Publicado: mayo 18, 2026, 8:07 am
«Hay una similitud clara entre los casos de Manuela Chavero, Francisca Cadenas y RosalÃa Cáceres». La reflexión la hace Salvador Serrano, portavoz de la familia de la mujer de 74 años que desapareció en Bohonal de Ibor (Cáceres) hace ahora seis años, en plena pandemia, sin dejar rastro alguno. Tres mujeres y tres misteriosas desapariciones en tres núcleos rurales sin que la investigación avanzara durante mucho tiempo: en el caso de Chavero se resolvió pasados cuatro años; en el de Cadenas, cuatro; el de RosalÃa todavÃa, desde el 25 de mayo de 2020, sigue en punto muerto.
Aquel dÃa, la mujer -viuda desde 2012 y con cinco hijos- salió a dar un paseo por los alrededores de la población, de unos 500 habitantes. Lo hizo temprano, sobre las 8.00 horas, como era habitual. Con anterioridad habÃa advertido a sus hijas de que era su intención realizar ese dÃa un recorrido más amplio más de lo habitual, porque pensaba que durante el tiempo de las restricciones por el Covid habÃa cogido algo de sobrepeso. De comprensión delgada (50 kilos y 1,55 metros de estatura), estaba muy acostumbrada a realizar rutas en solitario por la zona. Era su rutina.
Habitual residente en Madrid, el decreto del estado de alarma la sorprendió de visita en el pueblo cacereño, de donde era natural su marido y varias generaciones familiares, y sus hijos pensaron que lo mejor era que pasara ya toda la pandemia en Bohonal de Ibor antes que en su piso encerrada «entre cuatro paredes» de la capital de España.
La mañana de la desaparición, durante varios momentos de la ruta, RosalÃa habló telefónicamente con varias personas. Las dos últimas veces con su prima y con su hijo Enrique. El recorrido se habÃa alargado hasta casi el mediodÃa y le inquirieron para que regresara ya a casa. Ella conocÃa perfectamente el contexto de la zona (incluido un pantano, las aguas del rÃo Tajo y las vÃas) y el paraje de El Pibor, un enclave poco transitado y utilizado normalmente por cazadores. «Me estoy refrescando los pies, ya vuelvo», dijo por última vez desde su móvil. Estaba descansando durante unos minutos. Eran las 13.55 horas. Fue la última vez que respondió, quejosa, por la insistencia de sus familiares más cercanos para la vuelta. Nunca más se supo de ella. Ya no contestó a más llamadas. Poco después, esa misma tarde, comenzaron las primeras batidas de los vecinos para intentar localizarla. Hasta hoy.
RosalÃa CáceresEl Mundo
El sumario judicial está sobreseÃdo provisionalmente al no observar la Guardia Civil «indicios de criminalidad». La investigación cree que sufrió un accidente tras perderse en el campo, sin descartar del todo otras hipótesis. Los agentes consideran que se salió del camino habitual y se adentró en una zona complicada que abarca unos cuatro kilómetros, abrupta, llena de rocas y caminos empinados, donde incluso hay dólmenes históricos en un paraje que pertenece a la comarca del Campo Arañuelo.
Este pasado 8 de mayo se produjo otra gran batida en la zona de la desaparición con un amplio dispositivo, pero fue infructuosa. Se usaron drones, un equipo cinológico con perro especializado en búsqueda de personas, agentes del Seprona en motocicletas, distintas unidades de Seguridad Ciudadana, la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia de Cáceres, el Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña y otros recursos especializados, como un Puesto de Mando Avanzado con conexiones satélites. No hubo rastro, ni de su cuerpo ni de la ropa, ni del teléfono. En estos años, se ha inspeccionado una y mil veces el lugar, también el pantano. Nada.
«Queremos tener una oportunidad, saber lo que pasó, y por eso pedimos que haya un cambio en la investigación, que lleguen otros agentes, sean de la UCO o de lo que sea, para que puedan tener otra visión del caso», apunta el portavoz de la familia, que confiesa sentir «impotencia y sensación de abandono». En este sentido, Serrano aclara que no critican la labor de los agentes de la investigación: «Pero no entendemos que puedan existir casos de primera y de segunda; desconocemos si por la alarma social entonces equipos especiales y en otros casos no». «Sólo pedimos una oportunidad porque nos sentimos indefensos y queremos saber lo que pasó realmente», añaden.
La familia («y todo el pueblo también») no cree factible que RosalÃa se perdiese aturdida («conocÃa a la perfección el terreno y hasta las tres puertas de la zona vallada donde se encontraba») o sufriera alguna enfermedad repentina (un ataque al corazón o un ictus, por ejemplo). «Era una mujer de mucha vitalidad, estaba sana, y para nosotros existe claramente la posibilidad de que hayan participado terceras personas, alguien que se la pudiese cruzar cuando regresaba, quién sabe, pero hay que investigarlo», apunta su yerno, quien destaca que durante la investigación «se tomó declaración a cuatro o cinco personas», todos con coartadas, «pero no han sido lo suficientemente comprobadas», critica.
En este contexto, apunta que este caso «tiene mucho que ver con las otras dos mujeres desaparecidas en Extremadura en estos últimos años». El cambio en el desarrollo de la investigación en los sucesos de Manuela Chavero y de Francisca Cadenas, con la entrada de la UCO después de mucho tiempo, fue determinante para la resolución del paradero de estas dos mujeres, que luego fueron halladas asesinadas. «No estamos contra nadie, pero queremos soluciones», finalizan.

