Publicado: julio 11, 2026, 4:07 pm
La Princesa de Asturias entró ayer por última vez a su habitación en la Academia General del Aire. Después del acto de entrega de despachos a sus compañeros de quinto, que egresaron como tenientes, la joven se dirigió a su camarota para recoger el petate y alguno de los bultos que todavía estaban en la habitación. Se despidió de compañeros y mandos y se marchó con sus padres, los Reyes Don Felipe y Doña Letizia, y su hermana, la Infanta Sofía, a casa. Así terminó tres años de formación castrense. Un periodo intenso y exigente que la Princesa superó de mantera «brillante», según la opinión generalizada de las tres Academias. Unos años que han aportado, valores, experiencia y soltura a quien está llamada a ser mando supremo de las Fuerzas Armadas. Ayer cerró su formación, pero su vínculo con los militares será para siempre.
A Leonor le diseñaron un plan de formación ad-hoc entre Casa Real y el Ministerio de Defensa. Margarita Robles trabajó mano a mano con el anterior jefe de la Casa, Jaime Alfonsín, y el consejo del Cuarto Militar, para planificar el adiestramiento de Doña Leonor. Se decidió que siguiera los pasos de su padre: un año en la Academia General Militar en Zaragoza, cursando las semanas de ‘campamento’ y adaptación con los cadetes de primero y luego el resto del curso en Segundo.
Felipe VI y la Princesa Leonor, en la entrega del despacho de alférez en Zaragoza.Efe
A Zaragoza llegó con las botas del uniforme ya domadas, pues desde la Semana Santa anterior, se le diseñó un plan de entrenamiento para poder adaptarse. Tenía que estar en la misma forma que sus compañeros, y las ampollas y rozaduras propias de los primeros días con botas tenían que estar superadas. De ese plan, como del seguimiento de toda su formación, se ha encargado Margarita Pardo de Santayana, teniente coronel de artillería destinada en el Cuarto Militar que ha sido el enlace entre las Academias y la Casa Real estos tres años.
En la General, Leonor aprendió supervivencia, orientación, a deslizarse por el barro, nadar con el uniforme y la mochila puestos, desfilar y lo básico de los valores militares. Se aprendió el decálogo del cadete, el himno de la academia y los acordes de ‘La muerte no es el final’. Probablemente lo más importante del paso por Zaragoza fue su jura de bandera, en octubre de 2023. Ese día, Leonor prometió lealtad a España y dar su vida por la patria.
Desde allí, y con la Gran Cruz al Mérito Militar, cambió el uniforme caqui por el blanco de la Armada. Ingresó en septiembre de 2024 en la Escuela Naval de Marín con los compañeros de tercero, como guardiamarina de 1ª. Tuvo un trimestre para ponerse al día en los conocimientos básicos de navegación y en enero de 2025 se embarcó en el Juan Sebastián de Elcano para realizar el crucero de instrucción. Seis meses en alta mar donde aprendió a utilizar instrumentos de orientación en la navegación, a leer cartas marítimas y orientarse por las estrellas. Seis meses que, según contaban, fue feliz en las largas navegaciones, libre de curiosos y de objetivos. En Marín entendió el respeto al mar, el sacrificio de los marinos y la dureza de la Armada. Porque después del crucero de instrucción, terminó de curtirse en una fragata durante unas semanas en las que le aplicaron el mismo régimen de guardias que al resto de compañeros.
La Princesa de Asturias, al llegar al Uruguay durante el crucero de instrucción del Juan Sebastián de Elcano.
Celebró el día del Carmen con sus compañeros en la entrega de despachos de ‘los mayores’, y se despidió de Marín y los amigos rumbo a Murcia. Leonor ingresó en la Academia General del Aire en septiembre de 2025. Tras la sobreexposición de la Princesa en la Armada, Zarzuela confió en proteger un poco más su imagen para que ella pudiera centrarse en sus estudios. Este periodo libre de cámaras y juicios la ha llevado a alcanzar todos los hitos planeados en su formación, y a realizar otros que no estaban en la hoja de ruta de la Princesa, pero que le apetecía probar y retarse. Leonor realizó dos sueltas a bordo del Pilatus Pc; superó el Curso Básico de Paracaidismo con seis saltos con un paracaídas automático; e incluso se montó en un F-5.
«Les aseguro que no soy la misma persona que llegó a Zaragoza», reflexionó la Princesa hace unas semanas. Y así es. Leonor ha dado muestras de una increíble capacidad de adaptación y resiliencia. También de esfuerzo y humildad. Hay dos anécdotas que definen bien esto. La primera, en Zaragoza, donde recién llegada y sin empleo alguno, se cuadraba en el comedor ante cualquier superior que se le cruzaba. La segunda en Marín un día tras un cóctel. Al finalizar la cita, se cayeron unos vasos y la Princesa corrió a recogerlos. Otro día, se quedó buscando un interruptor para apagar la luz de uno de los salones.
El director de la Academia General del Aire, Luis González-Asenjo, se deshizo ayer en elogios a la Heredera «tras completar tres años inolvidables«, dijo.
En su discurso afirmó que Leonor «desde su llegada a este centro ha logrado superar con rotundo éxito cada uno de los objetivos marcados». Y confesó, que la estancia de la Princesa fue también «muy enriquecedora» para quienes han estado con ella: «Su comportamiento ha sido ejemplar y su integración ha logrado ser una más entre sus compañeros». Además, quiso subrayar lo que han aprendido de ella en este curso en San Javier: «Su esfuerzo, tenacidad, confianza en sí misma, responsabilidad y valor», enumeró como «lecciones de vida para los que hemos estado con ella». Finalizó sus palabras asegurando: «Estamos muy orgullosos de la brillante aviadora que ya vuela con nosotros».
Leonor regresará el año que viene a las tres academias que han sido su casa estos tres años. Recogerá entonces el despacho de teniente de manos de su padre, Felipe VI, y podrá cumplir una ansiada orden entre los recién egresados: el mítico «¡rompan filas!».



