Publicado: octubre 7, 2026, 1:00 pm
El Mac mini siempre ha tenido algo de anomalía dentro del catálogo de Apple. No tiene pantalla, ni batería, ni teclado, ni buscaba (sobre todo cuando Steve Jobs lo presentó en 2005 con cierto desdén) ser el ordenador que más miramos. Su virtud está precisamente en lo contrario: colocarlo en una esquina del escritorio y olvidarnos de que existe mientras hace prácticamente todo lo que le pedimos.
Con el rediseño del M4, Apple llevó esa idea casi hasta el extremo. El Mac mini pasó a medir apenas 12,7 centímetros de lado y 5 centímetros de alto, con la fuente de alimentación integrada dentro de un cuerpo que literalmente cabe en una mano. El M6 no cambia esa fórmula exterior, pero sí modifica algo más importante: lo que podemos esperar de un ordenador de este tamaño.
Después de probarlo, está muy claro como esta generación explica bastante bien hacia dónde va Apple Silicon. Esto no va de únicamente de hacer un Mac más rápido cada año. El M6 está construido alrededor de CPU, GPU e inteligencia artificial de una forma mucho más equilibrada, y convierte al Mac mini en una máquina sorprendentemente seria para programación, fotografía, vídeo, juegos y modelos de IA locales. El problema es que Apple también ha movido otra cosa: el precio.
Mac mini M6 y M5 Pro, ficha técnica
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MAC MINI M6 |
MAC MINI M5 PRO |
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FECHA DE LANZAMIENTO |
22 de septiembre de 2026 |
22 de septiembre de 2026 |
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DIMENSIONES Y PESO |
Alto: 5 cm Ancho: 12,7 cm Fondo: 12,7 cm Peso: 0,67 kg |
Alto: 5 cm Ancho: 12,7 cm Fondo: 12,7 cm Peso: 0,73 kg |
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PROCESADOR |
Apple M6 |
Apple M5 Pro |
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memoria |
16 GB / 32 GB |
24 GB / 48 GB / 64 GB |
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almacenamiento |
256 GB / 512 GB / 1 TB / 2 TB |
1 TB / 2 TB / 4 TB / 8 TB |
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puertos |
Jack de 3,5 mm para auriculares Ethernet de 2,5 Gb/s o 10 Gb/s (configurable) Tres puertos USB-C compatibles con Thunderbolt 4 Dos puertos USB-C en el frontal con USB 3.0 Puerto HDMI |
Jack de 3,5 mm para auriculares Ethernet de 2,5 Gb/s o 10 Gb/s (configurable) Tres puertos USB-C compatibles con Thunderbolt 5 Dos puertos USB-C en el frontal con USB 3.0 Puerto HDMI |
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conectividad |
Wi-Fi 7 Bluetooth 6.0 |
Wi-Fi 7 Bluetooth 6.0 |
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MONITORES EXTERNOS |
Dos monitores 6K a 60 Hz o 4K a 165 Hz + monitor 5K a 60 Hz |
Tres monitores 6K a 60 Hz o 4K a 165 Hz |
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sistema operativo |
macOS 27 Golden Gate |
macOS 27 Golden Gate |
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precios |
Desde 1.069 euros |
Desde 2.019 euros |
El diseño correcto era éste, así que Apple no lo ha tocado

Exteriormente, distinguir este Mac mini M6 de la generación anterior es prácticamente imposible: sigue siendo esa pequeña pieza cuadrada de aluminio con esquinas redondeadas que Apple estrenó en 2024, mucho más compacta que los Mac mini de las generaciones M1 y M2. Lo mejor sigue siendo su aparente ausencia: sobre una mesa ocupa tan poco que prácticamente desaparece. Justamente esa es la idea.
Y esa discreción sigue siendo uno de sus mayores atractivos. Lo he pensado varias veces mientras lo usaba: hay ordenadores que colonizan el centro del escritorio casi como una pieza de decoración y otros que simplemente quieren dejar espacio para que trabajemos. El Mac mini pertenece claramente al segundo grupo. Puede quedarse junto al monitor, debajo de él o incluso montarse detrás de una pantalla con las decenas de accesorios que exiten para ampliar sus posibilidades, y dentro sigue estando también la fuente de alimentación, sin transformadores gigantes escondidos bajo la mesa.

