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El mundo se está refugiando en el oro, pero vive encadenado al dólar

Publicado: julio 4, 2026, 8:08 pm

Los bancos centrales ya tienen más oro que deuda de Estados Unidos por primera vez en casi tres décadas. Según el análisis de UBS a partir de datos del Banco Central Europeo (BCE), el oro representa ya el 27% de las reservas oficiales globales, los bonos del Tesoro estadounidenses pesan un 22% y el euro, un 15%.

Hace unos años, esta fotografía habría sonado inverosímil. Durante décadas, el gran ahorro oficial del mundo estuvo aparcado de forma casi exclusiva en dólares, deuda estadounidense y activos ligados a Washington. Ahora muchos países están comprando oro para depender menos de Estados Unidos.

Y, aun así, cuando llegan los sustos o el pánico financiero, casi nadie se refugia en una idea abstracta de nuevo orden monetario; el dinero huye en masa hacia la única divisa capaz de garantizar liquidez al instante: el dólar.

¿Por qué los bancos centrales compran oro?

Básicamente, porque han descubierto que el dinero también puede perder valor. La congelación de parte de las reservas rusas en 2022 fue un aviso enorme para China, India, Turquía, Polonia y otros bancos centrales. Si tus activos están en dólares, dentro del sistema financiero occidental y bajo custodia extranjera, pueden convertirse en una herramienta política.

El oro no sirve para mover dinero por el mundo con la rapidez de un bono estadounidense, pero tiene una ventaja muy fácil de entender porque, si se guarda en una cámara acorazada, nadie puede manipularlo desde Washington. El World Gold Council señala que el 74% de los bancos centrales encuestados espera que el dólar pese menos en las reservas globales dentro de cinco años. El 84% cree que el oro pesará más.

Los datos, no obstante, abren la verdadera incógnita del mercado: si los estados compran oro a manos llenas, ¿por qué los inversores privados siguen apostando por el billete verde cada vez que el panorama se complica?

La desdolarización va despacio

La respuesta está en los plazos. Un banco central puede pensar en 2030. Puede comprar oro poco a poco, revisar sus reservas, mirar el déficit de Estados Unidos, vigilar las sanciones y prepararse para un mundo menos dominado por Washington. En cambio, un gestor de fondos no vive así cuando las pantallas se ponen rojas a las nueve de la mañana.

Si sube el petróleo, cae la bolsa o la Reserva Federal amenaza con mantener los tipos altos, ese gestor necesita cubrirse ya. No puede esperar a que el mundo construya una alternativa al dólar. Compra dólares y Treasuries. Busca el mercado donde sabe que siempre habrá alguien al otro lado.

Eso pasó otra vez con la tensión en Oriente Próximo. Con cada episodio o nueva amenaza, los inversores olvidaban los abultados déficits fiscales de Estados Unidos para centrarse en la liquidez. Y es que el dólar puede ofrecer la profundidad diaria de mercado que no tiene el oro. Hay compradores, vendedores, bancos, deuda pública, derivados, materias primas y décadas de costumbre funcionando a la vez.

Ahí está la diferencia que suele olvidarse cuando se habla de desdolarización como si fuera un proceso inevitable. Los países pueden querer menos dólares en sus reservas, pero el mercado todavía necesita dólares para operar.

Cuando llega el susto, manda la liquidez

El mercado de divisas es el mejor termómetro para demostrar esta realidad. La Reserva Federal sigue ejerciendo como el auténtico mando a distancia de la economía mundial. Cuando los tipos de interés en Estados Unidos se mantienen elevados, el dólar actúa como un gigantesco aspirador de capitales globales.

Uno de los mejores ejemplos ha sucedido esta misma semana con el yen japonés, que llegó a desplomarse hasta la zona de las 162,84 unidades por dólar, mínimos de 40 años, obligando a Tokio a mantener una constante amenaza de intervención para defender su moneda de la inflación importada. Esta dinámica solo se altera cuando la macroeconomía estadounidense da muestras de enfriamiento, restando así tracción al billete verde.

Es lo que ha ocurrido tras el último informe de empleo estadounidense. El dato de junio, que arrojó la creación de apenas 57.000 nóminas no agrícolas frente a las 115.000 que proyectaba el consenso, provocó un vuelco en las expectativas del mercado, reduciendo las apuestas de una subida de tipos en septiembre del 55% al 35%.

Este alivio temporal ha permitido al oro tomar aire y recuperar la cota de los 4.100 dólares, pero el movimiento subraya, paradójicamente, quién sigue dictando las reglas del juego. El mundo puede estar diseñando una desdolarización a cámara lenta en los despachos oficiales; el mercado, de momento, sigue buscando la misma salida de emergencia de siempre cuando arrecia la tormenta.

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