Buffet libre a la vista y el ansia de comer que no cesa: ¿es el estómago o el cerebro? - Venezuela
Registro  /  Login

Otro sitio más de Gerente.com


Buffet libre a la vista y el ansia de comer que no cesa: ¿es el estómago o el cerebro?

Publicado: septiembre 5, 2026, 1:00 am

En un buffet resulta sorprendentemente fácil terminar comiendo bastante más de lo necesario, pero no se trata simplemente de una cuestión de falta de fuerza de voluntad. Nuestro consumo no depende exclusivamente del hambre: la variedad, la disponibilidad, el tamaño de las porciones y lo apetecible que resulte el entorno pueden modificar considerablemente cuánto terminamos comiendo.

A veces se habla coloquialmente del “gen glotón” o del “gen ahorrador” para explicar parte de esta tendencia, aunque no existe un único gen responsable. La idea procede de una hipótesis evolutiva: durante gran parte de nuestra historia, encontrar alimentos muy energéticos y abundantes era una oportunidad que quizá no se repetiría al día siguiente.

Nuestro organismo se desarrolló en un contexto radicalmente diferente al actual. Homo sapiens existe desde hace aproximadamente 200.000 a 300.000 años y, aunque nuestra cultura y nuestro entorno han cambiado extraordinariamente, muchos de los mecanismos biológicos relacionados con el apetito y la recompensa proceden de ese pasado evolutivo.

Imaginemos a uno de nuestros antepasados encontrando un árbol cargado de fruta madura. Comer todo lo posible mientras estuviera disponible podía tener sentido: al día siguiente podía haber desaparecido, estar estropeada o simplemente podía llegar otro grupo de primates u otros animales y no dejar prácticamente nada. Ahorrar energía y aprovechar las oportunidades alimentarias podía resultar ventajoso en un entorno de escasez e incertidumbre.

El problema es que nuestro cerebro se encuentra ahora con algo para lo que evolutivamente no estaba preparado: un “árbol de fruta” que nunca se acaba. Un buffet ofrece alimentos continuamente, de muchos tipos diferentes y sin necesidad de realizar prácticamente ningún esfuerzo para obtenerlos.

La hipótesis del denominado genotipo ahorrador intenta explicar parte de esta predisposición, aunque hoy sabemos que la genética de la obesidad y del comportamiento alimentario es mucho más compleja y que esta teoría, por sí sola, no explica nuestra respuesta al entorno alimentario moderno.

La variedad nos hace seguir comiendo

Existe además otro fenómeno especialmente importante: la saciedad sensorial específica. Cuando comemos repetidamente el mismo alimento, este pierde progresivamente atractivo. Sin embargo, cuando aparece un sabor, una textura o un olor diferente, nuestro interés por comer puede reactivarse.

Por eso podemos pensar que estamos llenos después del plato principal y, cinco minutos después, encontrar sorprendentemente espacio para el postre. Y un buffet explota involuntariamente este mecanismo: dulce, salado, frío, caliente, crujiente, cremoso… Cada alimento nuevo representa un estímulo diferente.

La primera estrategia es tremendamente sencilla: antes de coger el plato, mirar todo el buffet y decidir qué queremos comer antes de empezar a servirnos. Así evitamos construir el plato por acumulación: “esto también tiene buena pinta, esto también, esto también…”, algo que todos hemos experimentado alguna vez frente a un buffet libre.

Los caprichos, caprichos son

Después, podemos comenzar por alimentos con buena capacidad saciante: proteínas, fruta, verduras, alimentos ricos en fibra y preparaciones poco procesadas. En un desayuno podrían ser huevos, yogur natural, fruta y pan o avena; en una comida, verduras, pescado, carne, huevos o legumbres acompañados de arroz, patata o similares.

Y no, no hace falta prohibirse el croissant o el postre. De hecho, puede ser mucho más inteligente elegir conscientemente aquello que realmente queremos disfrutar. Si nos encanta el croissant, nos lo comemos. Lo que probablemente no necesitamos es el croissant, dos tostadas, tortitas, cereales, zumo y tres postres simplemente porque todo estaba disponible.

Una buena pregunta sería: “Si solo pudiera elegir uno o dos alimentos especiales de este buffet, ¿cuáles disfrutaría realmente?”. No estamos restringiendo. Estamos seleccionando.

También ayuda servirse inicialmente una cantidad razonable y recordar que podemos repetir. Comer más despacio y esperar unos minutos antes de volver al buffet permite distinguir entre dos situaciones que parecen similares, pero no lo son: tener hambre y tener ganas de seguir comiendo.

Disfrutar sin comer por inercia

Disfrutar de un buffet no requiere convertir las vacaciones en una dieta estricta. La estrategia consiste en manejar un entorno que estimula constantemente nuestro apetito: observar primero, seleccionar después, priorizar alimentos saciantes y elegir conscientemente aquello que realmente queremos disfrutar.

Y antes de levantarnos a repetir, hacernos preguntarnos si seguimos teniendo hambre o simplemente sigo teniendo comida delante, porque frente a un buffet no solamente comemos con el estómago, también comemos con un cerebro diseñado para no desaprovechar oportunidades.

Related Articles