Publicado: octubre 2, 2026, 3:00 am

Rusia provoca a Europa. Sabotajes cada vez más frecuentes, incursiones con drones, sobrevuelos intimidatorios, ciberataques de todo tipo, campañas de desinformación, asesinatos en suelo europeo y esta semana amenazó incluso con usar armas nucleares. Su «guerra híbrida» no es una hostilidad convencional, pero sí puede causar graves daños económicos, políticos, sociales y de todo tipo.
La tensión que estas acciones provocan ha subido de tono en los últimos meses, desatando la alarma en algunos países como Dinamarca, cuyos servicios de inteligencia alertan de un posible ataque ruso contra un país de la OTAN en los próximos meses. Se habla de una agresión con armas de largo alcance contra infraestructuras vitales de los países vecinos de Rusia, un ataque, dicen los daneses, limitado con el objetivo de obligar a Europa a desviar recursos armamentísticos para defender sus fronteras en detrimento del apoyo a Ucrania.
En esa primera línea fronteriza se hallan los tres Estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), Polonia, Finlandia y Noruega. De ser así, tendría que ver con la ansiedad de Moscú por salir del estancamiento en el frente oriental ucraniano, gracias en gran medida a la asistencia europea.
Hace unos días, Macron anunció un plan para proteger las infraestructuras críticas frente a los ataques híbridos rusos. Entiende el presidente francés que la «naturaleza de agresividad» del Kremlin hacia Europa ha cambiado, y por ello se propone reforzar la protección en los lugares más sensibles de la industria militar gala. Lo que temen los servicios de inteligencia europeos no es tanto una guerra convencional con misiles y carros de combate, que requeriría una capacidad militar que Rusia ha visto muy mermada por su ofensiva contra Ucrania, como acciones contra sistemas informáticos, infraestructuras energéticas, de transporte, como aeropuertos, o suministro de agua susceptibles de paralizar un país. Acciones muy calculadas con las que Rusia presumiblemente trataría de no cruzar las líneas rojas que pudieran desencadenar una respuesta europea o de la OTAN netamente militar.
La preocupación por la creciente hostilidad rusa se advierte en todas las cancillerías europeas. Se habla de defensa y de programas de rearme como no se habló en décadas. La alta representante de Política Exterior y Seguridad en Europa, Kaja Kallas, denuncia la existencia de grandes lagunas en las capacidades de defensa del club comunitario. Lo afirma tras recibir el primer informe de la Agencia Europea de Defensa en el que se apunta la necesidad de acelerar el ritmo de inversión, innovación y desarrollo industrial.
Y esto cuando los países miembros de la UE destinaron el pasado año cerca de 420.000 millones de euros a seguridad y defensa, un 20% más de lo que se invirtió el año anterior. El incremento guarda relación con la intención de los Estados Unidos de reducir su participación en la defensa europea de la OTAN y la inseguridad que genera la actitud hostil de Trump con la UE.
Desde que el actual presidente ocupa la Casa Blanca, hay dudas incluso sobre su disposición a cumplir el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que estipula que un ataque contra un miembro de la Alianza se considera contra todos. El informe de la Agencia Europea de Defensa señala la necesidad de cubrir el vacío en el espacio aéreo, antimisiles, drones, combate terrestre y marítimo y sistemas de ciberseguridad, inteligencia artificial y electrónica militar. Una vez más: «Si quieres la paz, prepárate para la guerra». La guerra del futuro.
