Publicado: octubre 6, 2026, 1:00 pm
Un tratamiento dirigido contra determinadas alteraciones genéticas ha conseguido controlar la enfermedad en el 96% de un grupo de pacientes con gliomas de grado 2, un tipo de tumor cerebral que afecta con frecuencia a adultos relativamente jóvenes. Los resultados proceden de un estudio realizado en siete hospitales de Andalucía y presentado en un congreso de la Asociación Europea de Neurooncología (EANO) celebrado en Roma, según ha informado la Sociedad Andaluza de Oncología Médica (SAOM).
La investigación analizó a 58 pacientes tratados entre 2024 y 2025 con vorasidenib, un medicamento dirigido contra las formas mutadas de las enzimas IDH1 e IDH2. De acuerdo con los datos difundidos por la SAOM, el 96% de los participantes consiguió un control de la enfermedad, fundamentalmente mediante la estabilización del tumor. Se trata de resultados obtenidos en la práctica clínica real y en un grupo reducido de pacientes, por lo que no deben interpretarse como que el tratamiento cure el 96% de estos tumores.
Los gliomas son tumores que se originan en las células gliales del sistema nervioso central. Los de grado 2 presentan habitualmente un crecimiento relativamente lento, pero pueden reaparecer y progresar con el paso del tiempo. Los gliomas difusos con mutaciones IDH se encuentran entre los tumores cerebrales malignos primarios más frecuentes diagnosticados en adultos menores de 50 años y, actualmente, no se consideran curables con los tratamientos disponibles.
Un gran impacto en la vida personal
Esta circunstancia hace que la enfermedad tenga un impacto especialmente importante sobre la vida personal y profesional. Según los datos comunicados por la SAOM, la mediana de supervivencia global del grupo de pacientes estudiado se sitúa en torno a 13 años. Entre las manifestaciones que pueden aparecer se encuentran las crisis epilépticas, capaces de interferir considerablemente en la vida cotidiana de quienes padecen estos tumores.
La novedad de vorasidenib está en su mecanismo de acción. Se trata de un medicamento oral diseñado para atravesar la barrera hematoencefálica e inhibir las formas mutadas de IDH1 e IDH2, alteraciones moleculares características de estos tumores. En agosto de 2024, la FDA estadounidense aprobó vorasidenib para determinados pacientes adultos y pediátricos a partir de 12 años con astrocitoma u oligodendroglioma de grado 2 con una mutación susceptible de IDH1 o IDH2 después de una intervención quirúrgica. Fue la primera terapia sistémica aprobada por la agencia estadounidense específicamente para estos pacientes.
El estudio andaluz aporta ahora información sobre qué sucede cuando este tratamiento se utiliza fuera de un ensayo clínico. Además del elevado porcentaje de control de la enfermedad comunicado por los investigadores, la tolerancia general fue buena. El principal efecto adverso observado fue la elevación de las enzimas hepáticas y uno de los 58 pacientes tuvo que abandonar el tratamiento debido a toxicidad, según los datos facilitados por la SAOM.
La eficacia de vorasidenib ya había sido demostrada anteriormente en el ensayo clínico internacional INDIGO, cuyos resultados fueron publicados en The New England Journal of Medicine. En aquel estudio participaron 331 pacientes con glioma de grado 2 con mutación IDH que habían sido operados previamente, pero no habían recibido radioterapia ni quimioterapia. La mediana de supervivencia libre de progresión fue de 27,7 meses entre quienes recibieron vorasidenib frente a 11,1 meses con placebo, y el medicamento también retrasó significativamente la necesidad de una nueva intervención contra el cáncer.
Aplazar tratamientos en personas jóvenes
Precisamente ahí reside una de las posibles ventajas de esta estrategia. Retrasar la necesidad de recurrir a otros tratamientos puede resultar especialmente relevante en personas relativamente jóvenes que previsiblemente convivirán durante años con la enfermedad. Radioterapia y quimioterapia siguen formando parte del tratamiento de determinados gliomas de mayor riesgo, pero pueden producir toxicidad y afectar a la calidad de vida. El propio ensayo INDIGO planteó el tratamiento dirigido como una posibilidad para retrasar otras intervenciones y preservar durante más tiempo la calidad de vida.
Los resultados andaluces, premiados por la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), refuerzan así en condiciones de práctica clínica real los datos obtenidos previamente en ensayos clínicos. Pero el 96% de control de la enfermedad debe interpretarse con cautela: procede de solo 58 pacientes, no equivale a una curación y la estabilización del tumor representa buena parte de ese resultado. Lo relevante es que una terapia diseñada específicamente contra una alteración molecular del tumor abre la posibilidad de mantener controlada durante más tiempo una enfermedad que suele aparecer en etapas de plena actividad familiar, social y laboral.
