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El Rey sobrevive al sanchismo

Publicado: octubre 14, 2026, 10:07 pm

En el legado del mandato de Pedro Sánchez, independientemente de cuándo llegue a su fin, destacará la deforestación institucional del Estado, después de que muchos de los organismos públicos fueran sometidos, desnaturalizados y finalmente reconvertidos en instrumentos al servicio del sanchismo. La entrevista de El País al presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, con el titular «Cuestionar al TC es cuestionar a la democracia» -debería haber puesto, para mayor precisión, «a la democracia de Sánchez»-, ilustra la corrupción institucional que emana del sanchismo: el Estado al servicio del interés personal del presidente.

Larga es la lista de instituciones que el Gobierno todavía manosea obscenamente -la Fiscalía General, el CIS, el Banco de España, la Abogacía del Estado, RTVE…-, pero hay dos puntales del sistema constitucional que han resistido a estos ocho años de asalto a la separación de poderes, la independencia y la pluralidad. Una de las instituciones que evitó la expropiación gubernamental es el Tribunal Supremo, que acaba de frenar el intento de Sánchez de alterar el censo electoral incorporando a miles de ciudadanos sudamericanos cuya relación más próxima con España es el recuerdo de sus antepasados.

La otra gran institución que ha preservado su independencia y vitalidad es la Corona, como puede concluirse del viaje oficial de los Reyes a Ceuta y Melilla. Es verdad que el entusiasmo popular con el que fueron recibidos don Felipe y doña Letizia deja un poso agridulce: lo que ahora resulta extraordinario y se celebra, su presencia en Ceuta y Melilla para recordar que son una parte «irrenunciable de España», debería formar parte de la normalidad de la Jefatura del Estado, cuya relación con las dos ciudades autónomas debe regirse por las mismas condiciones que con el resto de las regiones españolas y en ningún caso verse condicionada por el miedo a Marruecos.

Aun así, este sabor agridulce por años de ausencia no esconde que el viaje de la Corona a Ceuta y Melilla, posible gracias al empeño del rey Felipe por ejercer su papel constitucional, nos devuelve la imagen de la fortaleza de la institución monárquica después de ocho años de cohabitación con un Gobierno abiertamente hostil. El primero de la democracia con ministros que han atacado públicamente a la institución -de Pablo Iglesias a Óscar Puente– y con un presidente que ha intentado controlar la agenda del Rey para ensombrecer su figura en España y usurparle en la política exterior el papel de jefe del Estado.

En el actual contexto de extrema polarización, con los socialistas decididos a recuperar el Frente Popular y el choque entre españoles, y cuando muchos ciudadanos lamentan el sentimiento de abandono que les embarga en momentos de necesidad -dana, incendios…-, la figura del Rey crece reforzada como un actor neutral, sensato, lejos de cualquier sectarismo, y es percibido como más cercano al pueblo que muchos representantes electos.

Don Felipe es la antítesis más clara de Sánchez. Dos maneras de ser y estar radicalmente opuestas. Y es esta distancia que los separa la que, por un lado, ha agrandado la animadversión del sanchismo hacia el Rey; y, por otro, es la que ha permitido a la institución Monárquica resistirse a las maniobras del Gobierno para neutralizarla. Su incompatibilidad ha preservado su independencia.

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