Publicado: julio 7, 2026, 6:30 am
Aunque su incidencia es muy pequeña, la miocardiopatía hipertrófica es la lesión más temida en los campos de fútbol o las pistas de atletismo, una de las pocas que puede acabar provocando la muerte del deportista. Esta enfermedad genética, que provoca un engrosamiento anormal del músculo cardíaco y hace que el corazón se contraiga con una fuerza desmesurada, es la principal responsable de las muertes súbitas en jóvenes y atletas . En España se calcula que la padecen algo más de 95.000 personas, una prevalencia que oscila entre uno de cada 250 y uno de cada 500 individuos en la población general. El gran desafío ha sido siempre entender por qué , compartiendo la etiqueta de la misma patología, el corazón de cada paciente se comporta de una manera tan esquiva y diferente. Una nueva investigación internacional coliderada por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) parece haber dado con una pieza clave del rompecabezas. El estudio desvela un mecanismo molecular hasta ahora desconocido que explica cómo un subgrupo específico de mutaciones en el gen MYBPC3, uno de los sospechosos habituales en esta enfermedad, acaba dañando el corazón. Sin embargo, el trabajo trae también una buena noticia: confirma que mavacamten, el primer y único fármaco dirigido de última generación disponible para esta dolencia, es eficaz de forma universal, sin importar la variante genética que arrastre el enfermo. Hasta la fecha, se sabía que la mayoría de las alteraciones genéticas debilitaban la estructura de la miosina cardiaca, la proteína fundamental para la contracción del músculo del corazón. Sin embargo, existía un grupo de pacientes donde los niveles de dicha proteína se mantenían intactos , pero el corazón fallaba igual. Los científicos no lograban descifrar qué fallaba en esos engranajes. La clave reside en una alteración de las distancias y los contactos. «El trabajo se centra en estudiar el mecanismo molecular de un subgrupo de mutaciones en MYBPC3 que, a diferencia del tipo de mutación más habitual, no reducen la cantidad de la proteína, sino que alteran su capacidad de interactuar con otras proteínas del corazón», explica Laura Sen-Martín, científica en el CNIC y autora principal de la investigación. Según detalla la investigadora, el mecanismo exacto por el que estas mutaciones causaban el daño no estaba bien definido hasta ahora. Para levantar el capó de este fallo, el equipo generó un modelo de ratón modificado genéticamente que portaba la variante específica conocida como R502W. Al analizar estos corazones a escala microscópica, descubrieron que la mutación sabotea la capacidad de la proteína para unirse a la miosina, el motor molecular encargado de que el corazón bombee sangre. Al romperse esa sintonía, el motor se acelera y se contrae de forma descontrolada, desencadenando la peligrosa hipercontractilidad característica de la enfermedad. Este hallazgo abría un dilema. Si el origen del problema en este grupo de pacientes es completamente distinto al de la mayoría, ¿responderían igual de bien a los tratamientos farmacológicos actuales? La respuesta corta es sí, pero los matices abren una vía de esperanza para la medicina de precisión. El equipo del CNIC puso a prueba el mavacamten, un medicamento que actúa directamente sobre la miosina moderando su actividad y rebajando la fuerza excesiva de los latidos. Los investigadores ensayaron el fármaco tanto en los ratones con la mutación R502W como en modelos que carecían por completo de la proteína. El tratamiento logró frenar el remodelado patológico del músculo cardíaco en ambos escenarios, aunque con una ventaja añadida: solo los ratones con la mutación específica mostraron, además, una mejora sustancial en su tolerancia al ejercicio físico. Para asegurar que el éxito en animales tenía un reflejo real en nuestra especie, los científicos probaron la molécula en tejido cardíaco humano generado en laboratorio a partir de células madre inducidas. El fármaco también redujo allí la sobreesfuerzo del tejido enfermo. «El mavacamten y moléculas similares están transformando el tratamiento de pacientes con miocardiopatía hipertrófica; sin embargo, no todos los pacientes responden de la misma manera », apunta el doctor Jorge Alegre Cebollada, líder del Grupo de Mecánica Molecular del Sistema Cardiovascular del CNIC e investigador del CIBERCV. Para el experto, la conclusión es muy clara: «Este trabajo sugiere que la causa de esta efectividad desigual no se debe a las diferentes mutaciones que portan los pacientes». Saber que el fármaco es eficaz con independencia del origen de la mutación amplía sustancialmente el espectro de enfermos que se beneficiarán en las consultas. Además, el modelo animal desarrollado se convertirá en un laboratorio perfecto para responder a preguntas que el ámbito clínico todavía tiene pendientes. La más urgente de todas es descubrir si la administración muy temprana del medicamento, antes de que aparezcan los primeros síntomas, podría llegar a evitar que el corazón se deforme y salvar vidas de manera anticipada.
