Publicado: septiembre 11, 2026, 3:00 am

11 de septiembre de 2001. Jochi habÃa llegado a las 8 de la mañana al World Trade Center, el complejo de siete edificios del que eran protagonistas las Torres Gemelas. Era su primer dÃa de trabajo. Pero el destino no quiso que esa mañana estuviera en el despacho de abogados en el que trabajarÃa los meses siguientes, sino en el edificio 7 del complejo insignia de la ciudad de Nueva York. El mismo que se desplomarÃa en la tarde de ese dÃa tras haber sido impactado por los escombros que caÃan de la Torre Norte y después de que los incendios que se iniciarÃan dentro, a consecuencia de los impactos, no pudieran ser sofocados. Al cumplirse 25 años del peor atentado terrorista de la historia, Jochi atiende a 20minutos para narrar lo que vivió aquella mañana.
José Ramón Jiménez, Jochi, llegó a la Gran Manzana en 2001 por medio de un acuerdo entre el despacho en el que trabajaba en Barcelona y un bufete neoyorkino. EstarÃa un año en la empresa estadounidense y otros cuatro en la oficina de Nueva York del despacho español, por lo que se trasladó a la ciudad con su mujer, sus dos hijos y su suegra, que les ayudarÃa a instalarse. Él aterrizó el 24 de agosto y los demás lo hicieron los primeros dÃas de septiembre. Entonces llegó el dÃa 11 y Jochi se trasladó a la planta 45 del WTC 7, donde participarÃa en un seminario.
«Le dije a mi mujer, hasta cabreado, que viniera [con los niños], que era una oportunidad. Y que mientras yo asistÃa a la conferencia ellos podÃan ir a desayunar arriba. Pero mis hijos, que tenÃan dos años y nueve meses, estaban con jet lag«, relata Jochi en conversación con este medio. Su mujer le respondió que tendrÃan cinco años para ir a visitar las torres, que no habÃa necesidad de ir en ese momento. «Gracias a Dios perdà esa pelea y se quedaron», comenta este madrileño de 56 años que reside en la capital pero que también pasa temporadas en Barcelona.
Jochi confiesa no haber oÃdo el momento en que los aviones secuestrados por terroristas de Al-Qaeda se estrellaron contra las torres. «A las nueve menos cuarto empezó a pasar gente corriendo por el auditorio. DecÃan por megafonÃa que habÃa que desalojar el rascacielos y yo pensaba que era un simulacro de incendios. No sabÃa que habÃa pasado», asegura el abogado, que tardó media hora en bajar las 45 plantas andando. «Al llegar abajo vi un agujero enorme en la plaza y lo primero que pensé es que habÃa explotado una bomba. Pero después vi que caÃan papeles del cielo y me acerqué a la puerta. HabÃa mucha gente en la calle mirando hacia los rascacielos. Observaban a la gente tirándose desde las torres«, recuerda.
«Lo siguiente que pensé es que habÃa habido una bomba en las torres. La gente estaba en shock. Estupefacta. Sin poder reaccionar. Te abrazaban, se ponÃan de rodillas, lloraban», afirma Jochi y recuerda que aquella era una época en la que no todo el mundo tenÃa un móvil. «Yo llevaba una BlackBerry que me habÃa dado el despacho, una de las primeras que existieron, y la gente me la pedÃa para enviar un correo a sus familias. Para avisar que estaban bien», asegura este abogado madrileño antes de destacar que los móviles no funcionaban porque no habÃa señal.
Posteriormente, se alejó unos 200 metros de los edificios y se sentó cerca de unas obras a contemplar la escena. Junto a él estaba un hombre con el que empezó a hablar y al enterarse de que este era ingeniero no dudó en preguntarle por qué los rociadores automáticos contra incendios habrÃan sido incapaces de sofocar el fuego en los rascacielos. «¿No tienes idea de lo que ha pasado? Han chocado dos aviones contra las torres«, le dijo a Jochi mientras veÃan a bomberos y agencias gubernamentales trabajando. Ahà fue cuando se enteró de lo que habÃa sucedido.
«¿No tienes idea de lo que ha pasado? Han chocado dos aviones contra las torres?»
Desde donde estaba, Jochi no pudo observar el desplome de la Torre Sur, la primera en derrumbarse, pero sà vio el de la Norte. «Es una sensación que nunca olvidaré. El edificio se estaba cayendo sobre sà mismo y solo se veÃa la antena», sostiene en referencia a la inmensa nube de polvo que se generó por el colapso de los rascacielos. Tras los derrumbes, las fuerzas de seguridad le ordenaron a la población que desalojara la zona. «TenÃan miedo de que se produjeran explosiones debido al gas que iba por debajo de la ciudad», añade. Desde allà caminó unos ocho kilómetros hasta su casa y finalmente pudo hablar con su mujer.