Apple mantiene además una distribución de conexiones bastante práctica. Delante tenemos dos USB-C y el conector de auriculares, algo especialmente cómodo para conectar momentáneamente un SSD, unos auriculares o cualquier accesorio que no queremos dejar instalado. Detrás aparecen tres Thunderbolt 4, HDMI 2.1, Ethernet y alimentación, aunque no tenemos (ni creo que vayamos a tener nunca) USB-A ni lector de tarjetas SD, dos ausencias que fotógrafos y usuarios con periféricos antiguos probablemente resolverán con algún adaptador o un dock.

También sigue ahí el famoso botón de encendido situado en la parte inferior trasera. Continúa siendo una decisión extraña, porque obliga a levantar ligeramente el ordenador para pulsarlo. En realidad, después de configurar el Mac y acostumbrarme a dejarlo en reposo, he tenido que utilizarlo tan poco que termina siendo más una mala decisión conceptual que un problema cotidiano, pero habría sido fácil aprovechar esta generación para corregirlo.
M6: tres tipos de núcleo para un Mac que parece mucho más grande de lo que es

La verdadera novedad está dentro. El M6 es el primer chip para Mac fabricado utilizando un proceso de 2 nanómetros y también introduce una configuración bastante peculiar: una CPU de 12 núcleos formada por dos supernúcleos, cuatro núcleos de rendimiento y seis núcleos de eficiencia. Es la primera vez que Apple combina los tres tipos dentro del mismo procesador, lo cual ya nos adelanta la idea de potencia que caracteriza a esta nueva generación.
La forma sencilla de entenderlo es pensar que no todas las tareas que hacemos con un ordenador necesitan el mismo tipo de motor. Algunas aplicaciones dependen muchísimo de que un único hilo de ejecución termine su trabajo lo antes posible, ahí entran los supernúcleos. Otras pueden repartir el trabajo entre muchos núcleos, mientras que una enorme cantidad de procesos cotidianos pueden ejecutarse con núcleos de eficiencia consumiendo mucha menos energía. Esa mezcla permite al M6 decidir qué músculo necesita utilizar en cada momento.

Abrir aplicaciones, navegar entre proyectos grandes, trabajar con muchas pestañas, compilar código o realizar operaciones complejas nos trae la sensación inmediata que Apple Silicon lleva años proporcionando, solo que aquí el techo está bastante más arriba. No parece que el Mac mini esté esforzándose hasta que realmente le damos una razón para hacerlo.
Los números ayudan a ponerlo en perspectiva. En mi prueba con Geekbench 7, el Mac mini M6 alcanzó 4.080 puntos en mononúcleo y 22.459 puntos en multinúcleo. Frente a los aproximadamente 3.350 y 15.500 puntos respectivamente del Mac mini M4, el salto es considerable: alrededor de un 22% en un solo núcleo y un 45% cuando entran en juego todos los núcleos.

La mejora gráfica es todavía más llamativa. Mi unidad alcanzó 92.184 puntos en la prueba Metal de Geekbench 7, frente a los aproximadamente 54.500 puntos del M4. Hablamos de una diferencia cercana al 69%, una de esas cifras que ya permiten entender que el salto de generación no consiste únicamente en hacer un poco más rápida la CPU.

Los benchmarks sintéticos cuentan una parte de la historia, así que también quise llevar el M6 a una carga de trabajo sostenida. En Blender Benchmark 5.2, utilizando la CPU, mi Mac mini obtuvo una puntuación total de 335,25 puntos, con 150,61 muestras por minuto en Monster, 111,47 en Junkshop y 73,16 en Classroom. Es una prueba bastante más cercana a lo que supone mantener los doce núcleos trabajando durante un render que limitarse a medir un pico puntual de rendimiento.

El resultado global de Blender sitúa esa puntuación de 335,25 aproximadamente en el 53% superior de los resultados registrados en su base de datos. No convierte al M6 en sustituto de una estación gráfica con un chip Max o Ultra, pero vuelve a demostrar hasta qué punto el procesador básico de Apple ha elevado su suelo de rendimiento: estamos hablando del chip de entrada de la familia, no de una variante Pro.

También quise probar algo mucho más cercano a un trabajo diario como desarrollador. XcodeBenchmark completó la compilación en 117,693 segundos utilizando Xcode 27, con los doce núcleos del M6 y 32 GB de memoria unificada. Este tipo de prueba transforma la potencia de CPU en algo perfectamente tangible: minutos que dejamos de esperar cada vez que reconstruimos un proyecto.

