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Lu Gjivoje, psicóloga: «El deseo hay que trabajarlo y normalizar que no siempre estarás al mismo nivel»

Publicado: mayo 15, 2026, 1:00 pm

El deseo sexual sigue siendo uno de los aspectos más comentados (y a la vez más incomprendidos) dentro de las relaciones de pareja. A menudo se asocia con algo espontáneo, constante e incluso automático, pero la realidad es bastante más compleja. Tal y como explica la psicóloga Lu Gjivoje, el deseo no es una línea recta, sino un proceso cambiante que depende de múltiples factores personales y emocionales.

«El deseo sexual es como el hambre: cambia», señala la experta. Esta comparación resulta especialmente útil para entender por qué no siempre sentimos lo mismo. Hay momentos en los que el deseo aparece con intensidad, otros en los que disminuye e incluso desaparece temporalmente. Esto no implica necesariamente un problema, sino que forma parte del funcionamiento natural del cuerpo y la mente.

El deseo sexual no se mantiene uniforme

En este sentido, uno de los errores más comunes es pensar que el deseo debería mantenerse siempre al mismo nivel, especialmente dentro de una relación estable. Sin embargo, la realidad es que el paso del tiempo, la rutina, el estrés o los cambios vitales influyen directamente en la libido. «No es constante y mucho menos en una pareja con el paso del tiempo», explica Gjivoje, desmontando la idea de que la falta puntual de deseo sea una señal de que algo va mal.

Otro aspecto clave es entender que el deseo no depende únicamente de la otra persona. A menudo se tiende a responsabilizar a la pareja cuando disminuye la atracción, pero la psicología señala que intervienen factores internos como el estado de ánimo, la autoestima, el cansancio o incluso la salud mental. «No depende solo del otro, sino también de ti, de cómo estás, de cómo te sientes», subraya la especialista.

Además, Gjivoje introduce una idea fundamental: el deseo no siempre es espontáneo, también puede ser inducido o construido. Igual que ocurre con el hambre (cuando algo apetece más al verlo, olerlo o pensarlo), el deseo sexual puede activarse si se generan las condiciones adecuadas. «Y aunque crees que no hay hambre, si te preparas un buen plan, acaba apareciendo», explica, trasladando esta lógica al ámbito íntimo.

Este enfoque rompe con la creencia de que el deseo debe surgir de forma automática para ser real. En cambio, plantea que también puede cultivarse activamente: a través de la comunicación, la conexión emocional, el tiempo compartido o la exploración conjunta. De hecho, la experta insiste en que «el deseo hay que trabajarlo, hay que hablarlo y hay que normalizar que no siempre estarás al mismo nivel».

Aceptar estas diferencias dentro de la pareja es clave para evitar conflictos innecesarios. Cuando una persona tiene más deseo que la otra, pueden surgir inseguridades, frustración o malentendidos. Sin embargo, entender que estas fluctuaciones son normales ayuda a abordarlas desde el diálogo en lugar del reproche. Por último, Gjivoje lanza un mensaje tranquilizador: la disminución del deseo no implica su desaparición definitiva. «El deseo no se pierde, se transforma y cuando lo cuidas, siempre vuelve». Esta idea invita a ver la sexualidad como algo dinámico, que evoluciona con el tiempo y las circunstancias.

Según indica la experta, comprender el deseo sexual como un proceso variable y no como un estado fijo permite vivirlo con menos presión y más naturalidad. Lejos de ser un indicador constante de la calidad de la relación, el deseo requiere atención, comunicación y, sobre todo, comprensión.

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