Publicado: octubre 6, 2026, 2:07 am

Hubo abrazos. Besos. Quienes no lo sabían se enteraron a primera hora. Pedro Sánchez llamó a Yolanda Díaz para confirmarle que iba a adelantar las elecciones y que se lo trasladara al resto de ministros de Sumar, como así hizo. La noticia había que digerirla. El Consejo de Ministros extraordinario para aprobar el decreto de convocatoria de elecciones se prolongó durante dos horas, pese a haber un único asunto en el orden del día. Tomaron la palabra todos los ministros. El presidente del Gobierno les fue instando a ello. «¡Vamos a dar esta batalla y la vamos a ganar!», se escuchó en la reunión. Una suerte de terapia colectiva. «¡Sí se puede!». Mensajes políticos y emotivos. También de agradecimiento. Al final hubo aplausos.
Esta vez no hubo as en la manga. La resiliencia se juega todo al rojo. Sánchez siguió el guión que le leyeron muchos cargos, dirigentes y políticos desde el jueves por la noche: adelanto electoral. Quienes han tenido interlocución estos días con el jefe del Ejecutivo señalan que ese mismo día, cuando Junts comunicó con nocturnidad su rechazo a los decretos, «más o menos se vio claro el camino a seguir», señala a EL MUNDO uno de sus interlocutores esa noche. Se trataba de reflexionar y madurar.
Distintos cargos y dirigentes insisten en la ventana de «oportunidad», porque la situación era «insostenible». Fin al Dorado de llegar hasta 2027 y terminar legislatura. En La Moncloa, tras un fin de semana aderezado de opiniones, debates, datos, números… constataron que el camino eran las urnas en la primera fecha disponible, el 29 de noviembre, en un intento de movilizar a su electorado. «Con este giro pretendemos dar la vuelta a las encuestas», señalan en su núcleo duro, ante una demoscopia que apunta a un Gobierno del PP y Vox. «¡Somos más y mejores! Sólo necesitamos movilizar a los nuestros»; «Somos más y lo veremos en las urnas»; «Los ciudadanos progresistas somos más que los de derechas», lanzan algunas de las personas más cercanas a Sánchez.
El PSOE inhala el espíritu podemista del Sí se puede en el último vuelo de su ave fénix. Argumentan los estrategas socialistas que ellos van de menos a más en las campañas; que su pretensión es subir al menos tres puntos y que el objetivo es situarse en, al menos, el 30% del voto. Que ahí hay partido. «Llamaras a quien llamaras el fin de semana te decían que ésta era la oportunidad y que se puede. El partido está enchufado, la máquina engrasada. Hemos dado al botón», señalan fuentes conocedoras del engranaje del PSOE. Y ese botón es aprovechar la movilización ciudadana, con la vivienda como tema de debate, esperando que la crisis de Ceuta o la corrupción no vuelvan a estallar. «Es un buen marco de discusión política para unas elecciones», constata un ministro. «El votante socialista se va a movilizar y vamos a ganar a la derecha, a las encuestas y a lo que haga falta», proclama un miembro de la dirección socialista.
«Había un clamor generalizado de que esto era insostenible, aunque es una situación cargada de riesgos», explica un dirigente territorial. «Ésta es la mejor posibilidad. La situación ha sido insostenible durante toda la legislatura».
Como si fuera Bear Grylls, el famosos aventurero que protagonizó la serie de televisión El último superviviente, Sánchez busca sobrevivir movilizando no sólo a sus votantes, con una operación sacar de la abstención, sino prosiguiendo en el achique del espacio de sus potenciales socios -Sumar, ahora Frente Amplio, o Podemos– para atraer votantes; así como lanzando la caña a simpatizantes del PP, molestos con que su partido haya rechazado las medidas en materia de vivienda. «No han entendido lo que han hecho. Lo van a pagar», dicen en el Gobierno.
Eso explica la declaración institucional de Sánchez este lunes en La Moncloa, sin presencia de periodistas, convertida en pistoletazo de salida a la precampaña, donde sentó las bases de su estrategia y mensaje, con banderas clásicas de sus socios de izquierda: «Hemos tenido que batirnos contra élites económicas y sociales muy poderosas que no se presentan a las elecciones pero que quieren seguir controlando nuestro país» o «Combatimos a los tiranos, a los tecno-oligarcas y también a los especuladores que quieren destruir el futuro de nuestros hijos».
Durante el fin de semana, en el Gobierno prestaron mucha atención al desarrollo de las manifestaciones, pero también se han sopesado otras claves como el calendario judicial -las investigaciones que cerca a La Moncloa y el PSOE, con una posible imputación del partido, así como al entorno familiar de Sánchez-, que ahora pueden verse ralentizadas, o la evolución de la economía, con una previsible alza de precios estos meses.
El jefe del Ejecutivo sienta el marco electoral: un plebiscito. O ellos o nosotros. La élite o nosotros. La ultraderecha o nosotros. «Los españoles tenéis que decidir qué papel queréis jugar. Si deseáis sumaros a esa ola ultraderechista que involuciona allí donde gobierna. O deseáis que España siga siendo un baluarte de apertura y de justicia social y de responsabilidad medioambiental. Si queréis que nuestro país retroceda o continúe avanzando». En la sala de máquinas socialista no dudan: «Retroceder o avanzar es el marco de la campaña», con la vivienda como una palanca.
De momento, el primer movimiento es que el Consejo de Ministros aprueba este martes, con alguna modificación, los decretos que tumbó el Congreso el viernes, para convalidarlos en la Diputación Permanente, órgano rector una vez disuelta la Cámara, donde tiene mayoría con sus socios y no necesita a Junts. Ahora no será una convalidación exprés y esperarán los 30 días que tienen de margen. La votación se aproximará a la fecha del arranque de la campaña.
