La inflación sigue sin dar tregua y amenaza con complicar (más) la vida a los bancos centrales - Mexico
Registro  /  Login

Otro sitio más de Gerente.com


La inflación sigue sin dar tregua y amenaza con complicar (más) la vida a los bancos centrales

Publicado: junio 27, 2026, 3:00 am

¿Y si el petróleo baja, pero la inflación no vuelve al 2% y los tipos de interés tienen que seguir siendo altos? La pregunta ya no suena tan rara. La energía ha dejado de apretar como en los peores días de la crisis y, sin embargo, los datos siguen sin dar una señal limpia de alivio. En Estados Unidos, el índice de precios de gastos de consumo personal (PCE, por sus siglas en inglés) repuntó al 4,1% y la subyacente subió al 3,4%. En la eurozona, la inflación volvió al 3,2% y los servicios saltaron al 3,5%.

El barril puede explicar gran parte del susto, aunque todo se complica más si los precios se quedan pegados en vivienda, salarios, servicios, aranceles, déficits y gasto público. En ese caso, devolver la inflación al 2% ya no parece una vuelta natural al punto de partida. Parece una cuesta más larga, con bancos centrales menos libres para bajar tipos y mercados obligados a convivir durante más tiempo con un dinero que no vuelve a ser barato tan deprisa.

Servicios

Primero están los servicios, que son la parte menos espectacular y más difícil de apagar. Un barril más barato puede bajar la gasolina, pero no abarata una consulta médica, una reparación del coche, una residencia de mayores o una comida fuera de casa si detrás hay salarios más altos y menos trabajadores disponibles.

Durante años, los bienes baratos importados ayudaron a disimular esa presión doméstica. Ahora, cuando los servicios suben, la inflación deja de comportarse como una tormenta que pasa y empieza a parecerse más a una humedad que vuelve a salir por la pared.

Vivienda

En Europa y Estados Unidos, muchos propietarios siguen atrapados en hipotecas antiguas a tipos bajos y no quieren vender para comprar otra casa con financiación mucho más cara. Eso reduce la oferta, encarece el alquiler y mantiene presión sobre una de las partidas más pesadas del índice de precios.

El Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal (Fed) pueden subir tipos, pero no pueden construir viviendas de golpe ni convencer a millones de hogares de que renuncien a una hipoteca barata. Y cuando la vivienda tarda en ceder, la inflación tarda en completar el último tramo.

Salarios

El mercado laboral ya no tiene el colchón de otras etapas, sobre todo en sectores intensivos en personas. Si faltan camareros, enfermeras, cuidadores, mecánicos o transportistas, las empresas tienen que pagar más para retenerlos. Eso no tiene por qué desatar una espiral de los años setenta, pero sí puede dejar una inflación más alta de lo que los bancos centrales quieren admitir.

El FMI lleva tiempo advirtiendo de una economía global más condicionada por la demografía, la fragmentación comercial, la geopolítica y el gasto público. La inflación también depende de cuántos trabajadores hay disponibles, cuánto cuesta producir y cuánto suben los salarios.

Aranceles y barreras comerciales

Lo aranceles y las barreras comerciales empujan en la misma dirección, aunque lo hacen con retraso. Las empresas no suben precios al día siguiente de que se anuncie un arancel. Primero tiran de inventario, después prueban cuánto pueden absorber y al final trasladan costes donde el cliente aguanta. Por eso, la OCDE advierte que este tipo de inflación puede parecer pequeña al principio y más alta después por los llamados “efectos de segunda ronda”. No llega como un golpe único, sino como una cadena de pequeñas subidas que va empañando las previsiones de los bancos centrales.

Gasto público

Los gobiernos quieren más defensa, más energía propia, más inversión industrial, más pensiones, más sanidad y más seguridad en las cadenas de suministro. Después de una pandemia, una guerra en Ucrania y la tensión en Oriente Medio, todo eso tiene sentido político, pero también tiene un coste más elevado.

BlackRock señala que producir más cerca, duplicar proveedores y blindar infraestructuras puede ser más seguro que depender de medio mundo, pero rara vez es más barato. Y si el Estado tiene que gastar más justo cuando la deuda ya es alta, el mercado de bonos empieza a mirar cada promesa con menos paciencia.

El choque con los bancos centrales

Si la Fed y el BCE mantienen los tipos altos, encarecen la deuda pública, frenan la inversión y aprietan a empresas y hogares. Si bajan demasiado pronto, corren el riesgo de que la inflación vuelva a respirar antes de haber sido derrotada. Es decir, una posición mucho menos cómoda que la de los años de globalización barata, cuando China, la demografía y las cadenas de suministro hacían parte del trabajo sucio sin pedir reconocimiento.

El mercado de bonos es el primero que lo nota. Si la inflación se queda más alta durante más tiempo, los inversores exigen más rentabilidad para prestar dinero a los gobiernos. Eso sube las rentabilidades, presiona los precios de los bonos y complica las cuentas públicas justo cuando los Estados necesitan emitir más.

La bolsa tampoco sale indemne. Los tipos altos reducen el valor actual de los beneficios futuros, y eso pesa especialmente sobre las compañías de crecimiento como la tecnología y la inteligencia artificial.

Opiniones divididas

En este escenario de dudas sobre la inflación, algunos bancos de inversión se han dividido. Goldman Sachs y Citi todavía ven margen para que el susto se modere si el petróleo baja, los alquileres se enfrían y los salarios no arrastran al resto de la cesta. Es la versión que más le gusta al mercado porque mantiene vivo el calendario de posibles bajadas de tipos. En cambio, J.P. Morgan, Morgan Stanley y BNP Paribas creen que la energía seguirá siendo más volátil con Europa más expuesta y los bancos centrales con menos margen para complacer a los inversores.

Las previsiones oficiales tampoco dibujan una vuelta rápida al mundo anterior. La Fed espera que el PCE cierre 2026 en el 3,6% y que la inflación subyacente siga en el 3,3%, antes de bajar al 2,5% en 2027 y al 2,1% en 2028. Al mismo tiempo, sus propias proyecciones sitúan los tipos en el 3,8% a finales de 2026, el 3,6% en 2027 y el 3,4% en 2028. No es una Fed pensando en volver deprisa al dinero barato.

Además, el petróleo puede apagar una parte del incendio, pero no garantiza que el resto de la inflación desaparezca con la misma rapidez. Si el problema se ha vuelto más amplio, los bancos centrales tendrán menos margen para girar rápido y los mercados tendrán que convivir con un entorno menos amable con tipos altos durante más tiempo, menos rescates rápidos y más exigencia para cualquier activo que dependa de que el dinero vuelva a ser barato.

Related Articles