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«Antes de que termine el año»: la frase con la que convertimos el otoño en una cuenta atrás

Publicado: octubre 5, 2026, 4:00 am

«Antes de que termine el año» es una frase para que estas semanas parezca el comienzo de una carrera contrarreloj. Cambiar de trabajo, empezar a hacer ejercicio, tomar esa decisión que llevamos meses aplazando o, simplemente, sentir que deberíamos haber avanzado más. Con la llegada del otoño, muchas de esas cosas que durante meses podían esperar empiezan a adquirir una urgencia inesperada.

Pero ¿por qué sentimos que se nos acaba el tiempo cuando todavía quedan varios meses para terminar el año? Para Ana Lorente, coach laboral, especialista en PNL y astróloga, tiene que ver con la importancia que hemos aprendido a darle al calendario. «Culturalmente hemos convertido el calendario en una especie de examen final y septiembre funciona como un segundo enero: nos recuerda de golpe todo lo que dijimos que haríamos en diciembre pasado», explica a los lectores de 20Minutos.

Cuando una fecha deja de ayudarnos y empieza a presionarnos

Ponernos una fecha puede ser una manera útil de pasar de la intención a la acción, pero el problema aparece cuando ese plazo deja de organizar nuestras prioridades y empieza a convertirse en una medida de nuestro propio valor. «Una fecha ayuda cuando nos da estructura y foco, se convierte en presión cuando empieza a decidir nuestro valor personal«, señala Ana Lorente.

La diferencia, según la especialista, también puede reconocerse en cómo nos hace sentir ese plazo: «Si te impulsa con energía y claridad, está cumpliendo su función; si te genera ansiedad, culpa anticipada o la sensación de que vas a fallar sea lo que sea que hagas, ya no es una herramienta, es una exigencia disfrazada de motivación», dice.

La trampa de querer solucionarlo todo antes de diciembre

Con la cuenta atrás también puede aparecer la sensación de que hay que resolver de golpe todo aquello que hemos ido dejando para después. El cambio de hábitos, una conversación pendiente, una decisión laboral o cualquier otro asunto que llevemos meses posponiendo parecen adquirir la misma urgencia.

«Cuando intentamos resolverlo todo a la vez, lo habitual es no resolver nada bien: la energía y la atención se reparten en tantos frentes que ninguno recibe la constancia que necesitaría para consolidarse de verdad», advierte la experta. Frente a esa carrera, propone reducir el foco: «Es preferible priorizar una sola cosa con compromiso real que arrancar cinco a la vez movidas por la prisa de diciembre».

El balance del año no debería ser una lista de objetivos cumplidos

Esta presión también puede cambiar la forma en la que miramos los meses que quedan y, de paso, la manera en la que valoramos el año que termina. «Medimos el éxito con una vara súper limitada: la de los resultados visibles y cuantificables, que son los que se pueden enseñar o compartir fácilmente», explica Ana Lorente. Sin embargo, hay avances que difícilmente caben en una lista de objetivos: «Sostener una relación difícil, aprender a poner un límite, atravesar un proceso interno sin rendirnos, no entra en esa contabilidad, aunque a menudo sea el trabajo más importante del año».

Por eso, cuando llegue ese momento de hacer balance, la especialista propone cambiar las preguntas, no mirar únicamente qué hemos conseguido, sino también «qué sostuve, qué solté y qué aprendí sobre mí misma en el camino».

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