Pero lo interesante no es decir que un número es mayor que otro. En tareas normales, un M4 ya era tan rápido que abrir Safari medio segundo antes no cambia nuestra vida. La diferencia empieza a importar cuando comprimimos vídeo, procesamos fotografías, compilamos proyectos grandes, trabajamos con modelos de IA o mantenemos cargas largas durante varios minutos: ahí esos porcentajes dejan de ser una tabla y empiezan a convertirse en tiempo que recuperamos, que es para mi, la mejor unidad de medida de rendimiento que se me puede ocurrir.
La GPU es probablemente una de las grandes sorpresas del M6

Apple también aumenta la GPU desde los diez núcleos de la generación anterior hasta los doce. Es importante porque el Mac mini básico empieza a acercarse a territorios que hasta hace relativamente poco asociábamos a procesadores Pro. No reemplaza a un M5 Pro, mucho menos a un Max, pero el punto en el que empieza esta generación es extraordinariamente alto.
Lo he notado especialmente en tareas creativas. Fotografía, efectos acelerados por GPU y edición de vídeo encajan muy bien con el M6, y para alguien que trabaje habitualmente con Lightroom o Photoshop hay potencia más que suficiente. Incluso una configuración básica puede ser perfectamente válida para fotografía profesional moderadamente exigente, aunque con vídeo RAW, proyectos complejos o cargas sostenidas de mucha duración sigue teniendo sentido mirar al M5 Pro.
También quise medir esa diferencia en un terreno mucho más exigente que un benchmark sintético. En Blackmagic RAW Speed Test, el M6 fue capaz de procesar vídeo BRAW 8K a unos 54 fotogramas por segundo utilizando CPU y a unos 130 fotogramas por segundo mediante Metal. La diferencia deja bastante claro cuánto peso puede asumir la GPU cuando el software está preparado para aprovecharla, hasta el punto de superar holgadamente los 60 fps en 8K mediante aceleración gráfica.

También empieza a resultar interesante como máquina para jugar. No creo que nadie deba comprar un Mac mini exclusivamente para jugar, porque el verdadero límite del Mac sigue siendo el catálogo, no el silicio. Pero títulos modernos comienzan a funcionar con una solvencia que hace unas generaciones habría resultado difícil imaginar en el modelo básico de Apple, y la GPU de doce núcleos deja bastante margen para que Metal siga creciendo.
En Cyberpunk 2077: Phantom Liberty obtuve alrededor de 45 fps con una salida a 2.048 x 1.152 píxeles, utilizando MetalFX para escalar desde una resolución interna de 1.365 x 768. No estamos hablando de una GPU dedicada de gama alta, pero sí de jugar con bastante fluidez a uno de los títulos técnicamente más exigentes que existen desde un Mac que cabe en una mano.

Juegazo, por cierto.
Eso cambia sutilmente la personalidad del producto: el Mac mini dejó hace tiempo de ser simplemente el ordenador económico para navegación, ofimática y correo. El M6 puede seguir haciendo todo eso sin despeinarse, pero también nos permite descubrir que un día queremos editar vídeo, trabajar con fotografía en RAW, aprender desarrollo o probar un videojuego exigente sin descubrir inmediatamente que hemos comprado la máquina equivocada.
La inteligencia artificial es aún mejor terreno de juego con el M6

Hay otro cambio menos visible, pero probablemente más importante a medio plazo. Cada uno de los doce núcleos gráficos incorpora ahora aceleradores neurales y el chip añade un Neural Engine dual de 16 núcleos, una arquitectura pensada para repartir mucho mejor los cálculos de inteligencia artificial. Apple habla de hasta cuatro veces más rendimiento en IA que el Mac mini M4.
Esto no significa que el Mac mini se transforme mágicamente en un centro de datos doméstico. La IA local depende muchísimo de la memoria disponible, porque el modelo tiene que caber en la memoria unificada junto al sistema operativo y el resto de aplicaciones. El M6 parte de 16 GB y puede configurarse con 24 o 32 GB, de modo que alguien realmente interesado en ejecutar modelos grandes debería considerar la memoria como una decisión bastante más importante que hace unos años.
Geekbench AI permite además separar bastante bien dónde está ocurriendo esa aceleración. Utilizando únicamente la CPU obtuve 6.827 puntos en precisión simple, 11.997 en media precisión y 8.782 en cargas cuantizadas. Son cifras que sirven como punto de partida para comparar qué ocurre cuando el mismo tipo de trabajo pasa a componentes diseñados específicamente para paralelizarlo.

