Publicado: mayo 4, 2026, 6:07 am

Hay actores a los que se les reconoce por su cara, y luego están los que forman parte de la memoria colectiva incluso cuando no somos capaces de ponerles rostro. Alfonso Vallejo pertenece claramente a los segundos: fue el hombre que dio vida tanto a Astrako en Los mundos de Yupi como a Don Pimpón en Barrio Sésamo. Dos personajes distintos, dos generaciones de criaturas y una misma voz tras el disfraz.
Si Astrako marcó a los niños de los noventa, Don Pimpón hizo lo propio con los de los ochenta. En Barrio Sésamo, Don Pimpón era ese personaje desaliñado, entrañable y ligeramente excéntrico que convivía con Espinete y compañía. Su estética —barba espesa, ropa estrafalaria— y su forma de moverse lo convirtieron en una figura reconocible al instante.
Años después, Vallejo volvería a meterse dentro de otro personaje imposible: Astrako, en Los mundos de Yupi. Si Don Pimpón tenía algo de «humano exagerado», Astrako jugaba directamente en la liga de lo extraterrestre: un ser caótico, eléctrico, con una expresividad corporal clave para sostener el personaje, aun metido en un traje que dejaba poco al movimiento.
En ambos casos hay un patrón claro: VAllejo no era simplemente «el que estaba dentro del traje». Su trabajo consistía en construir personajes desde el cuerpo, el ritmo, la gestualidad y la voz, en un tipo de interpretación donde la cara —el principal instrumento de muchos actores— desaparece por completo o casi.
Tras su etapa en estos dos formatos de la televisión pública, la trayectoria de Alfonso Vallejo continuó en televisión y cine, no siempre con papeles muy visibles, pero haciendo indudable acopio de grandes títulos.
En televisión, fue encadenando apariciones en algunas de las series más populares de la época (y posteriores), desde Periodistas u Hospital Central hasta El comisario, Los protegidos, Doctor Mateo o La que se avecina. Hay que reseñar, indudablemente, su papel como Manolo Céspedes en varios episodios de La Reina del Sur, o su paso como Honorio en Amar en tiempos revueltos. Entre sus últimos trabajos para la pequeña pantalla encontramos un episodio en 2015 en la exitosa El Ministerio del Tiempo.
Su recorrido en cine es también más sólido de lo que parece a simple vista: participó en títulos tan icónicos como El Bola o El Lute: camina o revienta, además de Manolito Gafotas o Pídele cuentas al rey.
En los últimos años, sin embargo, y desde que dejó la interpretación, la información pública sobre Vallejo escasea. Aun así, un repaso a su historia deja claro que su trayectoria no es la de alguien que se apagó, sino la de alguien que trabajó duro hasta que decidió retirarse. Un auténtico actor de oficio, como él siempre había querido ser.
