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Pujol y la regeneración que no fue

Publicado: abril 28, 2026, 1:07 am

Hace diez años aún podíamos creer que la regeneración progresaba adecuadamente. El 3 de mayo de 2016 se disolvían las Cortes después de que las primeras elecciones del cambio dieran pie a una legislatura inoperante. El multipartidismo ya era una realidad en el Congreso –Iglesias y Rivera lideraban nutridos grupos parlamentarios-, pero esto solo se había traducido en parálisis y en vetos cruzados. Sin embargo, aún se podía ser optimista. Las grandes transformaciones no cristalizan de un día para otro, y el panorama seguramente se aclararía tras unos nuevos comicios. Lo que estaba claro era que la ciudadanía exigía cambios profundos, y que muchos vicios de la vieja política tenían los días contados.

Roberto Benito escribía ayer sobre la cruel refutación de aquellas ilusiones que está suponiendo el juicio del caso Mascarillas. Diez años después, los rostros de Ábalos y Koldo en el Supremo recuerdan hasta qué punto los peores aspectos del sistema sobrevivieron a la apoteosis regeneracionista. El contrapunto con el juicio de la Kitchen también es deprimente: si bien las acusaciones que se dirimen en él son muy graves, los hechos investigados forman parte de todo aquello contra lo que se reaccionaba en 2015 y 2016. Ábalos, en cambio, perteneció a un Gobierno que alcanzó el poder prometiendo limpieza. Ahora entendemos que aquello no fue un nuevo hito del impulso regenerador; más bien supuso su acta de defunción.

Por desgracia, este no es el único recordatorio amargo que arroja la actualidad judicial. La exclusión de Jordi Pujol del juicio por la fortuna oculta de su familia -la Audiencia Nacional ha considerado que el ex presidente de la Generalitat, de 95 años, debe quedar fuera del procedimiento por su «deterioro cognitivo»- expone algunas de las disfunciones que el impulso regenerador no corrigió. En primer lugar, por la incomprensible demora en que el caso llegara a juicio -la instrucción quedó cerrada en julio de 2020-. En segundo lugar, porque este se produce cuando ya ha habido una notable rehabilitación de la figura de Pujol, mediante un discurso que sostiene que los graves indicios de corrupción institucional no deberían opacar sus presuntos logros políticos. Un marco que, como ha venido señalando Iñaki Ellakuría, no ha partido únicamente de sus herederos dentro del nacionalismo, sino que también ha contado con la colaboración de Illa y el PSC.

Pero el simbolismo del caso Pujol va más allá de mostrar la resistencia del marco nacionalista, o la superlativa elasticidad moral de este PSOE. Recordemos que la primera confesión de Pujol sobre la fortuna en Andorra se produjo en 2014, y que reafirmó la impresión de que todo un sistema de miserias, silencios y complicidades llegaba a su fin. Un sistema que implicaba a los dos grandes partidos, pero también a otros actores fundamentales de las primeras décadas de la democracia. El pujolismo formaba parte de esa vieja política cuyos vicios se buscaba desterrar. Y sin embargo. Diez años después, lo único que parece definitivamente desterrado es el regeneracionismo.

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