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La selección de la que (casi) seguro nunca has oído hablar, pero que juega los mundiales de tu economía

Publicado: julio 10, 2026, 4:08 am

Aprovechando la actualidad deportiva. Imagina que España tuviera equipos nacionales, no solo para el fútbol o el baloncesto, sino también para gobernarse. Los tiene. Se llaman cuerpos superiores del Estado —la categoría A1 de la función pública— y funcionan como una especie de selecciones absolutas de cada disciplina. Muchos son conocidos: los abogados del Estado, los diplomáticos, los inspectores de Hacienda… pero otros, en particular en la cancha de la economía y el comercio, lo son menos. Es el caso de nuestro cuerpo: los Técnicos Comerciales y Economistas del Estado.

Igual que no es lo mismo clasificarse para un Mundial de fútbol que para uno de baloncesto, cada cuerpo tiene su propia prueba de acceso, que han de superar todos los integrantes. Y cada una es, a su manera, extremadamente exigente.

La nuestra tiene una peculiaridad que haría las delicias de cualquier titular: es una de las oposiciones a las que menos gente se presenta en toda España. Y no porque sea sencilla, sino justo por lo contrario: exige competencias diversas como conocimiento matemático, idiomas y memoria. Es como el billete para un Mundial: tan difícil de conseguir que muy pocos se atreven siquiera a intentarlo.

Hablamos de, al menos, dos o tres años de preparación —algunas veces más—, estudiando muchas horas al día, a menudo ocho o diez, un temario que abarca macroeconomía, microeconomía, economía internacional, sector público, sistema financiero y comercio. Son cinco ejercicios, escritos y orales. El primero es un test y una coyuntura que exige, más allá del conocimiento puro, la capacidad deductiva y matemática que exige la ciencia económica. Y en los orales no hay medias tintas: hay que exponer de memoria, durante una hora y ante un tribunal, temas elegidos al azar, para después defenderlos a preguntas. 

«Este cuerpo ha estado detrás de algunos de los momentos que cambiaron la economía española: el Plan de Estabilización de 1959, la negociación de la entrada en Europa, la llegada del euro, la gestión de las crisis más recientes…»

A eso se añade la exigencia de dominar perfectamente dos idiomas extranjeros: el inglés y un segundo a elegir. Todo ello, como para tantas otras oposiciones, implica años de renuncias, de sábados en la biblioteca mientras el resto del mundo hace planes, de un esfuerzo solitario y no siempre reconocido. Todo, por unas pocas decenas de plazas y un sueldo posiblemente inferior al que, seguramente, muchos de esos opositores ganarían en el sector privado.

¿Por qué lo preparan, entonces?

Aquí está la clave, y es la misma que en el deporte: sacar el billete no es el objetivo. Es sólo el permiso para empezar a jugar. Aprobar la oposición no te convierte en nada; te da derecho a ir al Mundial. A partir de ahí empieza lo importante, y no es alzarse con la copa, lo importante es llevar camiseta por el césped con responsabilidad y la cabeza alta a lo largo de toda una carrera, ser digno de ella.

¿Y qué camiseta es la de los Técnicos Comerciales y Economistas del Estado? Una con bastante historia. Este Cuerpo ha estado detrás de algunos de los momentos que cambiaron la economía española: el Plan de Estabilización de 1959, que sacó al país de la autarquía y lo abrió al mundo; la negociación de la entrada en Europa; la llegada del euro; la gestión de las crisis más recientes. 

Si el fútbol tiene sus Eurocopas y sus Mundiales, esos son los nuestros. De esta cantera han salido ministros de Economía de gobiernos de distinto color, gobernadores del Banco de España, responsables de las grandes instituciones europeas e internacionales o, incluso, directivos de grandes empresas y bancos de nuestra economía. Esos son nuestros Marcelino, Torres, Iniesta, Silva, Lamine, Nico, etc. 

De hecho, algunos de los nombres os sonarán: Manuel Varela, Enrique Fuentes Quintana, Juan Antonio García Díez, Ramón Tamames, José Ramón Álvarez Rendueles, Luis Angel Rojo, Jaime Caruana, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, Luis María Linde, Pedro Solbes, Jordi Sevilla, Luis de Guindos, Álvaro Nadal, José Manuel Soria, Román Escolano, Nadia Calviño, Carlos Cuerpo

«De esta cantera han salido ministros de Economía, gobernadores del Banco de España, responsables de las grandes instituciones europeas o incluso, directivos de grandes empresas y bancos»

Y, como en cualquier equipo, no todos jugamos en la misma posición. Unos analizan la coyuntura o diseñan la política comercial desde un ministerio; otros negocian en Bruselas o en Instituciones Financieras Internacionales, supervisan los mercados, gestionan la deuda del país o dirigen una oficina económica en cualquier rincón del mundo, buscando oportunidades para las empresas españolas. Los hay que fichan una temporada por el sector privado o por la universidad, y luego vuelven. El campo es enorme; la camiseta, la misma.

Pero —y esto es lo que de verdad quería contar— el valor de un cuerpo así no está en los cargos que ocupan sus miembros. Está en cómo los ocupan. Somos, ante todo, un cuerpo técnico. Nuestro trabajo no es decidir la política —eso corresponde, con toda legitimidad, a quien gana las elecciones—, nuestro trabajo es procurar que quien decide lo haga con el mejor análisis, el dato más riguroso y una visión completa de las consecuencias: cuánto cuesta una medida, a quién beneficia, si se puede sostener en el tiempo. Servimos a los gobiernos, sean del signo que sean, con la misma lealtad y la misma exigencia. Como la selección, que juega para el país entero y no para la parte de la grada que ese día grite más fuerte.

En un tiempo en el que casi todo se tiñe enseguida de un bando o de otro, sostener un espacio de rigor sereno e independiente es una exigencia corporativa: es una de esas piezas discretas que hacen que un país funcione mejor. Y la mayor parte de ese trabajo está lejos de salir en las fotos. Se hace en informes que leerán unos pocos, en negociaciones a puerta cerrada, en oficinas comerciales repartidas por medio mundo. Sin ruido, con trabajo y con criterio.

Cada año, un puñado de personas decide presentarse a uno de los clasificatorios más difíciles y menos conocidos del país, la mayoría pudiendo aspirar a ganar más en otro sitio. Ojalá se hable un poco más de ellos. No marcan goles en el minuto noventa, pero llevan años jugando, calladamente, de titulares en el partido más importante: el de que las cosas, cuando se deciden, se decidan bien.

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