Al trasladar la prueba a la GPU, el salto es evidente: 18.026 puntos en precisión simple, 33.668 en media precisión y 35.448 en cuantización. Es especialmente relevante porque cada uno de los doce núcleos de GPU del M6 incorpora ahora su propio acelerador neural, de modo que la gráfica ya no interviene únicamente como una GPU tradicional.

Pero es el Neural Engine el que deja la cifra más espectacular en determinados tipos de cálculo. En mis pruebas alcanzó 61.130 puntos en media precisión y 81.833 puntos con modelos cuantizados, muy por encima de CPU y GPU en esos escenarios. Esa especialización importa mucho porque precisamente la cuantización es una de las técnicas que permiten ejecutar modelos de inteligencia artificial grandes utilizando menos memoria y capacidad de cálculo.

Con modelos relativamente compactos, sin embargo, la experiencia empieza a ser sorprendente. Poder descargar un LLM, ejecutarlo completamente en el ordenador y mantener conversaciones con él sin enviar cada consulta a servidores externos es desde luego un caso de uso genial. Y aquí el Mac mini tiene una ventaja peculiar: es pequeño, silencioso, consume poco y puede quedarse encendido permanentemente, justo la combinación que mucha gente busca para experimentar con agentes o servicios locales.
Para probarlo fuera de los benchmarks, cargué directamente en el Mac mini Qwen3.5 9B mediante LM Studio, cuantizado a 4 bits y utilizando MLX. El modelo ocupa unos 5,98 GB en memoria y puede trabajar con un contexto de hasta 262.144 tokens, todo ello ejecutándose directamente en el dispositivo. Explicado fácil: una IA completa funcionando dentro de una caja de 12,7 centímetros.

Para mí ésta es probablemente la lectura más interesante del M6. La inteligencia artificial no es una aplicación que abrimos, sino una capacidad que empieza a infiltrarse en edición de imagen, vídeo, programación, búsqueda, procesamiento de lenguaje o automatización. El Mac mini no necesita convertirse en «el ordenador de la IA». Basta con que la IA pase a ser una tarea más que puede ejecutar sin que pensemos demasiado en ella.
Y quise llevar esa idea un poco más lejos utilizando el mismo Qwen3.5 9B como modelo local dentro de un flujo de trabajo agéntico. En lugar de limitarse a responder una pregunta, el modelo pudo trabajar sobre un proyecto, utilizar el contexto disponible y generar un informe en un archivo Markdown. Esto ya no es un chatbot instalado en el ordenador sino una herramienta capaz de trabajar dentro de él.

Y aquí también aparece una recomendación clara. 16 GB sirven perfectamente para utilizar el Mac mini como ordenador generalista y probar IA local, pero si ésta es una de las razones principales por las que alguien está comprando el equipo, yo subiría como mínimo a 24 GB. Los aceleradores neurales pueden acelerar muchísimo los cálculos; lo que no pueden hacer es inventarse memoria que físicamente no existe.
Un ordenador diminuto que casi nunca recuerda que tiene ventilador

Una de las cosas que sin duda me encanta de usar toda esta potencia dentro de una caja tan pequeña es sin duda… el silencio. El Mac mini tiene refrigeración activa, con entrada y salida de aire en la zona inferior, aunque durante prácticamente todo el uso cotidiano resulta imperceptible. Navegación, escritura, edición fotográfica ligera, programación o reproducción multimedia no son suficientes para hacer que su presencia acústica resulte relevante.
Cuando llevamos CPU y GPU al límite durante periodos prolongados, el ventilador puede aparecer. Incluso entonces, el comportamiento térmico sigue siendo uno de los puntos fuertes del equipo y permite mantener frecuencias sostenidas que un sistema refrigerado pasivamente tendría más dificultades para conservar. Esa pequeña diferencia importa particularmente cuando exportamos vídeo o ejecutamos trabajos que tardan varios minutos.
También es una buena demostración de lo que Apple lleva intentando conseguir desde el M1. La potencia ya no consiste únicamente en alcanzar una cifra máxima durante unos segundos, sino en hacerlo sin necesitar un ordenador enorme, temperaturas descontroladas o ventiladores permanentemente audibles. En el Mac mini M6 esa filosofía alcanza un punto curioso: el equipo es mucho más rápido de lo que su aspecto permite intuir. Cada vez que pienso en ello, me viene a la cabeza lo orgulloso que estaría Steve Jobs de ver en qué se ha convertido este modelo.
Wi-Fi 7, Ethernet de 2,5 Gb y hasta tres monitores: pequeñas mejoras que sí importan

