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Por qué el ejercicio no siempre es bueno para la piel… y cómo cuidarla para que lo sea

Publicado: septiembre 2, 2026, 12:00 am

Cada vez se pone más de manifiesto, en esta sociedad tan hiperinformada y examinada, que no existen verdades absolutas. Todo es bastante relativo y hay que adaptar las grandes teorías a nuestra realidad. Thomas Huxley, uno de los grandes defensores de la evolución, ya dijo: «La gran tragedia de la ciencia es la muerte de una hermosa hipótesis a manos de un hecho desagradable». Por eso, verdades que nos han guiado durante décadas ya no son hitos inamovibles, sino cuestiones revisables.

La práctica del deporte y del ejercicio es una de ellas. Cada vez más, los hechos apuntan a que, pasados los 50 o 60 años, puede ser más beneficioso el ejercicio realizado cotidianamente que determinadas prácticas deportivas, sobre todo si se trata de deportes de impacto. Incluso en edades más jóvenes no siempre resulta conveniente pasar todo el día de forma sedentaria y concentrar después el ejercicio en solo tres jornadas semanales de gran intensidad.

Cada vez está más claro que una de las claves es arañar minutos de actividad cardiovascular a nuestra rutina: levantarnos del puesto de trabajo y caminar unos pasos, mover los hombros y la espalda, hacer ejercicios de respiración profunda o, en general, ofrecer pequeñas compensaciones a un cuerpo que tenemos prácticamente abandonado durante buena parte del día.

Todas estas costumbres son también importantes para la piel. Hay que tener presente que la piel es, en cierto modo, el pariente pobre de nuestro cuerpo: cuanto peor le vaya a este, más sufrirá aquella. El sedentarismo y sus efectos sobre la circulación pueden repercutir en ella, pero el ejercicio intenso al aire libre también presenta inconvenientes. Uno de los fenómenos de los que se habla en este contexto es la denominada «cara de runner».

Cuidar la piel antes y después del ejercicio

Básicamente, a la piel le gusta estar protegida del sol y del viento, además de bien hidratada. Nuestra piel es mimosa como un gato. Por eso, si practicamos deporte al aire libre, ya sea tenis, natación, running o cualquier otra modalidad, debemos tenerla en cuenta. Igual que utilizamos ropa o calzado adecuados, conviene cuidar la piel antes y después del ejercicio.

Antes de practicar deporte puede utilizarse un producto hidratante que ayude a minimizar la deshidratación. Al movernos se altera la microatmósfera de aire húmedo que rodea la epidermis, consecuencia de la evaporación del agua de la piel y del sudor. Si esa humedad desaparece rápidamente con el movimiento, puede aumentar la pérdida de agua transepidérmica y afectar a la epidermis. Este proceso puede hacerse más visible en quienes recorren largas distancias y, especialmente, en los corredores de maratón.

La intensidad del ejercicio puede implicar además un elevado gasto calórico y una reducción de la grasa subcutánea, que actúa como soporte de la piel. Esto puede contribuir a una apariencia facial más delgada o apagada. De ahí la importancia de prestar atención a la hidratación y protección de la piel.

Un elemento fundamental es la fotoprotección. La exposición a la radiación ultravioleta es uno de los principales factores relacionados con el envejecimiento cutáneo y aumenta el riesgo de cáncer de piel. El sudor y otros factores asociados al ejercicio pueden reducir la permanencia del fotoprotector, por lo que es importante seguir las indicaciones de reaplicación de cada producto.

Al volver a casa después del esfuerzo, podemos completar estos cuidados con productos destinados a hidratar y reforzar la barrera cutánea. Entre los ingredientes habituales se encuentran las ceramidas, distintos aceites y sustancias antioxidantes. En definitiva, pequeños gestos antes y después de practicar deporte pueden ayudar a cuidar la piel y mantenerla en buenas condiciones.

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