Publicado: octubre 23, 2026, 1:00 am
¿Puede el azúcar generar una sensación de placer similar a la que producen otras sustancias? La pregunta aparece con frecuencia cuando se habla de antojos, consumo excesivo y de esa sensación de que, cuanto más dulce se come, más apetece seguir comiendo, pero que un alimento active el sistema de recompensa del cerebro no significa necesariamente que pueda considerarse una droga. El doctor José María Felices, a través de un vídeo en redes sociales, explica dónde está la diferencia.
«Cada vez que haces algo que te gusta, tu cerebro te suelta un premio que te da placer y se activa con un montón de cosas. Reírte, las drogas, el azúcar… Todas te dan esa recompensa. La diferencia es el tamaño. Reírte o el azúcar te dan una recompensa pequeña; las drogas, una enorme. No juegan en la misma liga ni de lejos», señala.
¿Es una droga el azúcar?
El sistema de recompensa cerebral está relacionado con la sensación de placer y con la motivación para repetir determinadas conductas. Comer algo que nos gusta puede activarlo, igual que ocurre con otras experiencias placenteras. Pero establecer esa relación no basta para hablar de una adicción ni para equiparar un alimento con una sustancia psicoactiva.
Entonces, ¿es correcto decir que el azúcar es una droga? La respuesta del especialista es clara: «No, no se considera una droga». Y una de las diferencias que señala tiene que ver con la abstinencia física. «Una diferencia importante con las drogas es el síndrome de abstinencia física. Porque si mañana dejases la cafeína de golpe, tu cuerpo va a encender todas las alarmas. Te duele la cabeza, te encuentras raro, y eso es abstinencia», explica. En el caso del azúcar, la situación sería diferente: «Si dejas el azúcar, tendrás antojo, pero no vas a tener síntomas físicos«.
El consumo de azúcar no es irreverente
Esto no significa, sin embargo, que el consumo de azúcar pueda considerarse irrelevante desde el punto de vista de la salud. Que no se clasifique como una droga no convierte automáticamente cualquier cantidad en adecuada. El problema aparece especialmente cuando el consumo de azúcares añadidos es elevado y frecuente, algo que puede contribuir a una alimentación de peor calidad y favorecer distintos problemas de salud cuando se mantiene en el tiempo.
«Que no sea una droga no significa que sea inofensivo. En exceso ya sabes, y los estudios no lo dicen: diabetes, obesidad, hipertensión, muerte, cáncer», apunta José Felices. Ahora bien, el especialista también quiere alejarse de la idea de que todo el azúcar debe considerarse perjudicial. «El azúcar no es un demonio. Es un nutriente. Y tu cuerpo lo usa para obtener energía», afirma. La clave está también en diferenciar el azúcar que forma parte de los alimentos de manera natural del que se incorpora durante su elaboración.
«El azúcar de la fruta no es el problema: el problema es la burrada de azúcar añadido que llevamos encima sin darnos cuenta», advierte. Por eso, más que hablar del azúcar como una droga, la cuestión pasa por observar cuánto azúcar añadido consumimos y con qué frecuencia. El hecho de que un alimento produzca placer y pueda despertar el deseo de volver a consumirlo no significa, por sí solo, que exista una adicción comparable a la provocada por una droga.