Aunque Apple no haya cambiado físicamente las conexiones, sí ha actualizado lo que ocurre detrás de ellas. El Ethernet pasa ahora a 2,5 Gb/s de serie, con la posibilidad de configurar 10 Gb/s, mientras que el nuevo chip inalámbrico N1 ahora trae Wi-Fi 7 y Bluetooth 6. Quizás no sea un cambio rompedor respecto a la generación anterior, pero sí hacen que un ordenador diseñado para durar muchos años envejezca bastante mejor.
El M6 mantiene tres Thunderbolt 4 en la zona trasera, frente a los Thunderbolt 5 del Mac mini con M5 Pro. Para la inmensa mayoría de usuarios no será una limitación importante: 40 Gb/s siguen proporcionando ancho de banda de sobra para SSD externos, docks, interfaces de audio y pantallas. Pero quien trabaje con infraestructuras Thunderbolt extremadamente rápidas o tenga necesidades profesionales muy concretas debe tener en cuenta esa diferencia antes de elegir versión.

También mejora ligeramente la compatibilidad con monitores. Puede manejar hasta tres pantallas externas y llegar, según la configuración, a combinaciones con dos paneles 6K y una tercera pantalla 4K de alta frecuencia, mientras que con una sola pantalla puede alcanzar 8K a 60 Hz, 5K a 120 Hz o 4K a 240 Hz. Hace años comprar el Mac más pequeño de Apple implicaba asumir compromisos evidentes de conectividad gráfica – hoy es perfectamente posible construir alrededor de él un escritorio bastante serio.
Sigo echando en falta una ranura SD en el frontal. Entiendo que Apple la reserva para el Mac Studio y que siempre podemos añadirla mediante alguno de los ingeniosos adaptadores que hay en el mercado, pero este Mac mini tiene potencia suficiente para convertirse en el equipo principal de muchos fotógrafos. Precisamente por eso, una ranura que permitiera sacar la tarjeta de una cámara y empezar a trabajar habría encajado perfectamente con lo que el ordenador ya es capaz de hacer.
Los 256 GB son mucho más difíciles de defender que los 16 GB de memoria

Y llegamos al apartado que más condiciona mi recomendación: la configuración básica. El Mac mini M6 parte de 16 GB de memoria unificada y 256 GB de SSD, una combinación bastante desequilibrada en 2026. Los 16 GB me parecen todavía suficientes para muchísima gente; los 256 GB en un ordeandor, mucho menos.
Aplicaciones, macOS, bibliotecas de fotografías, proyectos, juegos y modelos locales de IA pueden comerse esa capacidad sorprendentemente rápido. Un usuario que mantenga casi todo en iCloud y trabaje principalmente con documentos puede vivir perfectamente con ella, pero basta empezar a instalar software profesional o juegos para tener que vigilar constantemente el espacio libre. Y comprar un ordenador tan capaz para inmediatamente empezar a pensar qué debemos borrar no me parece la mejor experiencia.

En un sobremesa podemos aliviar bastante el problema mediante almacenamiento externo. De hecho, un SSD Thunderbolt rápido es una solución perfectamente razonable para proyectos, fotografías o vídeo, y probablemente más barata que ampliar el almacenamiento interno de Apple. Aun así, si fuese a comprar este Mac mini como equipo principal, 512 GB sería mi punto de partida real, no los 256 GB del modelo de entrada.
El almacenamiento de la unidad que he probado demuestra, al menos, que el problema no está en la velocidad. En Blackmagic Disk Speed Test obtuve 6.627 MB/s de escritura y 6.007 MB/s de lectura, cifras suficientemente altas como para trabajar con material de vídeo muy pesado directamente desde el SSD interno. La cuestión con el modelo básico es precisamente otra: tener una máquina capaz de mover semejante cantidad de datos y disponer solamente de 256 GB para guardarlos.

