Publicado: agosto 13, 2026, 5:00 am
Las llamadas red flags o banderas rojas en el amor se han convertido en uno de los conceptos más populares en redes sociales para hablar de relaciones de pareja. Sin embargo, la psicóloga Alejandra Moreira invita a matizar esa visión y recuerda que no todas las conductas que generan dudas deben interpretarse como una señal para terminar la relación. «Hoy en día, las redes sociales nos dicen que al menor error de nuestra pareja debemos irnos, pero en el mundo real, las personas vivimos con historias, miedos y procesos», explica en redes sociales.
No todo es blanco o negro, y en el amor no todo son ‘green flags’ y ‘red flags’. También existe un término medio que, una vez más, cada individuo debe saber qué hay cabida ahí. Y ese término medio en el amor serían las ‘yellow flags’ o banderas amarillas. Frente a las banderas rojas, la psicóloga propone prestar atención a las llamadas banderas amarillas, es decir, situaciones que no implican necesariamente un peligro, pero sí merecen ser observadas con atención. «¿Qué es una bandera amarilla? No es una alerta de peligro, pero tampoco es una señal de que todo está perfecto. Es una pausa y un recordatorio de que hay algo a lo que debemos prestar atención, conversar y observar con curiosidad, no con juicio«.
La diferencia es importante. Mientras que una bandera roja supone un comportamiento que compromete el bienestar de la otra persona, una bandera amarilla representa un aspecto de la relación que puede abordarse mediante el diálogo, la comprensión y la voluntad de cambio. No se trata de ignorar aquello que incomoda, sino de analizar su origen y comprobar si existe disposición para construir soluciones de forma conjunta.
La capacidad de encontrar un equilibrio
Uno de los ejemplos que plantea la experta Alejandra Moreira tiene que ver con la comunicación: «Le cuesta hablar de lo que siente cuando se enfada y prefiere guardar silencio». Según explica, esa conducta no significa automáticamente falta de interés o de cariño. «No significa que no le importes; tal vez no aprendió a expresar sus necesidades«. En este tipo de situaciones, el elemento determinante no es únicamente el problema en sí, sino la actitud de la otra persona para afrontarlo. «La clave aquí es: ¿está dispuesto a intentarlo si se lo pides?«, plantea.
Otro aspecto habitual son los diferentes ritmos dentro de la relación. Es frecuente que una persona quiera avanzar más deprisa que la otra o, por el contrario, necesite más tiempo para dar determinados pasos. Para la psicóloga, esa diferencia no constituye por sí misma una señal de alarma: «Va demasiado rápido (o demasiado lento) en comparación contigo. Los ritmos diferentes son normales». Lo verdaderamente relevante, añade, es la capacidad de ambas personas para encontrar un equilibrio: «Lo que importa no es la velocidad, es la capacidad de sentarte a negociar un punto medio donde ambos se sientan cómodos”.
¿Cuáles son tus banderas rojas y cuáles las amarillas?
La especialista también ofrece una pauta para distinguir cuándo una situación debe considerarse una bandera amarilla y cuándo se convierte en una auténtica bandera roja. «La regla de oro es que la bandera roja daña tu dignidad, tu salud mental y tu seguridad y eso no se negocia», dice. Es decir, cualquier comportamiento que implique maltrato, manipulación, control, humillación o ponga en riesgo el bienestar emocional o físico debe entenderse como un límite que no admite concesiones.
En cambio, las banderas amarillas describen aspectos que pueden evolucionar si ambas personas muestran implicación. “La bandera amarilla es un espacio de crecimiento. Se resuelve con comunicación, madurez y acuerdos”. Desde esta perspectiva, las diferencias, los miedos o determinadas dificultades de comunicación no tienen por qué condenar una relación, siempre que exista responsabilidad compartida y una voluntad real de mejorar.
El mensaje de Alejandra Moreira invita, en definitiva, a alejarse de las interpretaciones absolutas. No todos los conflictos son motivo para terminar una relación, pero tampoco conviene minimizar aquellas conductas que afectan a la dignidad, la salud mental o la seguridad. Saber distinguir entre una bandera amarilla y una bandera roja permite tomar decisiones más conscientes.
