Publicado: agosto 12, 2026, 4:30 pm
El debate sobre la terapia hormonal sustitutiva y sus efectos a largo plazo en la salud de las mujeres lleva años dando que hablar en conferencias y revistas médicas. Sobre la balanza, sus beneficios para los efectos de la menopausia o el sistema óseo y sus efectos secundarios, como el aumento de la posibilidad de sufrir trombos o algunos tipos de cáncer. En un nuevo capítulo de esta larga historia, esta semana, un amplio estudio publicado en la revista ‘ Neurology ‘ sugiere que el uso de terapia hormonal compuesta exclusivamente por estrógenos en etapas avanzadas de la vida se asocia con un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia y con una presencia sensiblemente inferior de las lesiones cerebrales características del alzhéimer. Durante años, la relación entre las hormonas y la salud cognitiva post-menopausia ha estado envuelta en resultados contradictorios . Para tratar de arrojar luz sobre esta incógnita, este equipo de investigadores liderados por Jennifer Bruno, de la Universidad de Stanford, analizó los registros médicos de 21.462 mujeres procedentes de dos grandes bases de datos. Las participantes, que fueron seguidas durante una media de tres a cinco años a partir de los 71 años , permitieron observar qué ocurría en el cerebro de quienes habían recurrido a las hormonas frente a quienes nunca lo hicieron. Los resultados mostraron diferencias notables entre ambos grupos. En el análisis de las autopsias de casi 3.000 participantes fallecidas a una edad media de 82 años, los investigadores evaluaron una puntuación combinada que mide tres marcas de identidad del alzhéimer: las placas de proteína beta-amiloide, los ovillos de proteína tau y las placas neuríticas. El 18% de las mujeres que habían tomado terapia de estrógenos no presentaba ninguna señal de la enfermedad en sus tejidos cerebrales, frente a solo el 10% del grupo que no la utilizó. Además, el desarrollo completo de las tres lesiones típicas afectó al 40% de las usuarias de hormonas, en comparación con el 51% de las no usuarias. Tras ajustar factores como la edad, el nivel educativo, la genética o la hipertensión, los autores determinaron que la terapia hormonal se asociaba a un 35% menos de probabilidades de mostrar estas «huellas». Las pruebas realizadas en vida a otro subgrupo de pacientes reforzaron estos hallazgos. Al analizar los biomarcadores en sangre y líquido cefalorraquídeo, las mujeres que recibían estrógenos presentaban concentraciones más altas de proteína beta-amiloide circulante, un indicador clínico que sugiere que la proteína se está excretando y no acumulando en forma de placas destructivas dentro del tejido cerebral. En el plano clínico, este perfil se tradujo en un 39% menos de probabilidad de recibir un diagnóstico formal de demencia y un menor deterioro en las pruebas de memoria y capacidades funcionales. Sin embargo, los propios autores piden cautela antes de extrapolar estas conclusiones a las consultas médicas actuales. El trabajo se centró de forma exclusiva en la terapia solo con estrógenos, que hoy en día solo se prescribe a mujeres que se han sometido a una histerectomía para evitar el riesgo de cáncer de endometrio, excluyendo la combinación de estrógeno y progestágeno que se utiliza habitualmente en mujeres con útero intacto y que en estudios previos ha mostrado un incremento en el riesgo de demencia. La diferencia fundamental reside en el momento de inicio del tratamiento . Mientras que en la práctica clínica actual la terapia hormonal suele pautarse a finales de los 40 o principios de los 50 años y se interrumpe generalmente antes de los 60, las mujeres analizadas en este estudio histórico comenzaron a tomar las hormonas pasados los 70 años. «Aunque estos hallazgos nos ayudan a comprender mejor la relación entre el uso de la terapia hormonal y diversos marcadores de demencia, es necesario investigar más antes de poder hacer recomendaciones a las mujeres sobre su uso en relación con la salud cerebral», señala Bruno, autora principal del trabajo. «Este estudio analizó retrospectivamente a mujeres que utilizaban la terapia hormonal hace décadas, con un momento de inicio y un tipo de uso que difieren de la práctica actual para la mayoría de las mujeres , por lo que los resultados son informativos pero pueden no aplicarse a los estándares de hoy», puntualiza la investigadora. A pesar de estas limitaciones, el trabajo, respaldado por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos, reabre una vía clave para entender cómo el entorno hormonal puede proteger al cerebro frente a la neurodegeneración en la vejez.
