Publicado: noviembre 3, 2026, 3:54 pm
Por si quedaba alguna duda, ya son agua pasada las derrotas del Barça ante PSG y Real Madrid. Ya había recuperado la sonrisa con su goleada al Alavés, pero todavía tenía mucha rabia contenida, y la dejó toda sobre el césped del Camp Nou para pasar por encima al Aston Villa de Unai Emery en un partido plácido en el que el conjunto inglés no fue rival para los culés en su regreso a la Champions League.
Los títulos no se deciden en dos partidos, ni por dos derrotas. Tiene razón Hansi Flick. Pero sí que duelen. Y el FC Barcelona tenía su orgullo herido. Así que, recibió a los Villanos con sed de sangre y ganas de demostrar que sigue yendo a por todos los trofeos. Se notó nada más escuchar el pitido inicial, después de que se guardase un emotivo minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario de Urda y el tráfico fallecimiento de Jesús de Miguel, pues una falta de Fermín en la presión tras el saque de centro fue la encargada de inaugurar el choque.
Esa fue la tónica general desde entonces. Un Barça extremadamente intenso que asfixió una y otra vez la salida de balón del cuadro inglés. No tardó el Villa en caer en la trampa. Apenas siete minutos. Fue entonces cuando Joao Gomes, buscando con quien sacar la pelota jugada, le regaló el primero a Lamine Yamal, que esperaba atentísimo en la frontal para llevarse un caramelo en el interior del área. Lo saboreó el ’10’ como nunca. Y más la afición blaugrana. Porque clavó en el palo largo, a media altura, el 1-0.
Pero los equipos de Emery no son de los que se meten atrás. Y los Villanos respondieron yendo hacia delante para buscar el empate. Tuvo dos, en el minuto siguiente al gol, y no metió ninguna. Ni el zapatazo de Matty Cash ni el de Joao Gomes, que buscaba de resarcirse de su error, tras el saque de esquina que provocó el lateral, inquietaron a Joan García. Tampoco aprovechó Anthony Gordon otro regalo británico calcado al anterior para ampliar la ventaja.
Y, viendo que todavía estaba en el partido, el Aston Villa siguió echándole cara y apretando. Más con actitud que con acierto. Porque a menudo se equivocó en la toma de decisiones al atacar y, en las que no, apareció un Joan García siempre atento cuando el partido lo requería. Así que el Barça se fue al descanso ganando, pero con el sobre aviso de que el partido seguía abierto.
Volvió al césped un cuarto de hora después dispuesto a cerrarlo. Y le bastaron otros siete minutos para sentenciar un choque que controlaba más desde el juego que desde el resultado. Esta vez el goleador fue el capitán Raphinha, que recibió solo un pase filtrado de Fermín en la frontal y la clavó, con suspense, pegada al palo corto. Ya no hubo reacción villana. Y el Barça lo liquidó superada la hora. Otra vez fue Raphinha, que empujó un centro con el exterior de Cancelo para hacer el 3-0 definitivo y certificar que el Barça ha recuperado la sonrisa también en Europa.
