hacía demasiado tiempo», tiene por ello una dimensión que va más allá del protocolo. La presencia de la Corona constituye una reafirmación pública de la españolidad de ambos territorios, una cuestión especialmente sensible para Rabat. La visita de Juan Carlos I y la Reina Sofía a Melilla en 2007 ya puso de manifiesto esa fricción.
Felipe VI ha evitado, no obstante, convertir su discurso en una acusación contra el país vecino. Ha preferido formular una advertencia más amplia, dirigida a quienes pudieran interpretar la defensa de los principios europeos como una muestra de vulnerabilidad. «Es un estándar muy alto, fruto de un camino largo y difícil», ha dicho sobre el imperio de la ley y la dignidad de la persona para rematar, «pero que nadie confunda esas convicciones con debilidad. Estamos preparados para defender nuestros valores y nuestras libertades».
La defensa de la legalidad y de la dignidad humana aparece unida a la determinación de proteger las fronteras. El Rey deja claro que la voluntad de cooperación no debe confundirse con una renuncia a la firmeza. La diplomacia y la defensa de la soberanía no son incompatibles.
La apelación a la UE amplía el alcance del mensaje. Melilla no es una periferia que España deba proteger en solitario, se trata una parte de Europa cuya estabilidad afecta a todos los miembros. «Nunca dejéis de creer en el futuro de Melilla porque detrás de ese futuro, impulsándolo, estamos todos», ha afirmado, «está toda España -los ciudadanos, las instituciones, los poderes públicos- y está una Unión que reúne 27 estados democráticos». El «compromiso firme con el crecimiento social, económico y cultural» de Melilla se presenta como la «mejor garantía» de futuro que el Rey ha querido reivindicar frente a la incertidumbre del presente.
Remató su discurso con un mensaje a Rabat y el deber de «preservar una relación de buena vecindad, que mire por un futuro de provecho mutuo a través de la paz, la seguridad, la estabilidad y la cooperación». «Eso exige», subrayó, «confianza y responsabilidad basadas en la buena fe». «La Reina y yo no olvidaremos esta visita; nos vamos con ganas de volver», concluyó emocionado el Rey.