Su esposa solo sabÃa que algo habÃa ocurrido en los rascacielos. Se habÃa enterado en el colegio de sus hijos al preguntarle a una profesora. «Mi marido está en las Torres Gemelas», le dijo su esposa a la docente. «Pues váyase a casa porque ya no hay Torres Gemelas», le contestó la mujer, que regañó al Jochi al verlo llegar. «No tenÃamos tele en casa, pero en nuestro edificio vivÃan unos periodistas que trabajaban en Le Monde, asà que les preguntamos si podÃamos ver las noticias. Cuando mi mujer vio lo que habÃa pasado le cambió la cara», manifiesta antes de contar que se enteró más tarde por las noticias que el WTC 7, el edificio donde habÃa estado por la mañana, también se habÃa desplomado.
Al ser preguntado por detalles o ciertas acciones que le sorprendieron de aquel dÃa, Jochi recuerda a los bomberos llevando escaleras a las torres —que medÃan más de 400 metros—, asà como su breve conversación con el jefe de seguridad del WTC 7. «Le dije que debÃa apagar las escaleras mecánicas, que se paraban por el peso con tanta gente bajando rápido. Y también que le dijera a las mujeres que se quitaran los zapatos de tacón porque se estaban pegando tortas. Me contestó que el manual no lo decÃa».
En los dÃas posteriores, le sorprendió el silencio sepulcral en las calles, solo interrumpido por sirenas de servicios de emergencias. «Más que silencio era ausencia de ruido, de gente. Manhattan estaba cerrado. Aislado. Los únicos que salÃamos éramos los extranjeros. Los americanos estaban encerrados en sus pisos muertos de miedo», señala Jochi, a quien sus superiores le dijeron que entendÃan si se devolvÃa a España en cuanto se reabriera el espacio aéreo. Pero él no lo hizo. «Les dije que nosotros habÃamos vivido esto en España en los años del plomo. Que habÃa que seguir viviendo, trabajando y saliendo», afirma en referencia a los ataques de la banda terrorista ETA. «Los que hemos vivido aquellos años tenemos la piel un poco más dura», añade.
Ola de solidaridad
Las muestras de solidaridad también le asombraron gratamente. «Todo el mundo se volcó con Nueva York. Los estados y los ciudadanos dejaron aparte sus ideologÃas y sensibilidades», indica Jochi, quien recuerda que en los trabajos se ofrecÃa asistencia psicológica a los que lo necesitaran. Los hoteles le proporcionaron un techo a los que habÃan sido evacuados y les dieron un espacio a los empresarios para que pudieran seguir operando. Su despacho liberó dos plantas y prestó el espacio a otros bufetes de abogados para que pudieran seguir trabajando. Los restaurantes, por su parte, ofrecÃan menús a precios reducidos. «Para mà ese espÃritu colectivo de ayudarnos para salir adelante fue muy impresionante», declara.
«Manhattan estaba aislado. Solo salÃamos los extranjeros. Los americanos estaban encerrados en sus pisos muertos de miedo»
«Ese dÃa el mundo cambió para peor y tendremos que esperar 50 años para saber toda la verdad», dice tras ser preguntado por las teorÃas que rondan entorno a lo sucedido con el avión que impactó en el Pentágono y con el que se dirigÃa a Washington. «Hay imágenes de los aviones volando hacia las torres e impactando contra ellas. El Pentágono es uno de los edificios más protegidos, seguros y con cámaras que hay en el mundo y nunca he visto ninguna prueba de que haya habido un avión», sostiene.
También se muestra escéptico con la versión oficial de que los pasajeros hayan impedido que la cuarta aeronave llegara a la capital, aunque deja claro que no cree que haya habido ninguna conspiración. «Creo que el presidente de EEUU tuvo que tomar una decisión sobre qué hacer con un avión secuestrado que podÃa ser estrellado. Pienso que fue la Fuerza Aérea, que el presidente ordenó derribar los aviones que no respondÃan por radio y que no se dirigÃan a aeropuertos cercanos a aterrizar. Me parece más factible que pasara eso a que los pasajeros se pusieran de acuerdo en suicidarse«.
Jochi nunca olvidará las imágenes del humo saliendo de los rascacielos. De la Torre la Torre Norte desplomándose. Tampoco las de la gente lanzándose al vacÃo y las de un Manhattan totalmente irreconocible. Los recuerdos del silencio y del olor a quemado que permaneció durante semanas en la ciudad tampoco abandonarán su memoria. «El mejor recuerdo de todo es haber perdido la pelea con mi mujer y que ni ella ni mis hijos estuvieran en Windows of the World a esa hora porque se hubieran quedado ahÃ. No hubiera podido vivir con la culpa de haber puesto a mi familia arriba en la torre. No lo hubiera superado jamás».
