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Las mujeres sufren más dolor que los hombres en todas las etapas de la vida: un estudio masivo así lo demuestra

Publicado: octubre 5, 2026, 2:00 pm

Las mujeres sufren dolor con mayor frecuencia que los hombres en todas las etapas de la vida y en las distintas partes del cuerpo analizadas. Es una de las principales conclusiones de un amplio estudio basado en datos de 6,1 millones de personas de entre 5 y 100 años procedentes de 118 países, entre ellos España, que también cuestiona la idea de que el dolor aumenta de manera uniforme a medida que envejecemos.

La investigación, publicada en la revista científica Nature Medicine, analiza datos recopilados entre 1990 y 2025 sobre dolor autoinformado en once zonas del cuerpo: cabeza, cara, cuello u hombro, tórax o pecho, estómago o abdomen, espalda, codo, mano o muñeca, cadera, rodilla y pie o tobillo. En el trabajo han participado científicos del Instituto de Salud Carlos III y de las universidades de Cádiz, Autónoma de Barcelona y Autónoma de Madrid.

Los resultados muestran una mayor prevalencia de dolor entre las mujeres que entre los hombres en todos los puntos anatómicos estudiados y durante todas las etapas de la vida. Marta Miret, profesora del departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora participante en el estudio, explica a EFE que las razones de esta diferencia son «multicasual». Entre ellas se encuentran enfermedades que cursan con dolor y afectan especialmente a las mujeres, como la migraña menstrual, la endometriosis o la artritis reumatoide, patologías que además han sido tradicionalmente poco investigadas.

A ello se suman factores sociales. «Suelen asumir una doble carga laboral y familiar, y ejercer más los cuidados. En general, las mujeres sufren más dolor, tienen menos tiempo para atender ese malestar y se cronifica más», subraya Miret. Las expectativas socioculturales también pueden influir, ya que los hombres tienden a comunicar menos el dolor que las mujeres, según recuerda la investigadora.

No siempre aumenta con la edad

El segundo gran hallazgo es que el dolor no sigue necesariamente una trayectoria ascendente con el envejecimiento. Los investigadores observaron que en siete de las once zonas corporales analizadas alcanza un máximo durante la edad adulta media para disminuir posteriormente. De hecho, varios de los principales picos aparecen antes de los 55 años.

La edad a la que se alcanza la mayor prevalencia cambia considerablemente según la zona afectada. Las cefaleas llegan a su máximo alrededor de los 34 años y el dolor abdominal, en torno a los 23. El dolor facial alcanza su punto máximo aproximadamente a los 45 años, mientras que el de codo lo hace a los 59 y el de cuello y hombros, hacia los 62 años.

El patrón es diferente en zonas musculoesqueléticas que sufren un proceso degenerativo con el paso del tiempo, como la espalda, la cadera o la rodilla. En estos casos, el dolor aumenta progresivamente durante la edad adulta y alcanza su máximo hacia los 75 años. Por su parte, el dolor de alta intensidad llega a su mayor nivel alrededor de los 50 años y el dolor generalizado alcanza su punto más elevado cerca de los 70, antes de empezar a descender.

El lugar donde se vive también parece marcar diferencias, especialmente en las edades más avanzadas. Las trayectorias del dolor son similares durante la juventud entre países con distintos niveles de desarrollo, pero comienzan a divergir de forma notable a partir de los 65 años. Los países con menor Índice de Desarrollo Humano registran una prevalencia significativamente mayor de dolor durante la vejez que aquellos con un IDH elevado.

Los investigadores señalan el tabaquismo, la obesidad y una situación económica y social desfavorable entre los principales factores de riesgo relacionados con el dolor. Al tratarse de factores «modificables», Miret destaca la importancia de actuar sobre ellos para prevenir un problema que constituye una de las principales causas de discapacidad en el mundo. Los autores consideran que los resultados del estudio, publicado en Nature Medicine, pueden contribuir a mejorar la prevención y el seguimiento del dolor a escala mundial.

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