Publicado: octubre 19, 2026, 10:07 pm

«Irene» como candidata. «Irene» como marca. «Irene» como reclamo. Podemos plantea la campaña electoral más personalista de su historia, sólo equiparable a la de su irrupción con Pablo Iglesias en 2014, para apostar en un todo o nada su superviviencia tras el 29-N a la fuerza de la figura de Irene Montero. Si el entonces líder de Podemos llegó al extremo de estampar su cara en la papeleta, ahora es la dirigente la que utiliza un «Irene» escrito en mayúsculas como marca electoral oficiosa de su candidatura. Algo para lo que esconde el nombre de Podemos y toda la línea gráfica que lo identifica, como el color morado, que queda eclipsado por un nuevo azul añil.
Así, sorprende que no hay ni rastro del nombre de Podemos en la página web de la campaña ni tampoco en la cartelería que de momento ha presentado el partido morado. Tampoco en las chapas, donde luce un gigantesco «Irene» sin nada más.Es la primera vez que esto sucede.
Podemos deja claro que la construcción del proyecto gira en torno a ella, igual que hace 12 años hizo lo mismo con aquel tertuliano con coleta que salía en La Sexta y que se hizo famoso atizando a «la casta». ¿Y por qué de esta apuesta tan personalista? En el CIS, que en las preguntas directas tiene credibilidad para los expertos, está la clave de todo. Existe un 1% de españoles que responde «Irene Montero» a la pregunta de a quién se prefiere como futuro presidente del Gobierno. Este porcentaje, sobre el censo actual, implica 387.000 personas. Una base realmente fiel y convencida que constata el tirón personal de Montero.
Ahora bien, para pelear por ensanchar ese porcentaje, Podemos lleva exhibiendo desde hace tiempo en una estrategia para aumentar el potencial de su candidatura y mejorar su proyección pública. El objetivo es dulcificar su perfil y suavizar la percepción que se tiene de mujer dura, y que sus rivales políticos han aprovechado para caricaturizar como una persona enfadada y que regaña.
No es el qué se dice, porque no se trata de perder vehemencia o firmeza, que es su valor y marca personal, sino cómo lo dice o lo traslada. Las formas. Esta dulcificación de Montero está siendo muy comentada últimamente dentro del espacio de la izquierda alternativa, donde se señala que ahora en las entrevistas hay un afán por mostrarse más sonriente, pausada y amable. Es decir, aparecer igualmente convincente pero sin parecer que está abroncando.
Además, hay un factor que se está intentando explorar: la cercanía. Más que en las entrevistas en los medios, se busca a través de los vídeos en las redes sociales, donde abre un abanico de temas a tratar mucho más amplio y en los que puede sacar a relucir su lado más distendido, buscando la viralización al entrar en todas las polémicas. En estos vídeos utiliza un lenguaje más pegado a los jóvenes y menos institucional. Esto la ha llevado a su vez a ser una asidua en podcast y canales de Youtube.
Es curioso pero Iglesias también afrontó en junio 2015 una operación para mejorar su imagen. Para dejar el ceño fruncido, el de la papeleta, y pasar a la sonrisa, que plasmó en nuevo logo personal. Todo en busca de ofrecer «frescura» y «cercanía», palabras que usó entonces Montero.
