Publicado: octubre 11, 2026, 2:07 am

El chico, de 19 años, debería haber aparecido en las páginas de este diario con nombre y apellidos y mostrando su rostro. Lo entrevistamos y fotografiamos hace unos días en la playa de El Trampolín. Allí se había instalado en una tienda de campaña con forma de iglú como a la mitad del asentamiento chabolista, que entonces ocupaba más de un kilómetro de largo. Nos llamó la atención por lo peculiar de la profesión a la que se dedicaba y la relevancia que había adquirido en Marruecos desempeñándola. «Allí no tengo más oportunidades de crecer», explicaba por qué había decidido cruzar a Ceuta a nado el 28 de julio, dos días antes de la entrada masiva.
Si ahora ocultamos su identidad -lo llamaremos Omar– y su historia es porque es uno de los desalojados el fin de semana pasado de El Trampolín y se encuentra de vuelta en Marruecos. Está en la lista de los 1.823 inmigrantes que, según el ministro Ángel Víctor Torres, dedicieron regresar voluntariamente a lo largo del domingo y el lunes pasado tras el desmantelamiento del campamento.
Omar, sin embargo, niega que la vuelta a Marruecos fuera una decisión propia. Así, este jueves 8 de octubre, cuatro días después del desalojo, se ponía en contacto con este periódico pidiendo ayuda. «Me devolvieron a Marruecos. Volví el domingo. Estuve buscando tu número para poder ponerme en contacto contigo. (…) ¿Hay alguna posibilidad de que pueda volver? Te lo ruego. Ayúdame, por favor. Nunca olvidaré este favor que me hagas. Te estaré agradecido toda la vida», suplicaba.
«El domingo por la mañana vinieron soldados y agentes de seguridad [policías] y nos rodearon», respondía en dariya -la variedad del árabe usada en Marruecos- cuando le pedíamos más detalles de los sucedido. «Nos dijeron que nos iban a tomar las huellas y que después nos llevarían a los campamentos, pero antes de eso nos metieron en unos autobuses y nos llevaron directamente hacia la frontera. Después nos dijeron que Marruecos había llegado a un acuerdo con España para devolver a todos los migrantes. Y así terminó el sueño…».
-¿Exactamente quién os dijo que se había llegado a un acuerdo con Marruecos?
-Fueron los propios agentes españoles los que nos dijeron que habían llegado a un acuerdo con Marruecos para devolvernos.
Según el testimonio de Omar, por tanto, fueron desalojados de El Trampolín y subidos en los autobuses que supuestamente los iban a trasladar al CATE -Centro de Acogida Temporal de Extranjeros-. Allí, según el procedimiento que establece la legislación, los identificarían, les tomarían las huellas y, asistidos por un abogado y un traductor si lo precisaran, manifestarían si deseaban pedir asilo o no. Despúes, serían trasladados a los campamentos montados por el Gobierno para alojarlos hasta que se resolvieran sus expedientes. Los autobuses, sin embargo, asegura Omar, no se dirigieron al CATE sino directamente a la frontera. Al otro lado, cuenta, los esperaba el ejército marroquí, que los subió a otros autobuses. «Y nos llevaron a ciudades alejadas de las que vivimos», dice. Él, que es de Casablanca, acabó a 440 kilómetros, en Tinghir. El pasado viernes por la tarde se encontraba a 38 kilómetros de Casablanca, a punto de llegar a su ciudad natal.
Este diario ha recabado los testimonios de otros dos inmigrantes marroquíes desalojados el fin de semana pasado de El Trampolín que igualmente niegan haberse marchado voluntariamente a Marruecos y narran hechos similares. «Me cogió la Policía y me expulsaron a la fuerza», dice otro joven de 19 años. «Te coge la Policía y te dice: ‘Te vamos a llevar al campamento’. Te subes con ellos y te llevan directo a la aduana. Te cogen, te abren la aduana y te empujan como si no tuviera ninguna dignidad, como si fueras un animal o algo. Te empujan y sales. Y ya está. Te coge el ejército de Marruecos, te sientan y viene un autobús que te lleva directo a una ciudad lejos de la tuya», cuenta. Originario también de Casablanca, él acabó en Agadir, a 855 kilómetros de la frontera y a 473 de su casa.
En Kelaa des Sraghna -a 623 kilómetros al sur de la frontera- acabó Ibrahim, de 29 años, quien es originario de Tánger, que sólo está a 85 kilómetros de Ceuta. Así relata cómo fue su salida de la ciudad autónoma española. «Nos despertaron por la mañana [domingo] y trajeron a cuatro traductores. Nos dijeron que no tuviéramos miedo, porque nos iban a llevar a los campamentos. Después trajeron autobuses y subimos a ellos. Nos llevaron a la aduana y nos hicieron bajar en grupos de cinco. Nos iban haciendo entrar de cinco en cinco en un lugar dentro de la aduana. Allí encontramos a unas personas que llevaban chalecos verdes y que nos traducían. Nos dijeron que la decisión que se había tomado era que íbamos a regresar a Marruecos, tal como estábamos. Después nos sacaron hacia Marruecos, por la aduana. Nos registraron y nos quitaron las pertenencias que llevábamos con nosotros. Realizaron los trámites necesarios y nos subieron a un autobús que nos llevó a una ciudad situada en el sureste, llamada El Kelaa des Sraghna».
El mismo día que Omar se ponía en contacto con EL MUNDO pidiendo ayuda, el jueves pasado, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, mando único de la crisis migratoria, comparecía ante los medios de comunicación tras una reunión del Comité de Situación en Ceuta. Tras actualizar los datos de la entrada masiva -11.026 habían vuelto, 10.513 voluntariamente, dijo-, un periodista le preguntaba «sobre las acusaciones de algunos migrantes que dicen que la información que se le dio por parte de la Policía en el desalojo de El Trampolín no fue clara y que algunos pasaron a Marruecos, entre comillas, siendo engañados».
Torres respondía así: «No estamos engañando a nadie porque lo que estamos diciendo con claridad es que la mayoría de los inmigrantes que pasaron el 30 y el 31 de julio a Ceuta desde Marruecos son marroquíes y no tienen derecho a la protección internacional. Y cuando se les traslada, una vez que van en guaguas [autobuses], ahí solamente hay dos opciones: si se bajan de la guagua van al CATE y en el CATE se les explica que se les va a incoar el expediente. Un gran número lo que hace es regresar, porque no quieren tener, como digo, ese antecedente policial. Los que se quedan seguirán con sus expedientes y podrán durar más o menos semanas pero culminarán igual, serán devueltos».
Este diario ya contó que el domingo por la tarde noche -el primer día del desalopjo-, varios abogados ceutíes fueron movilizados con urgencia por petición de la Policía para que, en funciones de guardia, se trasladaran al CATE para asistir en el proceso de filiación y triaje de 140 inmigrantes que debían llegar en tres autobuses. El desconcierto de los abogados fue mayúsculo al ver llegar los autocares vacíos. Todos los inmigrantes que debían de llegar en ellos, les explicaron, o se habían escapado o habían decidido volver voluntariamente a Marruecos.
«El 24 de septiembre yo decía que antes del 15 de octubre teníamos previsto que esa playa pudiera ser desalojada. Hemos conseguido ese objetivo incluso antes del tiempo que habíamos marcado», se jactaba Ángel Víctor Torres tras el desalojo.