Con la memoria haría una distinción diferente. Para ofimática, navegación, fotografía, programación convencional y edición ocasional, los 16 GB pueden seguir funcionando perfectamente. Si queremos conservar el ordenador muchos años, ejecutar máquinas virtuales, trabajar profesionalmente con vídeo o experimentar seriamente con LLM locales, los 24 GB son probablemente el punto dulce.
La nueva posición del Mac mini M6 y su precio

Todo esto nos lleva inevitablemente al precio. El Mac mini M4 llegó en 2024 por 699 euros y aquella cifra formaba una parte enorme de su atractivo: era una cantidad casi absurda para la potencia que ofrecía. El M6 arranca ahora en 1.069 euros, manteniendo esos 16 GB de RAM y 256 GB de almacenamiento, de modo que la subida es imposible de separar de cualquier análisis del producto.
Esto no convierte al Mac mini M6 en un mal ordenador. De hecho, diría exactamente lo contrario: técnicamente es uno de los productos más impresionantes de la gama Mac por la relación entre tamaño, consumo y potencia. Pero sí deja de ser aquella recomendación automática que podía hacerse con el M4 sin pensar demasiado.
En cuanto comenzamos a añadir memoria y almacenamiento, podemos acercarnos peligrosamente a configuraciones superiores. El Mac mini con M5 Pro ofrece más núcleos, más ancho de banda de memoria, hasta 64 GB de memoria unificada y Thunderbolt 5, de modo que alguien que convierta un M6 en una configuración muy cara debería detenerse y comparar antes de confirmar la compra.
La configuración que elegiría para equilibrar vida útil y precio sería M6 con 24 GB de memoria y 512 GB de SSD. Si el presupuesto es más ajustado, mantendría los 16 GB y subiría antes el almacenamiento a 512 GB. Y si vamos mucho más allá porque necesitamos 32 GB, varios terabytes internos o trabajos de vídeo profesional muy pesados, empezaría a comparar seriamente con el M5 Pro e incluso con un Mac Studio.
Mac mini M6: una pequeña caja que ya no tiene ambiciones pequeñas

El Mac mini M6 me parece uno de esos productos que explican mejor una tecnología que cualquier diapositiva. Podemos hablar de nanómetros, Neural Engines, anchos de banda o tipos de núcleo durante horas, pero basta colocar esta pequeña caja sobre una mesa y empezar a trabajar para entender lo que Apple Silicon ha conseguido en seis años. Ya no pensamos primero en el tamaño del ordenador para imaginar hasta dónde puede llegar.
El M6 mejora claramente el rendimiento de CPU, da un salto importante en GPU y prepara mucho mejor el Mac para una generación de aplicaciones donde la inteligencia artificial será cada vez más local. Al mismo tiempo, mantiene el silencio, el consumo y ese diseño diminuto que convirtió al M4 en uno de los Mac más interesantes de los últimos años. Es una evolución más profunda y va mucho más allá de «es un Mac pequeño».
Apple Mac Mini con Chip M6 de Apple – Plata
No recomendaría actualizar desde un Mac mini M4 salvo que necesitemos específicamente más rendimiento gráfico, IA local o alguno de los avances de conectividad. Desde un M1 o M2, en cambio, el salto empieza a resultar mucho más atractivo, especialmente para quienes hayan visto cómo su flujo de trabajo se ha vuelto más exigente durante estos años. Y para alguien que llega por primera vez a Apple Silicon y ya tiene monitor, teclado y ratón, sigue siendo una de las puertas de entrada más interesantes al Mac.
El precio le quita parte de aquella magia de compra evidente que tenía la generación anterior. Los 256 GB del modelo básico tampoco están a la altura de una máquina que puede hacer tanto. Pero ninguna de esas dos cosas cambia lo más importante: el Mac mini M6 vuelve a demostrar que la potencia ya no necesita se mide por el tamaño, sino por lo que es capaz de hacer.
En Applesfera | Mac mini M4 vs M6 y M4 Pro vs M5 Pro: comparativa frente a frente
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La noticia
Mac mini M6, análisis: el Mac más pequeño ya juega en otra liga
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Pedro Aznar
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